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No sé ni por dónde empezar.

¿Por el principio? Mis padres son de izquierdas y cuando yo nací los lazos eran burgueses. Así que me vestían de bebé obrero. Mi padre me regalaba grúas y retroexcavadoras para que jugara. Estaba claro que yo era una niña, me ponían también vestidos etc, pero no me educaron con limitaciones debidas a mi sexo. Nuestro padre nos apuntó a las dos a clases de ajedrez porque el pobre quería que fuéramos las Polgár. Con cuatro años. Vaya coñazo. Suelo decir que me tiró a la marmita del ajedrez demasiado joven y me produce rechazo. Pero los hombres que juegan al ajedrez tienen puntos extra conmigo.

En mi adolescencia no era demasiado femenina, en clase me llamaban la nadadora “nada por delante y nada por detrás”. Qué entrañables los adolescentes. Yo era muy buena estudiante, me gusta leer, tengo buena orientación espacial, se me dan bien las matemáticas y los idiomas. Quería ser traductora y en casa no me apoyaron demasiado en mi decisión.

Terminé estudiando telecomunicaciones porque era la única ingeniería sin dibujo.

La primera vez que me topé con machismo así en la cara fue en la Universidad. Cuando nuestros compañeros capullos nos ninguneaban a nosotras. Eramos más o menos 50 % de mujeres en clase, en clases bastante pequeñas porque la carrera era nueva. Y nos encontramos con que nos apuntábamos en listas para ir la hora de laboratorio que nos convenía y nos tachaban de las listas. “Para estar ellos juntos”. Y luego hablan de las mujeres en el baño. La historia se polarizó tanto, incluidas unas elecciones a delegado en las que salté por encima de una persona porque cada voto contaba y faltaba un voto de nuestro lado, que los profesores acabaron también polarizados. Había profesores que daban clase a  las chicas y otros que daban clase a los chicos.

Los capullos pactaban las preguntas que se iban a hacer después de que uno de ellos hiciera una presentación. Y a nosotras nos hacían preguntas a putear.

De allí me fui a mi primer trabajo y todo esto desapareció. Conocí a mis chicos madrileños, a los que quiero y son mis amigotes. En ese trabajo había un ambiente que no he vuelto a tener después. Trabajábamos a turnos y pasábamos tantas horas juntos que la amistad se hizo muy especial.

Después cambié de trabajo y me fui a una empresa menos moderna. Una empresa… con la que tengo una relación de amor odio.

La primera vez que me encontré con una situación sorprendente fue cuando mi gerente me presentó a otro jefe diciendo “Esta es Heike, mira que alta y que simpática es”. Se me hace complicado pensar en una presentación parecida de un compañero.

Hubo otra vez en la que iba a tomar un autobus en Brasil y alguien me dijo que no era buena idea siendo mujer. Como le explicaba a Agur en su día, hasta ese momento no había sido consciente de que hacer ciertas cosas siendo mujer no es buena idea.

Que no se me malinterprete, por supuesto que he pasado miedo yendo yo sola a casa por la noche y más después de un episodio muy desagradable en mi familia, pero es difícil que me sienta intimidada. Mido 1 80.

SI que os voy a decir desde mi experiencia que los hombres bajitos, con alguna excepción claro, odian a las mujeres altas. Algunos son tan capullos que se sienten amenazados y necesitan humillarte verbalmente para sentirse superiores.

Mi trabajo es muy técnico y ya pasé hace muchos años en mi empresa latinoamericana la barrera de tener que defender mi posición, porque al ser mujer no están acostumbrados a que tengas conocimientos técnicos o a que les digas desde tu posición de jefe de proyecto qué es lo que tienen que hacer y qué esperas de ellos.

Un gerente me dijo una vez que las mujeres vascas somos así porque no tenemos un hombre al lado que nos domine. Tuve que recordarle que mi abuela se quedó viuda con 44 años y 6 hijos a su cargo. A la mierda, hombre ya.

Ahora estoy llegando a una nueva etapa muy agradable en la vida de una mujer trabajadora. La etapa en la que tienes 3x años, estabilidad económica y sentimental y dices bueno pues voy a ser madre. Y  nunca es buen momento. O la probabilidad de que sea buen momento es escasa. Y menos en un mundo sin compañeras ni jefas. No lo entienden. Ellos no tienen este problema. Ellos no tienen que buscar 5 meses en los que parar. Y si tienes 31 años como es mi caso, en el que se considera “que soy joven” pretenden que lo retrase n años hasta que “les venga bien”. Claro porque si tengo éxito en mi carrera cuando tenga más responsabilidad será mejor idea parar en ese momento que ahora cuando empieza a irme bien. Y es mejor idea tener el primer hijo con casi 40 años que con treinta y pocos, no te digo.

Yo digo que esto se solucionaría si obligaras a los hombres a tomarse baja paternal tan larga como las de las mujeres. Porque los hijos no son solo tuyos. Como decía la COO de Facebook en esta campaña , los hijos no son un trabajo a tiempo completo de las mujeres y a tiempo parcial de los hombres. Pero también tengo compañeros que dicen que si obligaras a los hombres a tomar una baja paternal la natalidad caería drásticamente. Que si fuera así ellos no tendrían hijos. Madre mía, cómo está el patio.

Me está ocurriendo otra cosa graciosa post-feminista (¿o machista?) en la que estoy recibiendo presión para tomar una decisión profesional que afectaría profesionalmente al canadiense. Es decir, que yo tendría trabajo y él no podría trabajar. Y me están diciendo que opinar que quizá esa oportunidad profesional ahora no sea buen momento es machista y que él debería dejarlo todo. Que darle prioridad por una maldita vez a mi vida personal sobre la profesional es un error.

Así que de nuevo “trae , que te organizo tu vida, que tú no sabes”. ¿No es machista esto? ¿Dar por hecho que yo no sé tomar decisiones por mí misma? ¿O que no tengo derecho a tomar una decisión en conjunto con mi pareja entendiendo sus necesidades y tratando de llegar a una solución que nos convenga a los dos? ¿Sería aceptable para ellos que él hiciera lo mismo? ¿Que tomara una decisión unilateral que me afectara tanto a mí?

Ojalá todo este asunto de la maternidad fuera flexible biológicamente y pudieras decidir “cariño, no me viene bien tener un niño ahora, tenlo tú y luego lo tengo  yo”. Sería más justo. Ya que biológicamente es nuestra la responsabilidad física y biológica de tener hijos, no estaría mal comprensión y apoyo por parte de la sociedad.

Que no nos despidan, que no juzguen cuándo ni cómo ni con quien, ni si si ni si no. Que no consideren que la responsabilidad después de paridos es únicamente nuestra, que no tenga un precio tan alto, que os calléis y nos dejéis en paz, coño.

Que a vosotros ningún metro medio de mierda os ha dicho delante de 15 personas que os quería tocar el culo y le han reído la gracia. Ni os pagan menos, ni tenéis que currar más, ni demostrar más, ni tener cuidado si sois muy bruscas porque entonces sois unas mandonas y unas brujas, ni unas flojas si os ponéis a llorar de rabia.

Si los hombres tuvieran la regla les darían dos días libres al mes.

Yo era feminista sin saberlo, era feminista  porque mi padre hacía y hace de todo en casa y jamás nos han educado en servir a un hombre, ni en lo que es “ser femenina” ni en no dar nuestra opinión, ni en que hay cosas que no debamos hacer.

Pero ahora, cuanto más sé del mundo más feminista soy.

Y a los que hablan de feminazis les cortaba el pene, como hacen con el clítoris de muchas niñas en este mundo. O les decía que no pueden leer,que no pueden estudiar,  que no pueden reírse sin taparse la boca, que está mal hablar sin que te pregunten, que tienen que depilarse, que una semana al mes son impuros, que tienen que pedir permiso para viajar o abrir una cuenta bancaria, o ir acompañados a los bares, o que comer solo en un restaurante es triste, o que ir solo al cine es triste, o que no les invitamos a no se qué viaje para poder irnos de putos.

Y otro día hablamos del famoso techo de cristal.

Cambios lógicos

Para M, por su talento.

Cuando era pequeña me encantaba pasar ratos con mi padre mientras él veía la televisión en su habitación.

Inciso

Acabo de darme cuenta, muy en mi estilo, de que quizá tener dos televisiones en casa y que los fines de semana cada uno viera una televisión distinta es significativo

Fin del inciso

Mi padre veía partidos de fútbol o baloncesto por la televisión, generalmente solía ser baloncesto. Como decía, en esos momentos mi madre me solía mandar “con tu padre”. Yo era una niña bastante habladora, supongo que tenía a mi madre con la cabeza loca y la mujer quería tomarse un respiro.

Así que la historia comienza una de esas tardes de invierno de fin de semana en Bilbao. Calculo que yo debía de tener unos seis años, probablemente estaban en el descanso porque creo que acababa de sobrevivir a una batalla de cosquillas, que solo paraban cuando yo gritaba “me rindooooooo” y  entonces…

-Oye papá, ¿tú cuando eras niña cómo te llamabas?

-¿Cómo?

– Sí, que cuando eras niña papá, que cómo te llamabas.

¿Cómo que cuando era niña?

Ahí me vi obligada a explicárselo, papá hijo que pareces tonto.

– Ya sabes que cuando nacemos, pues somos niñas y de mayores somos señores y al revés. Yo de mayor voy a ser un hombre. Entonces, ¿tú cuando eras niña cómo te llamabas?

– Pero ¿dónde has leído eso? ¿Quién te ha contado eso?

– No lo he leído ni me lo ha contado nadie papá, yo lo sé.

– No hija, nadie cambia de sexo al crecer.

– Papá… ¿que es eso del sexo que no lo entiendo?

– Pues que tú naces niña y luego vas a ser mujer, no vas a ser un hombre.

Papá, entonces ¿tú eras un NIÑO?

– Sí cariño.

Y el pensamiento me hizo tremenda gracia. Y también sentí una vergüenza infinita al comprobar que estaba equivocada y que yo creía una cosa que  no era verdad.Es lo que más recuerdo, el sentimiento de vergüenza después.

Cuando conocí al guiri en La Alberca, provincia de Salamanca, su nivel de español era “un brugal con cola, por favor”.

Hay que tener claras las prioridades.

En los cuatro años que han sucedido desde entonces hemos tenido un avance… exponencial. Es decir, 0 durante tres años y bastante el último año. Las dos semanas que hemos pasado en España se ha disparado el tema.

Me decía @Agurtz40 el otro día en L’Escala que tenía que apuntar sus gloriosos momentos y lo cierto es que bebo demasiado y se me olvidan. Pero nos echamos unas risas esos días, así que aprovecho para 

A)actualizar el bloj

B)hacer pequeña recopilación de la evolución del guiri en español

Como os decía, en Septiembre de 2010 sabía decir “brugal con cola”. También sabía decir “cerveza”. En Enero de 2011 decidió que “de nada” se decía “Buenos Aires” y fue una coña nuestra durante un tiempo. 

Esos meses me di cuenta de que estaba aprendiendo a hablar como un gayer. Es decir, yo soy bruta pero chica, así que le decía cosas como besitos, mimos y tal, que él repetía. Y claro, “brugal con cola, besitos”, no sé, me estaba quedando un guiri un poco gayer. 

Por ahí debió aprender la palabra “guiri” y su significado y le encantó. En nuestro país a veces tendemos a pensar que los guiris, con sus chancletas con calcetines, su color rosáceo y todos sus complementos son gilipollas. Si le doy al botón de avanzar en el tiempo me planto la semana pasada en el que una chica a la que acabábamos de conocer me pregunta “¿pero sabe exactamente el significado de la palabra guiri?” y cuando le dije que sí nos miró como desconfiada. Pero tres días más tarde otra persona resumió la actitud vital del guiri con un “a veces cuando le vacilo me da la impresión de que me está vacilando más a mí él que al revés”. 

En Abril de 2012 vino a España y le metí en una clase de español una semana. El primer día abrió la puerta de casa diciendo “¿Qué tal, jefa?”

Podemos casi que hacer un fast forward hasta Agosto de 2013 que es cuando la cosa empieza a tener miga. Le regalé un libro de español al grito de “hace un año y medio te dije que o aprendías o no me iba contigo a Canadá, pontelaspilascoñoya”. Así, motivando en positivo.

Así que la semana que estuve en su casa hace exactamente un año hubo bastantes progresos. Llenó su casa de pegatinas “la puerta”, “el dormitorio”, “la alfombra”. 

La mejor anécdota de esos días… Como buen norteamericano piensa que cualquier palabra se traduce al español añadiendo una “o” al final. Andaba yo por casa buscando mi sudadera (en Norteamérica “hoodie”) y él estaba aprendiendo a decir “la bicicleta está en el jardín”, “la mesa está en la cocina”, “la sal está dentro del armario sobre el horno”. Como os decía andaba yo buscando la sudadera, me mira y me dice todo serio “el hoodie-o (hudío suena) está en el dormitorio). Me empecé a descojonar pensando en un señor judío viviendo en el dormitorio, tipo Gila con el señor del pasillo. Y el guiri “encima que lo intento”. “Claro que aprecio que lo intentes pero es que eres muy gracioso”.

Tenemos algunos problemillas porque el libro está en español latinoamericano, así que hay algunas cosas que le voy corrigiendo y como mi estimado esposo es cabezón -como solo un descendiente de granjeros canadienses puede serlo- se me cabrea.

Como si decidiera yo cómo se habla en los países. Cuando él me suele corregir mis palabras de inglés británico que yo aprendí como 15 años antes de que él llegara a mi vida.  

Cuando nos casamos en la boda número uno, en nuestra boda bilingüe oficiada por una señora dominicana, tuvo el detalle de decir los votos en castellano también. No tenía ni puta idea de qué estaba diciendo, pero fue un detallazo.

En Mayo me fui a verle y… 

– Maridooooooooooooooooooooooooooooo

– Why are you calling me yellow? (amarillo)

En otro momento…Salimos de un concierto a las once de la noche y debía haber como diez grados y el guiri iba en manga corta. 

Así que le pregunto:

– ¿No tienes frío?

– Noventa

– ¿Noventa? Ninety?

– Noventa… Vanta, venta, vantaaaa, ventaaaaaa, vintooooo VIENTO.

La palabra viento se le ha atravesado, no hay puta manera de que la diga, así que le enseñé a decir “brisa”, que se parece al inglés “breeze”. Lo que paza eh que me ha zalio un guiri gaditano. Es decir, que a veces me pone Zs donde no corresponde, así que dice “briza”. El otro día estábamos hablando Agur él y yo y tuvo como tres frases seguidas con “z”s donde no correspondían y yo no podía más de la risa. Pues está encantado con eso de que tiene acento gaditano. Otra característica de su particular método de aprendizaje del español es que si una palabra es difícil decide que no tiene por qué aprenderla. El otro día intentaba convencernos de que el verbo ir, al ser irregular no tiene por qué aprenderlo. Además del libro, el Duolinguo también está en sudamericano, así que no quiere aprender a decir “vosotros”. 

Y luego por supuesto que a veces me hace plantearme cosas que jamás me había planteado.

– A ver, ¿la palabra barba por qué es femenina? ¿por qué?

“¿Por qué?” es una de las cosas que ya solo dice en español.

Sus momentos de traducción literal:

– Encantada de conocerte

– Y tú

Al principio solo decía palabras sueltas, poco a poco dejó de decir palabras en inglés y ya solo dice en castellano “sí”. Ahora solo dice la hora en castellano, de hecho muchas mañanas se despierta “¿qué hora es?”. El otro día que tuvo que madrugar para coger un avión “no gusto tres de la mañana”. 

Me imagino que vernos hablar tiene que resultar particular desde fuera, hablamos casi todo el rato en inglés pero ya hay palabras que son solo en castellano, como “porfa”, y nos llamamos “mono” y “mona” el uno al otro. 

La semana pasada en las vacaciones con los amigos aprendió muchas cosas, la más importante a decir “Sí, cariño”.  Y al igual que “tienes razón”, enseguida empezó a utilizarla con recochineo. 

Jodido guiri. Por cierto, que aprendió a decir “estar jodido” la semana pasada y me preguntaba por qué no se lo había enseñado antes. 

“Sale, sale”. Eso decías cuando me duchabas los veranos que pasaba en tu casa.

El champú geniol de fresa. Los paseos con Kaiser para que corriera. Tus uñas de color rojo, la vez que te quemaste el dedo asando pimientos en Cuenca.

El pan de Mungia, los besos a la foto de aitxitxe todas las noches antes de dormir. El bizcocho en tu fuente de bizcochos. Los colacaos con azúcar. Los petisuis con azúcar.  Las patatas rellenas. El agua de limón, los pitilingorris para comer. 

Los gritos con tu hermana al entrar al agua todas las tardes. Tu bolsa con la merienda. El cajón del pan. La foto con el pelo a lo pincho, la de la moto. Los caramelos de “La asturiana”. Aquella tarde en la consulta del médico.

Ir contigo a misa, tu bitter kas al salir, el sentido del humor. “Me dicen que te pareces a mí, así que debo de ser muy guapa”. Cuando M te dijo “y tú gilipollas” al llamarle capullo. Capullo de flor querías decir, claro.

La dicotomía “vida/mierda”. Qué mujer, o nos llamabas “vida” o después de 4 nombres decías “mierda”. “Niño, te voy a dar una órdiga”. La obsesión con las esquelas “mira qué foto han puesto, de cuando tenía 40 años menos”. El rotulador de color rojo para marcar las siete diferencias. La pegatina del inspector gadget de la cocina. Cuando mi primo te empezó a llamar amama sin ser nieto tuyo y le dijiste que de eso nada, que para él eras “señora Marta”.

“Nunca lo vi”. Tú me enseñaste lo que eran los signos del zodiaco y que tú eras Aries y yo Libra. Y las primeras telenovelas que llegaron a España las vimos juntas, aunque yo tuviera 6 años. Enseguida te aburriste claro, eso eran sinsorgadas.

Los comentarios políticamente incorrectos, dejar las cosas “curiosas”, el gato que tuviste que era igual que tú. Las peras al vino que eran más bien a la gelatina de vino. Tu tenedor. “Amama, tú no eres vieja, la tercera edad empieza a los 65 años”. Figúrate que yo debía de tener 5 años y me acuerdo de esa conversación. 

También tenías cosas raras como decir que Ibarretxe y Zapatero son guapos. Eso debe de tener tantos años de viudedad, que pierdes perspectiva. 

También influye en que hayas tirado los tejos a diferentes novios míos y que en los últimos tiempos volvieras en ti solo cuando había hombres alrededor. 

Te fuiste hace menos de dos semanas, así que este año es pronto para que nos juntemos los 30 que somos  a celebrar tu cumpleaños. Pero espero que el año que viene retomemos la tradición. 

Por cierto, para que te quedes tranquila, tu esquela quedó bien. Y el cura dio una misa bonita, nada de chorradas de qué suerte que te habías ido con Dios. Habló de tus tres grandes virtudes, “que nunca falte un plato en la mesa para uno más”, tu simpatía y tu bondad.

Genio y figura, Martita.

La piedra y la mano

Hace un tiempo que empecé a salir con un chico… Bueno, salir, lo que se dice salir, salimos poco. Es lo que tenía vivir a 7400 km en línea recta. Cuando nos conocimos en ese Gran Hermano llamado Pueblo Inglés ninguno de los dos pensó en que aquello durara más de una semana. Y eso que me curré un montón la primera cita. Había huelga general (29-S de 2010) y me lo llevé con mi mujer de manifestación. Bueno, antes fuimos a comprar un mantel para su madre.

Te elijo un mantel en la primera cita.

Era su primera manifestación. Es lo que tiene ser un país del primer mundo, que no tienes muchos motivos para protestar.

La historia sigue con un primer “hasta luego” unas horas más tarde, porque él no dice adiós. Dice “hasta luego”. 

Un tiempo más tarde decidimos tener una segunda cita. En Nueva York. Así somos los de Bilbao, tenemos citas con perfectos desconocidos (o semiconocidos) en Nueva York. Y una tercera en primavera en Chicago. La verdad es que todo aquello no tenía mucho sentido, figúrate si dicen que “quien tiene un novio en Granada”… pues Canadá también rima. Pero allí que me planté el verano de 2011 y conocí a su familia y sus amigos. 

Sé que en el papel todo se lee romántico y maravilloso, pero las relaciones con 8 husos horarios de diferencia, trabajos a turnos y no verse tienen de todo menos romance. Este romance era a.W, es decir, antes del Whatsapp. Todo muy fácil. La realidad es que avanzábamos un poco a trompicones. En uno de estos trompicones me pide que me vaya a Jamaica a pasar las Navidades con su familia. Y fui. Lo pasamos bien, se agarró su primer gran ciego juntos “¿por qué no estás tan borracha como yo? “vete, vete a divertirte con mi familia, no quiero arruinarte la tarde” “he arruinado las vacaciones”… Vamos un pedo chungo en toda regla. Muy entrañable.

Por fin llegó el momento de que conociera a mi familia, así que en Abril de 2012 se vino a España a conocer a la gente. “Tu padre es muy serio, estaba pensando; Yo soy su padre, ¿tú qué quieres?”, a comer carrilleras de ternera, oreja de cerdo, pollones de mar

Inciso

Hay que hacer mención a su primera cena en España, en casa de Agur y su esposo, en la que como siempre el señor esposo se curró la cena poniendo: percebes “esto son pollas de mar”, pulpo, almejas, rape, etc. Se pimplaron la botella de Chivas 12 años del señor esposo y el canadiense siempre se lo cuenta a la gente. “Nos bebimos su botella de Chivas 12 años”. Al esposo además de cocinar se le da igual de bien tocar los cojones, Agur le pedía clemencia y el canadiense contestaba “me ha hecho la cena y me estoy bebiendo su whisky , que me diga lo que le salga de los huevos”

Fin del inciso

La verdad es que lo pasamos bien, me lo llevé a Haro, Donosti, Bilbao, Santoña, excursiones varias por Cantabria… Y se cayó muy bien con todo el mundo. Hubo otra gran noche en la que los maridos de mis amigas le enseñaron a decir “que no me entere que ese culo pasa hambre” y cuando le tradujeron lo que era pegó un grito. No entendía la aclaración de “eso aquí es cariñoso”. Al año siguiente le enseñaron el término “solo la puntita”. Tiene que aprender conceptos importantes el muchacho.

Después yo me marché a Miami y la cosa mejoró notablemente, ¡dos horas de diferencia horaria! ¡una en invierno! ¡seis horas de vuelo en lugar de 24! También llegó el pasar más tiempo juntos, desde que me mudé aquí intentamos pasar dos semanas juntos cada dos meses o algo así. En un principio yo llegué a Miami para pasar seis meses y después intentaríamos inmigrarme a Canadá.

Pero el proceso inmigratorio, expatriador, o exilioso no es tan sencillo. No, no.

Al principio busqué trabajo, una empresa tenía que ofrecerme un trabajo y financiar mi visado. Sencillísimo. Meses más tarde se hizo evidente que no iba a ser tan sencillo. Me salió la oportunidad de quedarme aquí y decidimos que de momento era lo mejor, y que pasado un año del nuevo trabajo intentaríamos que me dejaran teletrabajar.

Tampoco ha resultado tan sencillo por varios contratiempos en mi trabajo. Hace unos meses, después de consultar con abogados, leernos la página web de inmigración sesenta y dos veces y una charla con Recursos Humanos se hizo evidente:

– Os tenéis que casar.

Tuve otro par de conversaciones románticas con el consulado español en Canadá y el de aquí y se fue refinando el concepto.

Os tenéis que casar en Estados Unidos.

Hablar de estos temas por Skype o facetime no es lo mejor, así que hace un par de meses… 

– A ver Heike, tú te encargarás de algunas cosas cuando estemos con el proceso inmigratorio, pero yo me tengo que encargar de otras. ¿Está claro?

– Señor, sí, señor.

– Tú te mereces “hacer las cosas bien”.Así que tienes que confiar en mí y dejarme hacer mi parte. Después iremos concretando cosas. Ya he visto que tengo que regalarle un reloj a tu padre y pedirle permiso.

– ¿Qué?

– Lo he leído en Internet.

– Vale pero no es así.

Pero entonces Internet mienteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.

Pobrecillo.

– ¿Vosotros pedís la mano al padre de la novia?

Mirada como si le hubiera dicho que quería esperar a consumar nuestro amor a la noche de bodas.

– Por supuesto.

– Bueno, en España eso solo se hace en la clase alta, creo. Mi padre es muy tímido y lo pasariáis mal los dos. Además no sé cómo puede reaccionar al ponerse nervioso. Tú haz lo que quieras, pero vais a pasar un mal rato los dos. 

Unos días más tarde busqué por curiosidad la página que podía haber consultado 

Por favor, fijarsus en donde pone “The bride will wear either an elaborate white wedding gown or she may wear a colorful flamenco dress”

Está claro, esa tradición triunfa en Olot y Hernani a partes iguales.

Llegó la Navidad, me fui a España:

– ¿Qué pasa con vosotros? ¿Cuándo te vas a Canadá? ¿Qué tal los papeles?

– Pues vamos a arreglarlos ahora…

En más confianza contaba lo del concepto de “hacer las cosas bien”. Para él era importante seguir sus tradiciones y hasta cierto punto a mí me parecía lógico respetarlas. Solía bromear “no sé si está entrenando unicornios”.

Hace diez días salí de trabajar y fui a casa, que estaba él esperándome. 

Me probé mis zapatillas nuevas de correr y me dio la piedra. La piedra me gustó, como dicen mis amigos “es la señal o down payment”. No me valía en la mano izquierda, que fue la mano votada por el público como la mano para llevar el anillo.

Qué queréis que os diga, después de 4 conversaciones por facetime y comentarios de 7 personas de “llevas el anillo en la mano derecha, ¿por qué?”, decidí someterlo a la votación del público y llevarlo a agrandar para llevarlo en la izquierda. Que en mi país se lleve en la derecha y yo sea zurda y por tanto me sea más cómodo en la otra mano… He decidido obviarlo. Presión de grupo lo llaman y yo soy fácil.

Al día siguiente su madre le pide mi dirección “para mandarnos una postal”. Entre el compromiso, que para ellos no es rollo Hollywood y el asunto postales, era obvio que nos iba a mandar una postal, aunque yo ni me lo había planteado.

Con el asunto postales me refiero a que mi querido futuro esposo (ja) me regala una postal por cada cumpleaños, aniversario, etc. Y su madre también. De hecho como en Norteamérica en San Valentín se celebra con la gente a la que quieres, su madre me regaló una postal de San Valentín y un trapo de cocina. Con corazones. Es muy maja la señora, si fuera de Albacete igual me ofendería pero lo asigno mentalmente al choque cultural y sigo llevándome bien con ella.

Ese mismo día intentamos hablar con mi padre por videoconferencia y fue imposible. Así que le llamé, se lo conté, se comportó e incluso me dio la enhorabuena, mientras el canadiense estaba de los nervios y hablaba con mi hermana. Mi hermana intentaba tranquilizarle diciéndole que es muy tímido y parece muy serio, pero que de verdad que le aprecia. “Tu hermana sonríe, eso parece buena señal”. 

Ahí el canadiense se tranquilizó, pero algo debía de estar rumiando porque dos días más tarde me pregunta… “oye tu padre… ¿nos va a mandar una postal de felicitación?”

Le miré con cara, me empecé a descojonar imaginándome a mi padre, ese señor cántabro jubilado que juega al ajedrez, yéndose a comprar una postal, escribiendo con su letra de médico algo así como “os deseo lo mejor”… Me desorino.

El canadiense me miró y dijo “ok, choque cultural”.

Ayer por cierto, llegó la postal de sus padres y con esto termino. Otro rato os cuento lo de las tres bodas… que promete.

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Los Erasmus.

Así, con nocturnidad y alevosía deciden que los únicos que van a cobrar la beca Erasmus son los perceptores de alguna otra beca del MEC. Y lo publican en el BOE, con efecto retroactivo para los que ya llevan dos meses de Erasmus, con dos cojones y un palito.

El esfuerzo que hacen las familias y los estudiantes de clase media que no reciben becas para que sus hijos estudien en el extranjero solo lo conocen los que lo han pasado.

Cuando yo estuve de Erasmus en 2005 me daban una becaza de 72 Euros al mes (no te los gastes todos de golpe, chata) ya que se concedía la beca en relación con la diferencia del nivel de vida entre tu destino y tu origen. Y como yo era una millonaria vasca, pues me dieron esa fortuna. Pagamos la estancia de 5 meses en Alemania con ese dinero, otra beca que yo tenía por buena estudiante en la escuela pública que concede al Ayuntamiento de Bilbao, (gracias señora Viuda de Epalza), mis trabajillos veraniegos y un esfuerzo familiar.

Sin esa estancia de 5 meses en Alemania yo no tendría el trabajo que tengo.

En casi todos los primeros trabajos de mi sector puntúa triple que hayas tenido una beca Erasmus, y los que no han estado se quejan amargamente.  Había quien no se iba porque no le interesaba y muchos otros porque no se lo podían permitir.

Me cuesta mucho creer que estudiantes becados por el MEC se vayan de Erasmus, y más con la que está cayendo en España. ¿Tienes una beca porque tus padres no tienen mucha solvencia económica pero no tienen problema en gastarse el dinero en que te vayas fuera? No me cuadra.

Esto es otro mazazo al estado de bienestar. Quizá yo no merecería tener mi trabajo.  Ya alucinaban bastante en Madrid cuando les decía que yo había ido a colegio, instituto y universidad públicos. Si sabe hasta leer, pensaban.

Quizá mi trabajo, que conseguí porque tuve oportunidades que aproveché y curré mucho, debería haber sido para algún niñato de universidad privada que haya ido al extranjero porque su padre se lo podía permitir.

Como no voy a defender la educación pública si es la que me ha dado mi nivel socioeconómico.  También junto con la educación que me dieron en casa, claro. Con el dinero que se ahorraban en mi colegio podíamos ir de viaje, podían llevarme a museos, podían pagarme clases de inglés hasta que pude ir a la Escuela Oficial de Idiomas.  Sin el convencimiento de mi padre, que nos repite siempre que “la educación es la mejor inversión que puedes hacer en ti mismo”, quizá habría tenido zapatillas de marca y diría “pienso de que”, como algún jefe mío de Madrid y colegio bien.

Pero lo que más me ofende es que mis amigas, que estudiaron conmigo en colegios e institutos públicos manden a sus hijos a colegio privado “por el nivel”. A la mierda, mandad a vuestros hijos a guetos donde solo se relacionen con una parte de la sociedad y aprendan  valores primordiales como “los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo”, “veranear en Puerto Banús mola más” y “esa marca de zapatillas no mola”.

Hombre ya.

 

Edición dos días más tarde:

– No recordaba que la beca del Ministerio era complementaria a la beca de la UE. La beca del ministerio que yo recibí creo que fueron unos 400 euros en total que cobré  cuando ya había vuelto.

El tontolhaba del ministro ha tenido que rectificar, aunque como leí en twitter al final parece que está regalando algo. Es decir, la medida aplicará el curso que viene, no este pero a mí me suena a estrategia para despistar. Hijosdeputatodos.

El exilio

Esta mañana, un día después de mi trigésimo cumpleaños, un par de amigos que me aprecian me han enviado este vídeo.

http://www.youtube.com/watch?v=qxu5W4bj4I8&feature=youtu.be&rdm=w2wko69o&client=mv-google&guid=&gl=ES&hl=es&app=desktop

Estaba dedicado a sus amigos los que nos hemos ido y enseguida han empezado a llegar los comentarios. A mí no me gusta empezar el día llorando y últimamente no llevo el exilio voluntario tan bien como quisiera.

Así que voy a vomitar un poco mi frustración aquí.

Una de las chicas amigas de mi amiga comentaba que se había emocionado especialmente al ver a las madres que son las “auténticas sufridoras en silencio de nuestra ausencia”. Ja.

Yo todavía no estoy en proceso de crianza así que no conozco el maravilloso amor incondicional que una madre siente por un hijo y sin embargo…

Mi madre puede echarme mucho de menos a mí. Sentir que la he traicionado porque en mi caso el exilio fue voluntario. Yo tenía un buen trabajo y me independicé con 22 años. Llevaba seis años fuera de casa. Yo soy una privilegiada del exilio. Y cuando llegué a esta ciudad hace año y cuatro meses no me costó adaptarme, enseguida hice amigos que son como mi familia y con los que me lo paso muy bien. 

Probablemente debido a que yo soy de la ESO y por lo tanto no tengo comprensión lectora; estoy sensible y ayer cumplí 30 años y eché de menos muchas cosas, insisto probablemente debido a todas esas razones ese comentario lo interpreté mal. 

Pero aquí va mi reflexión.

Mi madre me echa mucho de menos a un nivel que yo debido a que no tengo hijos soy incapaz de comprender.

De acuerdo. 

Yo le echo de menos a ella. Y a mi padre. Y a mi hermana. Y a mis amigotes, a mis amigas, a los hijos de mis amigas que no he podido conocer. También echo de menos ver al Wyoming por las noches, poder ver a mi abuela más de dos veces al año. No me entusiasman las castañas, pero echo de menos ver un puesto de castañas en la esquina porque es otoño. Echo de menos pedir una tostada con tomate para desayunar, el sentido del humor negro, poder decir “mecagüen mi puta vida” en la oficina cuando tengo motivos sin que llamen a un cura. 

Echo de menos el transporte público, la sanidad pública (defended lo vuestro), las croquetas, la ensaladilla rusa, las montañas, el euskera, “Quién quiere casarse con mi hijo”, las cervezas en formato cañas, irme los fines de semana a Bilbao, el kalimotxo, salir de potes, salir de vinos, los bocartes, el mercadillo de los sábados en Santoña, el sofá de Agur, el café de las once de la mañana, el menú del día, esas dos semanas de vacaciones al año que he perdido, las comidas en casa de mi tía, el Prado, el Thyssen, las fiestas de los sitios, tener tres grupos distintos de amigotes. Ni qué decir tiene que echo de menos los gintoncs bien puestos. Echo de menos mis cosas que están esperándome en unas cajas en un trastero a ver qué pienso de la vida.

Mi mensaje es que si yo que estoy aquí de manera voluntaria últimamente lo llevo mal, los que han tenido que salir obligados, por muy bien que se hayan adaptado lo estarán pasando peor. 

Así que por favor, por caridad, no nos mandéis esta clase de vídeos emotivos. Porque pueden ser muy emotivos, pero a mi que me hagan llorar antes del primer café no me sienta muy bien. 

Sí que aprecio sin embargo que me mandéis fotos de gintonics, fotos de vosotros juntos, fotos de croquetas, fotos de recuerdos compartidos.  

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