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Archive for the ‘noches’ Category

Joven que sale de la ducha tras correr una carrera de 5 km en 7 minutos menos de su objetivo (fuck yeah).

Está hablando por whatsapp con su mejor amiga que está en Perú y con el novio en Canadá.

Canadá – Oye, te llamo por teléfono

(Amiga en paralelo que grita cosas sobre irse a cenar pez mantequilla)

Heike – Vale

C – Sabes que hoy he pasado un día haciendo recados masculinos, he llevado a cambiar las ruedas del coche, lo he lavado bien por dentro, incluso las alfombrillas… y luego no he podido evitarlo, he ido a Canadian Tire   a por unas cosas. Sabes que cada vez que voy a Canadian Tire no puedo evitarlo y tengo que comprarme más cosas…

H  – Ajá

C – Y como aquí sabemos cuando es verano porque empieza a oler a barbacoa, no he podido evitarlo y me he comprado cosas para la barbacoa

H – Ajá

C – Así que he llegado a casa, he limpiado la barbacoa de nieve

Inciso

Porque estaba cubierta por la nieve, es decir, en su jardín había metro 20 de nieve

Fin del inciso

y esta noche es la primera noche del verano porque… ¡voy a hacer barbacoa!

H – ¿Estás en chancletas?

C – Claro

H – ¿Temperatura?

C – 4 grados

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No tenía ni idea de cómo empezar este post, así que pregunté al oráculo de twitter y me dijo que empezara por el final (gracias @kienvaser)

8 20 de la mañana, puerta que se abre.

Salen dos. Con una maleta, una mochila y un bolso.

Qué difícil me resulta parafrasear a Canadá (el hombre)  en castellano, pero allá vamos.

-¡ Heike mira quién está aquí!

– ¡Hola Doug!

Doug es la liebre salvaje que ha decidido pasar ratos en la puerta de casa de Canadá. Para ser honesta, diré que hemos comprado su voluntad, dejándole lechuga y zanahoria. Sí, Canadá y yo tenemos una mascota. Ta na na na na. Se llama Doug porque la primera vez que apareció en su puerta estábamos viendo Resacón en las Vegas. Y yo sospecho que nos es infiel con otras familias.

Pero ¿no es una monada?

– Oye, creo que no vamos a tener tiempo de parar en Tim Horton’s a por sandwiches de desayuno, ¿desayunamos en el aeropuerto?

– Nada, quédate tú con el sobrante del bote y te tomas algo en el Tim Horton’s del aeropuerto.

– ¿No desayunas conmigo?

– No hay ningún sitio fuera del control de seguridad.

Vamos oyendo música en el coche, yo sonrío, estoy triste, él igual, pero nos dedicamos a hablar de chorradas… Y diez minutos más tarde llegamos al aeropuerto. Veo que pasa de largo del parking y me lleva directamente a la zona de “arroje a su familiar en marcha”.

– ¿Por qué no aparcas?

– Porque no

– ¿No entras conmigo?

– No

– ¿Por qué no?

– Porque no.

– ¿Por qué?

– Porque va a ser muy triste. Venga, dame abrazos y baja del coche.

Se baja conmigo, sacamos las maletas y empiezan los abrazos. Miro al suelo. Me riñe cariñosamente “Heike, esto ya lo hemos hecho antes, y no pasa nada, hemos pasado dos semanas geniales, y bueno no sabemos dónde nos vamos a ver la próxima vez, pero lo hemos pasado bien… ” Yo sigo mirando al suelo. Me levanta la barbilla. Abrazos.

Decido cuadrarme como despedida. Todo esto es por joder, que nos gusta bastante. Él en Chicago me ofreció la mano, pues yo me cuadro.  Es que hemos estado viendo Hermanos de Sangre juntos, y Enemigo a las Puertas.

– ¡No te cuadres!

Y me ofrece la mano otra vez el bastardo. Cualquiera que nos vea estará flipando.

Y en ese momento empieza a decirme “Nos vemos” y yo no contesto, porque si contesto lloro, y estoy haciendo todo lo posible por no llorar. Y sigue “nos vemos” una y otra vez. “Heike di que nos vemos”. Y cuando por fin le contesto “nos vemos”, me doy media vuelta y me voy.

Si miro hacia atrás veo unas vacaciones en las que no hemos hecho nada especial, no ha matado dragones para impresionarme, ni nada por el estilo. Hemos estado en su casa, hecho un par de excursiones (una a un festival de jazz), dado paseos, salido a correr, ido a hacer kayaking, visto series, películas…

También he estado unas catorce veces en Canadian Tire, que es como el Leroy Merlin. Tuvimos algunas historietas con las cortinas de su casa, que hubo que cambiar y volver a cambiar no sé cuántas veces.

He conocido a sus amigos, de los que llevaba oyendo hablar casi un año, y a su familia, con la que me reí muchísimo durante las dos cenas que tuvimos con ellos. Su hermana es una borrachuza bastante divertida con la que enseguida congenié y me dediqué a tomarme gintonics. Una botella y media en dos semanas, no está mal. Además de las tres botellas de vino y las dos jarras de mojito que nos bebimos. Y la sangría que preparé para una barbacoa que hicimos en  su casa. Y me declaro fan de los cocteles Caesar’s que son como los bloody mary’s pero con clamato, y me he tomado unos cuantos… O la noche que nos fuimos de cervezas con sus amigos e hicimos una degustación probando dieciséis diferentes.

Ha estado muy bien verle con sus amigos, conocerle más, ver cómo le vacilan sus amigos porque es el único que queda soltero y con lo cabrón que es debió de vacilarles mucho, así que ahora se están vengando. Cuando vieron que teníamos bote con dinero (yo no entiendo las vacaciones sin bote conjunto) le empezaban a vacilar:

– Ooooh ¡tenéis una cuenta conjunta! ¡Que administra ella!

Y a mí me preguntaban:

¿En serio has venido desde España para ver a este? 

Muy divertido. Muchas risas.

He comido ciervo y hamburguesas de bisonte que hice yo. Estaban bastante ricas. Yo preparé pisto un día, y otro arroz con pollo al curry. También hice el típico tiramisú para la barbacoa, pero le pedí a él que preparara café, porque si lo hacía a mi estilo igual alucinaban y no les gustaba a ninguno. Hubo un día que comimos en un tailandés y la comida estaba tan picante que yo no podía parar de llorar de la risa. Después nos dolía el estómago, los labios y la lengua. Qué barbaridad. Cenamos sushi, que ya es costumbre, si es que tenemos de esas cosas… Él me preparó tortitas dos días y su madre me hizo una tarta con arándanos que cultivan en su casa.

Fuimos a dos partidos de fútbol americano y es tradición que se disfracen. De hecho… al día siguiente de llegar, me comenta entusiasmado que vamos a hacer un casco para mí con una sandía. Yo… que soy muy mandada, intento abrir mi mente y decir que vale, que casco con sandía para ir al estadio. Pensaba que me estaba vacilando hasta que llegamos al supermercado, coge sandías empieza a ponerlas al lado de mi cabeza y una señora nos para y dice: “oh,¿ te vas a hacer un casco para el partido?”

Me tuve que rendir. Y nunca pensé que diría esto, pero menos mal que llevé una sandía en la cabeza, porque nada más llegar al estadio empezó a caer la tormenta del siglo para después caer una granizada con piedras como mi puño. Sentía las pedradas a través de la sandía.

Aquí tenéis la foto que prueba la existencia del casco.

Absolutamente impresionada por la naturaleza canadiense, vi pelícanos salvajes ¡fuera de un zoo!, él me pidió cuando volvíamos de excursión de noche que le avisara si veía algo en el arcén de la carretera, porque era zona de alces. También vi perros de la pradera, pero no, no he podido traerme ninguno. Los mosquitos canadienses me adoran, me fueron a despedir al aeropuerto lamentando mi marcha. Me salió una alergia en la mano del copón bendito por una picadura. Qué dolor. Y en la pierna.

Hemos oído música, ido a un concierto de The Trews (que me gustan mucho), visto otro en la tele de Adele, escuchado City And Colour y Tribalistas, visto muchísimos programas de DIY (soy adicta), visto la final de Wimbledon, Invictus, Inception, ido de compras, ido al supermercado, hecho el idiota, dicho tonterías… Visto Summer Heights High (tenéis que conseguirla, yo ya la había visto con mi australiana), es una serie de humor absurdo. También los vídeos de Lonely Island. Y los anuncios de Old Spice.

Me traigo de recuerdo, un imán de nevera, un vestido, un par de cds que me regaló él, la temporada de Summer Heights High, la camiseta de su equipo de fútbol americano, una jarra de sirope de arce, un bote de mermelada de arándanos, y el bote del té de rooibos que me preparaba algunas noches.

Y ha habido mucho más, y lo que no ha habido ha sido mal rollo, ni agobios, ni historias raras.

Estoy contenta pero bien jodida.

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Ayer  Yaiza le mandó un correo a Barbi.

Menuda manera de empezar un post.

Bueno, en el correo de Yaiza había un relato que casi me hizo llorar y me inspiró para hablaros de lo de las calabazas del año pasado.

Después de diversas idas, venidas, subidas y bajadas me encontré con que estaba liada con… er… mi mejor amigo. Y así llevábamos varios meses. Y yo intentaba no pensar demasiado, pero estas son de esas cosas que se las cuentas a tus amigas y se ven obligadas a opinar.

Las amigas están sobrevaloradas.

Y tus amigas opinan, te hacen pensar y te llenan la cabeza con sus pensamientos y opiniones que se mezclan con algunos que tú tenías pequeños y callados. Y se lía parda.

Porque si tú le sumas al hecho de pasar hablando con una persona una media de ocho horas al día, dormir con esa persona unas dos veces por semana y que tus amigas te pregunten todo el rato: “¿pero estás enamorada?”, pues claro…

No la misma amiga, amigas distintas cada vez, yo la historia aquella la contaba con la boca pequeña.

Y si a esto le sumas ir de viaje, y que sea todo agradable, porque joder, estás en un viaje con tus amigos, entre los que se encuentra él, y claro es que joder, sois los mejores amigos ever, ¿cómo no va a ser todo agradable? 

Pues te encuentras tú con margaritas en las manos, pensando en moñonadas, en cogerle de la mano para ir por Madrid y cosas de esas. Pero sabes bien dentro de ti que no quieres sacar el tema porque no eres correspondida.

Sigues hablando con la gente, esta vez con varones que te dicen cosas como “cambiar de estrategia”, “pasar de él a ver si espabila” y cosas por el estilo. Con lo mal que se te dan a ti esas cosas, joder. Habrá maestras en esos temas, yo soy más de beber y decir lo que pienso.

Así que sigues sin querer sacar el tema, pero te vas a Bilbao un finde, y vuelves tierna como una magdalena y ahí eres consciente de que no puedes seguir mirando para otro lado eternamente…

Y decides que vas a hablar con esa persona, aunque te vaya a dar kg y medio de calabazas. Y tratas de ignorarle unos días porque skype no es manera de hacer esto, él tiene mucho trabajo y tú quieres hablar en persona del tema.

Y entonces… resulta que te dejas las llaves de casa en la cajonera de la oficina y es lunes, son las nueve de la noche, has salido del gimnasio y estás tranquila. Y no tienes a nadie más que tenga llaves de casa. Ni coche. Así que le pides a esa persona que te haga un favor, y mira que no quieres pedirle un favor a él precisamente, pero te jodes.

– No pasa nada, te acerco a la oficina, pásate por mi casa.

Él debe de estar flipando, porque le has llamado casi llorando y lo único que te había pasado era que se te habían quedado las llaves en la oficina. Normal que le parezcas una reina del drama, joder.

Así que subes al metro y vas llorando y sacas unas pastillas de valeriana que ya te has comprado porque sabes que te van a dar calabazas. Menuda imagen, guapa, ir llorando en el metro y tomando pastillas.

Entre pitos y flautas te lleva a la oficina, la chica de seguridad te pide que esperes para que alguien te escolte hasta tu sitio, son casi las diez, al menos has tenido suerte y no te hacen llamar a tu gerente para que te autorice a subir. ¿Os imagináis la llamada?

– Hola gerente, soy imbécil y me he dejado las llaves en el trabajo. Déjame subir a mi sitio, por favor.

Bueno, que no es tan grave, te ahorras esa llamada y hablas con la chica de seguridad del libro que se está leyendo. Estás drogada, joder, llevas las endorfinas post deporte más la valeriana encima. Traaaaaaanquilísima.

En la que sales del edificio ves una imagen a lo lejos de un par de chavales haciendo el bobo, qué curioso. Al acercarte te das cuenta de que él ha sacado una pelota del maletero y se ha puesto a dar toques con un taxista que está esperando a que salga alguien de tu edificio. Y es primavera, hace una noche preciosa, él te ha hecho un favor y tú te pones tan blandita que te quieres morir.

Le das un beso en la mejilla, la otra opción era pedirle en matrimonio y te parece un poco más cauta esta reacción. Él te lleva a tu casa y te despide con un besito, porque tonto no es y ya ve que tienes un run run interior de la ostia, aunque le hace gracia el pelotazo que llevas encima, porque tienes esa risa que tanto le gusta, risa pizpireta, jiji ji ji jiji.

Un par de días más tarde no puedes más, él está en mitad de un gabinete de crisis, al parecer le quieren fusilar en su trabajo y anda agobiadísimo, pero tú tienes la imperiosa necesidad de declararte en ese mismo momento, ostia puta ya.

Y todo hay que hacerlo con clase. Así que para declararte eliges esta canción.

Y esa noche quedas con él en tu casa, os tumbáis en el sofá, y te da unas calabazas tan bonitas tan bonitas que te matan. No son bonitas en absoluto, porque al final todo se resume en que él no quiere darte la mano por la calle, ni ir a la playa contigo un fin de semana. No te quiere. O te quiere de una manera que no es la misma en la que tú le quieres a él, así que te da igual.

Que después de esa noche hubiera todavía segundas y hasta terceras partes… es algo de lo que no vamos a hablar.  Al menos de momento.

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Ay, picaruelos, de esto queriáis que os hablara.

Sí, he vuelto peor de lo que me fui.

Porque he pasado una semana tan (poned mil “a” entre la “t” y la “n”) buena con Canadá.

Porque es un cachondo:

– Esa es la última cerveza europea que te vas a tomar.

– ¿Quieres hacer el favor de terminarte la cerveza? ¿Es que no piensas en toda la gente que no puede beber alcohol?

Otro día

– Si, Heike, debe de ser una cosa cultural, aquí los mendigos te piden dinero, no te lo ofrecen

Y otro día

– Creo que mi trabajo es antievolutivo, ayudo a gente a sobrevivir que quizá no sea lo suficientemente inteligente como para hacerlo sin nuestra ayuda. Hay gente estúpida que quizá merecería morir. ¡ Nunca me lo había planteado! ¡Mi trabajo es anti Darwin!

Otro día:

– Bueno ya sabes Heike, ahora te voy a contar una noticia sobre fútbol americano que te va a dar igual, pero tú haz como si te importara. ¿Sabes que han echado al entrenador de no se qué equipo?

Por sus intentos con el castellano:

Conversación en inglés con nuestra amiga de Chicago, que habla castellano.

Heike – Gracias (en castellano)

Canadá- Buenos Aires

Heike – ¿Buenos Aires?

Canadá- Sí, no sé cómo se dice “de nada” así que digo “Buenos Aires”

Se lo dije, pero dio igual, siguió diciendo Buenos Aires, y de hecho si yo le decía de nada en inglés hasta que no le decía Buenos Aires me preguntaba, ¿qué, qué?

Por los detalles:

– Toma, tus regalos de Navidad.

Súper patrióticos los canadienses.

– Unas manoplas rojas con la hoja de arce. Un gorro con orejas en el que pone Canadá. Un libro de “How to be a Canadian” y otro sobre los datos más importantes sobre su provincia.

Y después de verme dar grititos durante una semana, me dice un día: mira he visto algo que te gustaría. Y me lleva a un puestecito en el Pier 17 a enseñarme School buses de juguete. Y me regala uno. “Para que cuando juegues con él te acuerdes de mi“.

Porque fue todo sencillísimo. No siempre es fácil viajar con gente, hay algunos que simplemente se dejan arrastrar, no muestran interés, ponen las cosas difíciles, son poco flexibles…

Con él era todo:

– ¿Te parece si hacemos esto?

– Vale, después podíamos hacer lo otro.

Me proponía planes, me invitó a comer el mejor trozo de tarta de zanahoria de la vida, me invitó a cenar en un sitio estupendo…

Porque es encantador, habla con todo el mundo, es amable, educado y tiene muy buen carácter.

Por su cerebro, a veces (no muchas) se pone serio y oírle hablar da gusto:

– Lo que más me ha gustado… McSorly’s, ¿tú te das cuenta de todas las conversaciones y planes que habrán surgido en un bar que tiene 150 años de antigüedad?

– Eh, eh, no estés triste… Heike yo estoy contento. Hemos venido aquí para pasar tiempo juntos, ¿no?  Y ha sido la leche, ¿no? Yo estoy muy contento porque hemos pasado una muy buena semana. Nos queda una hora para despedirnos, no quiero que  hablemos de cosas tristes. Quiero que demos un paseo y aprovechemos el tiempo que nos queda. Quiero que estés contenta porque hemos podido volver a vernos.

Por su gusto musical:

Esta vez en nuestro viaje en tren, me fue tocando más canciones en la rodilla, utilizándola de batería.

Y… el post viaje…

Yo soy bastante tontolhaba. Y no sé por qué, entre el subidón y la pena, me dio por pensar que quizá él no se lo había pasado tan bien. Cuando nos despedimos no hablamos de la siguiente vez, y yo pensé que quizá no quería repetir, total esto es… como dice él… “we are crazy”.

Pero al día siguiente que le vi (viva skype, viva skype, viva skype) salió el tema, y me dijo que vendrá a verme, por mi cumpleaños (otoño).

Y yo decidí que sí, este año mis vacaciones de verano las paso en Canadá.

Y encima la semana pasada me dijeron que tengo un curso en Baltimore, EEUU, y si me lo aprueban hemos quedado en vernos en Chicago cuatro días, del 31 de Marzo al 4 de Abril.

 

Estamos locos.

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El jueves amanecimos con un viento helador.

Según Canadá no hacía frío. Era sólo viento.

Desayunamos y cogimos el metro hacia Lower Manhattan. Bajamos andando hasta Battery Park, el plan era coger el ferry gratis a Staten Island, porque varias personas me habían dicho que era mejor ese plan que el de gastarse la pasta en ir a ver la Estatua de la Libertad.

Así que tras sacarnos varias fotos con cara de frío en el fuerte Clinton, fuimos a coger el ferry.

Menudo frío, salimos  en todas las fotos con cara de “no es frío, es sólo viento”.

Íbamos escoltados por un par de lanchas motoras con señores armados, muy tranquilizador todo.

Llegamos a Staten Island y lo único que hicimos fue “pedir un zumo”. Que vamos a ver, que digo yo, once de la mañana, pues vale, un batido, ¿y no tenéis un tamaño un poco más pequeño que un litro y medio? ¡Pero cómo no váis a estar tremendos! ¿Y lo de los booster? ¿no puedo pedir un zumo que no lleve extra de metaanfetamina, antioxidante, concentrador?  Estaba buenísimo, pero  con 6 grados bajo cero meterte litro y medio de un batido congelado te da  temblequera estomacal.

Al llegar a Manhattan de nuevo, nos fuimos dando un paseo.

Oh “¡Sir Winston!

Sácame una foto delante de la Bolsa, que ahora estudio másteres y esas cosas.

El agujero que comentó Bisbal que podían poner un par de torres iguales ahí pues me pareció… vacío.

 

Me gustó mucho más esta iglesia.

Y mucho más esta zona,

al lado del Pier 17,

y después de ver este autobús tan de cerca

nos metimos en un centro comercial.

En este momento nos encontramos con unas chavalas adolescentes que nos quieren hacer una encuesta. Yo les digo que bueno, que somos de fuera, y les contesto a su encuesta sobre la contaminación de las aguas y no sé qué historias más. Y Canadá callado. Cuando ya nos vamos me dice el cabrón que como yo había dicho que somos de fuera él prefirió hacer como que no entendía nada.

Después andando andando, cogimos el puente de Brooklyn. Qué panzada a andar.

Qué bonito todo.

– Heike, saca fotos al bicho, que se te olvida todo el rato.

El plan era ir a comer a Grimaldi’s. Comimos una pizza enorme y empecé a quedarme dormida en la mesa.

Menos mal que pedimos dos capuccinos de postre. Y ahí él me preguntó, ¿has probado la root beer? (pero el refresco). Y al contestarle que no (como la canción de Mecano) me dijo: ah pues luego te compramos una.

Nos fuimos andando un poquino, un un poquino (¡hola Manuelita!) por el paseo de Brooklyn, no había ganas de tomar un gintonic donde me había recomendado Amanda, se hacía de noche, pero nos dio tiempo a sacar unos afotos.

Después probé la Root Beer. Sabor curioso. Nuevo. No me disgustó.

Esa noche nos fuimos a dar un paseo por Hell’s Kitchen, y por Times Square.

Sí, Mujeres Al borde de un ataque de nervios, en musical.

Qué coma diabético de luz y color.

Empezamos a buscar una camiseta que me había pedido mi cuñado. De fútbol. En Nueva York. Que entraba en tiendas de deporte a preguntar por ella y les faltaba apartarme con un palito. ¿Fútbol? Fus, fus, bicho.

Cenamos en un japonés sin pretensiones.

El viernes ya era el último día y me lo llevé a desayunar a Le Pain Quotidien, que había uno cerca del hotel y yo soy muy fan del de Juan Bravo con Velázquez en Madrid. De hecho en nuestra primera cita le llevé a comer ahí. Ooooooh.

Hicimos desayuno/brunch. A continuación subimos al Top of the Rock. Pagamos dos dólares por un panfleto que no usamos. Inteligentes, ¿eh?

Las vistas hablan por sí solas.

 

 

 

Al bajar entramos en la tienda Lego.

Ooooooooh.

Y a partir de aquí comenzaba el momento compras. Pateamos, pateamos, pateamos, fuimos a buscar un objetivo que me habían encargado, tienda cerrada, fuimos a Macy’s, seguimos buscando la camiseta, nos mandaron a Adidas (sólo en el Soho, había que coger el metro para ir a buscarla). Paramos a tomar un café, entramos en Victoria’s Secret (soy más de Agent Provocateur, pero el sueldo no me da). Cogimos el metro en la 34, después de pasar por una calle llena de floristerías y nos fuimos a buscar la camiseta. Ni en Adidas, que es el proveedor de la equipación de los Red Bulls de Nueva York (qué cosas aprende una) tenían la camiseta para mi cuñado. Tiramos la toalla y me lo llevé a Spring Street a ver dos tiendas que me habían llamado mucho la atención.

Me gustan las cosas bonitas, y las tiendas de menaje de cocina y las papelerías son mi perdición. ¡Y hay una enfrente de la otra!

Estaba en la mejor papelería que yo jamás había pisado y sólo pensaba en Agur. En cuánto le gustaría a ella. Era como de risa, cienes de papeles de envolver, de lazos, cuadernos, agendas… ¡y las tarjetas! No saqué muchas fotos porque me sentía ridícula.

Nos fuimos al hotel a descansar un poco antes de nuestra última cena.

El hombre se lo curró y me llevó a Patsy’s. Yo me había peripuesto, y estaba en modo flipada, cenando en Niu Yol, esperando a que nos sentaran y decidí pedir un Dry Martini. Y yo me suelo pedir los gintonics cortos de ginebra, así que cada vez que le daba un trago ponía los ojos en blanco.

Cenamos de maravilla, raciones gigantescas (as always), yo me tomé una copa de vino y Canadá dos, y luego pedí postre, que vienen con el carrito. Fresas. Primeras Fresas Del Año En Nueva York. Semi borracha.

Decidimos repetir a continuación Don’t Tell Mama pero ya no fue lo mismo, porque el bar estaba hasta arriba, era viernes. Nos pedimos dos cervezas cada uno y nos reímos bastante porque salió una muchacha a cantar canciones sobre ser judía. Curioso. Gracioso. Divertido.

Y después recuerdo vagamente (Dry Martini, copa de vino hasta arriba, dos cervezas) ir discutiendo con Canadá por la calle en alemán. Qué idioma, oiga, nuestra única discusión en una semana fue por una palabra en alemán.

La última noche pasó y llegó la última mañana, nos fuimos a desayunar, teníamos que despedirnos a la una y media en una estación de autobus, desayunamos, terminamos de hacer la maleta, nos fuimos a dar un paseo y a comer un trozo de tarta de fresa en Carnegie’s Deli.

Qué barbaridad. Pero yo tenía dolor de estómago de la pena y no podía apenas comer.

Y después nos despedimos en una estación de autobús.

Y el próximo post es Canadá, el hombre.

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Decíamos ayer…

Que fuimos a ver un partido de baloncesto. Y al salir, cómo no, hacía mucho frío.

Cogimos el metro camino de Chinatown y Little Italy. Tras andar un poco y pasar por un edificio la mar de raro, que nos recordaba a Gotham (y que me acabo de enterar de que es la sede de AT&T) llegamos a Chinatown.

Y Miss Energy me había dado órdenes estrictas de entrar en las trastiendas para buscar bolsos de Gucci o Fendi o Prada. Yo no iba a ir de compras, así que preferí que entráramos a dar vueltas por un supermercado. Impresionante el bullicio, las señoras pequeñitas empujándote con descaro, vamos, les das un paraguas como a las bilbaínas y te hacen una avería.

Y la comida, claro. Yo lo miraba todo, el pescado en salazón, las verduras rarísimas… Veía esas verduras y pensaba: “me ponen esta verdura en una tabla de cortar y tengo que preguntarle ¿y contigo qué hago? ¿te cuezo? ¿te pongo al vapor? ¿entera? ¿en tiras? ¿en dados? ¿te pelo?”

Tras darnos varias vueltas por allí, decidimos buscar un chino que nos diera de cenar/comer a las cinco de la tarde, y encontramos uno en el que los únicos con pinta occidental éramos nosotros dos. Y nos comimos un menú por 13 dólares cada uno, bastante barato para lo que es Manhattan.

Nos pedimos un té para llevar y dimos un paseo por Little Italy, lo que más me gustó fueron las tienditas pequeñas con una ropa preciosa. ¡Peeeero yo no tenía dinero para comprar cosas! Bastante regalo había sido ya el viaje en sí.

Como hacía un frío que pelaba decidimos irnos a descansar un rato, y sobre las nueve de la noche  nos fuimos a Don’t Tell Mama. Al ser lunes estaba aquello vacío, nos sentamos, yo me pedí un GT y el niño un Spiced Rum con Cola. El GT estaba bastante asquerosito, así que decidí migrar a la cerveza. Don’t Tell Mama funciona de la siguiente manera: gente amateur o semiprofesional que para por allí sale a cantar canciones de Broadway, jazz, rock o pop. Tienen un bote en el que puedes dejar propinas. No pagas nada, pero te tienes que tomar mínimo dos bebidas por persona. Cuando llegamos a mi no me convenció, pero como nos teníamos que tomar la segunda cerveza… (Sam Adams) pues allí nos quedamos. Y confieso que cuando dejaron de cantar canciones de musical y la cantante entonó “Me and Bobby McGee” mi opinión cambió. Seguimos bebiendo y llegamos a ese estado de euforia etílica en el que todo nos parecía genial. De hecho yo me atreví a pedir dos canciones.La primera:  “River Deep Mountain High”, que no se sabía bien la cantante y la cantamos entre todos los acólitos anónimos que poblábamos el bar. A esta altura Canadá y yo estábamos entregadísimos, nos habíamos gastado como 80 dólares en alcohol y una propina de 10 dólares a los del piano. Canadá me decía que le parecía demasiado “barato” pedir una canción de Sinatra. Como demasiado típico. Hasta que cambia el cantante y sale uno que empieza a cantarlas todas, y yo no me pude resistir y pedí la segunda: “The way you look tonight”. Un rato después decidimos retirarnos…

El martes amanecimos con un tiempo espantoso y teníamos que ir a las dos a hacer cola para ir de público al Show de David Letterman. No hay ninguna foto, no te dejan sacar ninguna. Funciona de la siguiente manera: llegas, haces cola en la calle, pasas, te toman los datos, te dan unas entradas, te mandan que vuelvas a las tres y media, te meten en una sala y empiezan con la motivación para que aplaudas, grites y te sueltes la melena. Yo soy terrible con la vergüenza ajena, y podía reírme, pero gritar a lo americano era demasiado para mi. Confieso que antes de entrar de público estaba acojonada con no entender ni papa, pero qué narices… si me dice Canadá todo el rato “you’re a fucking Anglo”.Los invitados eran: Betty White, las Kardashian y de banda The Script. Betty White, simplemente genial, ¡haced el favor de ver el vídeo! . Maldita jefa y ejemplo a seguir cuando dice “Vodka is kind of a hobby”. Las Kardashian pues… podéis ver el vídeo. Dice Canadá que son “as intellectually challenged as Paris Hilton”. Totalmente cierto. Lerdas.

Cuando salimos, decidimos que queríamos seguir con el día del humor, así que sobre las siete nos fuimos a Chelsea a cenar y acercarnos más tarde al club de la comedia “Gotham” a ver un monólogo. “Heike, vamos a este sitio a cenar que dicen en todas partes que está muy bien”. Cuando llegamos, era una pijada, así que nos fuimos al de enfrente a comernos una pizza del tamaño de Wisconsin por lo menos. El monólogo fue unas risas, eso de oír chistes sobre judíos es una novedad curiosa. Me hizo llorar de la risa la monologuista un par de veces.

El miércoles habíamos quedado con un matrimonio mayor que conocimos en el Pueblo Inglés. Teníamos que coger un tren a las diez de la mañana en Grand Central Station, salimos a las ocho y media, llegamos a la estación, desayunamos, creo que me dio un subidón de azúcar que casi me quedo en el sitio después de comer un bollo de canela.

Subimos al tren y empecé a flipar con los nombres de las estaciones. ¿Valhalla?

 

¿Pleasantville?

 

Además tengo que contaros que cada vez que esos días yo veía un autobús de escuela sonreía y me ponía contenta. Él se descojonaba. Pero teniáis que ver su cara cada vez que oía un sonido de ambulancia o camión de bomberos. Eso es deformación profesional. Vamos, que vaya par de tontolhabas aldeanos…

Así que íbamos en el tren y de repente… “Heike, mira, mira”

Oooooh ¡un parking de autobuses de escuela!

Por fin llegamos y vinos a recogernos nuestro amigo. Nos dio un paseo por su zona antes de llevarnos a su casa.

Impresionante.

Nos contó que esos lagos son la reserva de agua dulce de la ciudad de Nueva York, y están controladísimos por las amenazas terroristas de envenenamiento etc.

Después nos fuimos a su casa. Tienen un labrador negro que tiene 16 años y daban unas ganas de abrazarla todo el rato…

Comimos con ¡vino de Valdepeñas! La comida estaba riquísima y la señora me dio una receta de bizcocho de manzana que nos había hecho que estaba de alucinar. Son gente muy interesante, muy cultos y como decía Canadá… en sus años mozos se debieron de fumar toda la marihuana que encontraron. Ahora tienen 70 años y son abuelitos. Fue un día muy agradable. Sobre las cuatro cogimos el tren de vuelta.

De camino al hotel pasamos por el Diamond District, ya son cutres estos judíos, que las tiendas de diamantes con anillos de compromiso parecían tiendas de estas de electrónica.

Esa noche nos fuimos a tomar unas cervezas a un irlandés y cenamos allí.

Ya sólo quedaban los dos últimos días, que dedicamos básicamente al turismo.

Que contaré en el último post sobre Niu Yol (la ciudad) antes de pasar a Canadá (el hombre).

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Qué frrrrríooooo.

Y una vez dicho esto…  Niu Yol (la experiencia) será relatada en dos partes, la parte relativa a la ciudad  y la parte relativa a la compañía.

Mi esposa decía muy bien en su post sobre la ciudad que lo primero que te sorprende es que todo es como en las películas. Llegué al aeropuerto y era como los de las películas… y la primera noche, paseando por Times Square, Canadá comenta que me oyó reir y pensó “¿y esta de que se ríe?” hasta que vio que salía humo de una alcantarilla.

Nosotros llegamos entre pitos y flautas sobre las ocho de la tarde del día 14, nos encontramos en el hall (pero esto lo cuento en el post de Canadá) y nos fuimos de paseo esa noche. Pero poco, que para mi eran como las 4 de la mañana.

A la mañana siguiente, después de algunos problemas con el metro, ya sabéis, esta línea hoy no para aquí, pero mañana por ser día par sí, etc etc, nos fuimos andando hasta Central Park.

Oooooooooooooooh.

Habíamos quedado en el Met con una amiga, y allí estuvimos tres horas, qué barbaridad de museo enorme.

Dos comentarios:

– Se necesitan muchos días en el Met.

– Tienen un plano que es una mierda, está fatal señalizado, y eso que yo soy la Reina de los Mapas. Este título ha sido refrendado en Niu Yol.

Sábado 16 horas: nos vamos a ver si comemos algo. Que se jodan, ya les he metido los horarios raros en el cuerpo.

En serio, ¿cómo se come esto? Estuve cinco minutos dando vueltas a la hamburguesa antes de atreverme a atacar.

Esa noche habíamos quedado para cenar con una amiga neoyorquina de mi amiga para que nos hiciera de guía. Quedamos en el East Village y tratamos de tomarnos algo antes de cenar. Cosa curiosa, tener que hacer cola en la calle con 6 grados bajo cero para tomarte una cerveza ¡a las nueve de la noche! pero mereció la pena, porque conocimos este lugar.

El sitio tiene polémica con el Bridge Café (por lo que entendí) de qué bar es el más antiguo. Sólo sirven cerveza tostada o negra. Yo me tomé dos tostadas. Ricas.

Los chavales que embarcaban hacia la Primera Guerra Mundial dejaban los huesos de pollo colgados de esta lámpara, y debían recogerlos al volver. Así que esos huesos son de los que nunca pudieron volver.

Después de este momentazo nos fuimos a cenar a un sitio muy chulo y de moda. Cuando terminamos de cenar pasamos a tomarnos unos cócteles y yo pedí sopitas, porque con el jet lag me estaba quedando sopa y eran ya las doce.

Antes del brunch   en Meatpacking dimos un paseo ¡y nos encontramos con Banksy! El pobre Canadá se tragó un brunch con cuatro mujeres. Una californiana que era como de película, una de Florida/Chicago, otra de Illinois/Nueva York y una servidora.

Después, Liz, nuestra anfitriona neoyorquina nos llevó de paseo, paseo laaaaaaaaaaargo.

Estuvimos en el mercado de Chelsea, pasamos por West Village,

comí la mejor tarta de zanahoria de mi vida en un “picnic de invierno” en un banco en un parque todo cubierto de nieve,

Greenwich Village, NoHo y terminamos en NoLita. Allí descubrimos un parque a cubierto, donde me eché una siestecita porque habíamos estado andando bastante tiempo, me había tajado un poco en el brunch con tanto cóctel con champán (del uno al diez ¿cuánto asco doy?) y tenía sueeeeño.

En ese momento pedí tiempo muerto para ir al hotel un rato antes de cenar, y quedamos con las chicas en el West Village para cenar en un sitio agradable.

El lunes por la mañana quedamos a desayunar con mi amiga de Chicago/Florida, porque ya se iba a Chicago. Probé por primera vez el sirope de arce. No, no sabe a árbol. Canadá me dijo que me traerá un bote de regalito.

Maravillosas tortitas. Fuckin’ awesome.

Después nos fuimos al partido de los Knicks. Impresionante. El ambiente del Madison, el sentido del espectáculo de los americanos, el baloncesto en sí mismo, Steve Nash, Stoudemire, ver el cogote de Spike Lee, y el de Ethan Hawke. El cuarto cuarto con los vídeos de “Make Some Noise”. Las animadoras a golpe de melena.

Creo que esto está quedando muy largo y me encantaría que miraráis los enlaces y tal, así que mejor sigo con la crónica mañana.

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