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Archive for the ‘alegria’ Category

Me he encontrado con este post en borradores y debía subirlo aprovechando que es jueves y que throwback thursday o jueves de “el baúl de los recuerdos”

Disfruten. Y tengan en cuenta que es de hace seis años. Me lo he pasado muy bien en mi vida, la verdad.

Barbijaputa y yo nos conocimos en Septiembre de 2009.   El papagate no comienza hasta el día siguiente de nuestro flechazo, cuando yo me fui a Roma.

En mi trabajo tenemos la sana costumbre de traer postales de las ciudades que visitamos para el resto de los compañeros. A raíz de esta entrañable costumbre nació un subgrupo (éramos un grupo de 20) obsesionado en coger siempre la postal más fea.

Cuando visitamos el Vaticano no pude resistirme a comprar especialmente unas postales para el subgrupo, ya que era fácil encontrar  motivos poco agraciados.

De las cuatro postales del personaje que compré sobraron dos, que tuve guardadas celosamente hasta hace dos meses.

Y hace dos meses… llego toda orgullosa a mi casa, el hogar que comparto con Barbijaputa en un bonito barrio con seguridad privada. Llegaba orgullosa porque estaba preparando una caja con regalos para enviar a Canadá y me había encontrado con las postales. Y como soy una cachonda pensé:

– Ja! Una postal se la envío a Canadá y otra la pongo en la nevera.

¿ Por qué en la nevera? Para hacer un vade retro cada vez que le veamos, está claro.

Total que yo, gozosa le comunico la idea a mi mujer que…

– Me tienen que matar para que permita que este hombre vaya a verme a mí en bolas, ahí colgado del frigo con cara de tocar niños. De eso nada, ahí colgamos cosas agradables.

Total, que dejo la postal guardada entre unos cuantos papeles, en la silla al lado de la cama. Y al día siguiente venía nuestra “asesora de higiene”, esa entrañable mujer que nos soluciona la vida limpiando un par de horas por semana.

Y al llegar a casa… me encuentro con que ha colocado la postal en la puerta del armario, para que yo lo tenga bien presente. Flipo en colores y la vuelvo a poner entre los papeles.

Y la semana siguiente… me la había colocado en la mesilla, inclinada sobre la lámpara. Y ahí ya tuve que llamar a mi esposa para que se descojonara.

Hasta aquí la historia de por qué tengo una foto del papa en mi mesilla. Me he rendido, el servicio está más contento sabiendo que trabaja en una casa de bien, cómo se nota que no abre el armarito de la mesilla y se encuentra el vibrador, las esposas y el antifaz…

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Cuando conocí al guiri en La Alberca, provincia de Salamanca, su nivel de español era “un brugal con cola, por favor”.

Hay que tener claras las prioridades.

En los cuatro años que han sucedido desde entonces hemos tenido un avance… exponencial. Es decir, 0 durante tres años y bastante el último año. Las dos semanas que hemos pasado en España se ha disparado el tema.

Me decía @Agurtz40 el otro día en L’Escala que tenía que apuntar sus gloriosos momentos y lo cierto es que bebo demasiado y se me olvidan. Pero nos echamos unas risas esos días, así que aprovecho para 

A)actualizar el bloj

B)hacer pequeña recopilación de la evolución del guiri en español

Como os decía, en Septiembre de 2010 sabía decir “brugal con cola”. También sabía decir “cerveza”. En Enero de 2011 decidió que “de nada” se decía “Buenos Aires” y fue una coña nuestra durante un tiempo. 

Esos meses me di cuenta de que estaba aprendiendo a hablar como un gayer. Es decir, yo soy bruta pero chica, así que le decía cosas como besitos, mimos y tal, que él repetía. Y claro, “brugal con cola, besitos”, no sé, me estaba quedando un guiri un poco gayer. 

Por ahí debió aprender la palabra “guiri” y su significado y le encantó. En nuestro país a veces tendemos a pensar que los guiris, con sus chancletas con calcetines, su color rosáceo y todos sus complementos son gilipollas. Si le doy al botón de avanzar en el tiempo me planto la semana pasada en el que una chica a la que acabábamos de conocer me pregunta “¿pero sabe exactamente el significado de la palabra guiri?” y cuando le dije que sí nos miró como desconfiada. Pero tres días más tarde otra persona resumió la actitud vital del guiri con un “a veces cuando le vacilo me da la impresión de que me está vacilando más a mí él que al revés”. 

En Abril de 2012 vino a España y le metí en una clase de español una semana. El primer día abrió la puerta de casa diciendo “¿Qué tal, jefa?”

Podemos casi que hacer un fast forward hasta Agosto de 2013 que es cuando la cosa empieza a tener miga. Le regalé un libro de español al grito de “hace un año y medio te dije que o aprendías o no me iba contigo a Canadá, pontelaspilascoñoya”. Así, motivando en positivo.

Así que la semana que estuve en su casa hace exactamente un año hubo bastantes progresos. Llenó su casa de pegatinas “la puerta”, “el dormitorio”, “la alfombra”. 

La mejor anécdota de esos días… Como buen norteamericano piensa que cualquier palabra se traduce al español añadiendo una “o” al final. Andaba yo por casa buscando mi sudadera (en Norteamérica “hoodie”) y él estaba aprendiendo a decir “la bicicleta está en el jardín”, “la mesa está en la cocina”, “la sal está dentro del armario sobre el horno”. Como os decía andaba yo buscando la sudadera, me mira y me dice todo serio “el hoodie-o (hudío suena) está en el dormitorio). Me empecé a descojonar pensando en un señor judío viviendo en el dormitorio, tipo Gila con el señor del pasillo. Y el guiri “encima que lo intento”. “Claro que aprecio que lo intentes pero es que eres muy gracioso”.

Tenemos algunos problemillas porque el libro está en español latinoamericano, así que hay algunas cosas que le voy corrigiendo y como mi estimado esposo es cabezón -como solo un descendiente de granjeros canadienses puede serlo- se me cabrea.

Como si decidiera yo cómo se habla en los países. Cuando él me suele corregir mis palabras de inglés británico que yo aprendí como 15 años antes de que él llegara a mi vida.  

Cuando nos casamos en la boda número uno, en nuestra boda bilingüe oficiada por una señora dominicana, tuvo el detalle de decir los votos en castellano también. No tenía ni puta idea de qué estaba diciendo, pero fue un detallazo.

En Mayo me fui a verle y… 

– Maridooooooooooooooooooooooooooooo

– Why are you calling me yellow? (amarillo)

En otro momento…Salimos de un concierto a las once de la noche y debía haber como diez grados y el guiri iba en manga corta. 

Así que le pregunto:

– ¿No tienes frío?

– Noventa

– ¿Noventa? Ninety?

– Noventa… Vanta, venta, vantaaaa, ventaaaaaa, vintooooo VIENTO.

La palabra viento se le ha atravesado, no hay puta manera de que la diga, así que le enseñé a decir “brisa”, que se parece al inglés “breeze”. Lo que paza eh que me ha zalio un guiri gaditano. Es decir, que a veces me pone Zs donde no corresponde, así que dice “briza”. El otro día estábamos hablando Agur él y yo y tuvo como tres frases seguidas con “z”s donde no correspondían y yo no podía más de la risa. Pues está encantado con eso de que tiene acento gaditano. Otra característica de su particular método de aprendizaje del español es que si una palabra es difícil decide que no tiene por qué aprenderla. El otro día intentaba convencernos de que el verbo ir, al ser irregular no tiene por qué aprenderlo. Además del libro, el Duolinguo también está en sudamericano, así que no quiere aprender a decir “vosotros”. 

Y luego por supuesto que a veces me hace plantearme cosas que jamás me había planteado.

– A ver, ¿la palabra barba por qué es femenina? ¿por qué?

“¿Por qué?” es una de las cosas que ya solo dice en español.

Sus momentos de traducción literal:

– Encantada de conocerte

– Y tú

Al principio solo decía palabras sueltas, poco a poco dejó de decir palabras en inglés y ya solo dice en castellano “sí”. Ahora solo dice la hora en castellano, de hecho muchas mañanas se despierta “¿qué hora es?”. El otro día que tuvo que madrugar para coger un avión “no gusto tres de la mañana”. 

Me imagino que vernos hablar tiene que resultar particular desde fuera, hablamos casi todo el rato en inglés pero ya hay palabras que son solo en castellano, como “porfa”, y nos llamamos “mono” y “mona” el uno al otro. 

La semana pasada en las vacaciones con los amigos aprendió muchas cosas, la más importante a decir “Sí, cariño”.  Y al igual que “tienes razón”, enseguida empezó a utilizarla con recochineo. 

Jodido guiri. Por cierto, que aprendió a decir “estar jodido” la semana pasada y me preguntaba por qué no se lo había enseñado antes. 

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30 para mis treinta.

He hecho una lista de 30 deseos materiales e inmateriales (no está la paz en el mundo, soy así) que me gustaría satisfacer por mi trigésimo aniversario. La verdad es que a pesar del 20 % de cumplimiento sobre la profecía de mi padre estoy muy satisfecha con cumplir 30. La alternativa sería chunga. Aunque para @agurtz40 sigo teniendo 23.

  1. Live at Wembley de Queen.
  2. El viaje de Chihiro.
  3. Un bolso para portátil. Tengo la mochila sarnosa. Me da vergüencita, que yo soy toda una mujer de 29 años y 51 semanas con una mochila sarnosa.
  4. Vaqueros grises. Mejor no los compréis.  Ya si eso voy yo.
  5. Curso para dos de cocinar sushi. Top 5 personas encantadoras del mundo sabe hacer sushi y me da mucha envidia.
  6. Desayuno rico. Este deseo es para @eidaho17. Estírate e invítame a desayunar en el puebluco.
  7. Pendientes azulitos volumen 3. Tengo un problema con los pendientes de color turquesa. Tengo que perder uno la primera vez que me los pongo. Vamos a volver a intentarlo.
  8. Bikini nuevo. En Miami no hay operación bikini. O sí. Es permanente.
  9. Vestido playero. Idem.
  10. Cargador usb portátil. Ahora que la distancia mínima de los viajes es de 6 horas necesito poder jugar al Candy crush sin quedarme sin batería.
  11. Ultimo CD de City and Colour. Esta es para el canadiense.
  12. Una noche en el sofá de Agur.
  13. Albóndigas cumpleañeras. Todo un clásico paterno filial.
  14. Unos vinos por el pueblo. Echo de menos esa rutina. “Quedamos a las diez y media porque hay que ir a comprar el pescado, venir a casa a dejarlo, salir a dar un paseo de una hora y estar a la una tomando vinos”. Suena horroroso pero cuando luego nadie me pone los horarios me falta algo. Organización o control, según lo quieras mirar.
  15. Botella de vino rica. Que tal y como está el patio en el curro me hace falta una copita nocturna.
  16. 1 gintonic cumpleañero. Bien puesto. Sin macedonia. En gran copa. Cáscara de limón. Beefeater. Schweppes. No pido más.
  17. Un lavar peinar en mi peluquería de Madrid. El ambiente de la peluquería, que cuando me veían cara de cabreo porque llevaba allí tres horas me daban un quinto de Mahou.
  18. Camisa nueva para ir a trabajar.
  19. El vaso de urban outfitters para el trabajo. Lo mismo me echan a la puta calle, pero yo me niego a renunciar a mi humor negro, mis juramentos y mis chascarrillos.
  20. Libro Banksy.
  21. Masaje/rascar la espalda.
  22. Tartita de limón. Con un 3 y un 0.
  23. El libro de “Pan Casero” de Ibán Yarza. En 2014 voy a empezar a hacer pan.
  24. Una merienda con mi perrillo. A que me inspire.
  25. Ottolengui, el libro de cocina y eso que el de “Plenty” todavía no lo tengo muy trillado. Cocinar para uno es un poco rollo, pero me encanta ir probando recetas nuevas con mi “guiri pig” como dice él. O para @ochisaurio con más frecuencia.
  26. Questions to a zen master. Recomendación de @blancohumano.
  27. El ultimo de John Le Carré.
  28. Unos auriculares de esos que bloquean el ruido para los viajecitos en avión. ¿Qué son 300 dólares, eh?
  29. Este bolso. Con el dineral que me he dejado en zapatos quiero un buen bolso. Miento, un segundo buen bolso, que tengo uno bueno. “Vintage”. Que significa que tiene 50 años el bolso y debería llevarlo a reparar limpiar, etc pero tengo miedo de que me cobren 200 euros.
  30. Este libro.

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Todo empezó cuando se avecinaba el día de la madre. El libro de @mama_drama salía a la venta el 3 de Mayo, y yo tenía que comprarlo y mandárselo por correo a mi querida madre.

Fui con Agur a un par de tiendas a preguntar por él, pero aún no lo habían recibido. Así que se lo compré por Internet y mandé que se lo mandaran. La pobre mujer ha pasado momentos complicados en el dentista en el último año y con su propia drama mamá, así que creía que el libro le encantaría.

Me quedé corta.

Fue empezar a leerlo y mandarme correos del tipo:

“Lo del libro es una bomba…

Hay cosas en las que veo a mi madre y otras a mi, y es un consuelo saber que hay madres mas maniáticas que yo.
Acabo de leer en el metro: Eso es que estás creciendo. Nena, como te caigas,encima te doy y Te lo dije nena y casi me paso de estación…
Yo casi todos los capítulos los puedo mejorar, que te quede claro que yo el de : como te caigas…., contigo no lo usé jamás, ese era sólo para tu hermana.
El de Te lo dije nena, me ha recordado lo de las maletas en Termibus, clavadito, eso si, inexplicablemente a tu hermana sólo le llevaron las ” mierdas” de campamento, lo único bueno lo llevaba en la mochila, lo que me hace pensar que ésta niña tiene suerte incluso cuando le roban.
Yo lo de los tacos lo mejoraba con el spontex verde, que siempre tenía uno nuevo, hasta que tu hermana me lo daba directamente….ahí me di cuenta que la frase ya no era efectiva.
Es que es impresionante, estoy viendo el índice y me los se todos.
Lo peor de ésto es que la cosa va aumentando por generaciones así que ya me están dando penita mis pobres futuros nietos
En fin, me esperan ratos muy agradables y esta autora sólo con nuestra familia y alrededores se va a forrar
Me vi entonces obligada a contarle a la autora que mi madre había dejado de leer el libro en el metro cuando iba a trabajar porque se le corría el maquillaje de llorar de la risa y llegaba hecha un cristo. La campaña de marketing del libro en el metro de Bilbao la hizo ella. La gente le debía preguntar: “señora, ¿qué lee usted?” y ella les enseñaba el libro a través de la ventana  si no le daba tiempo a decirles el nombre.
A la nena la historia le pareció divertidísima y me contestó al correo encantadora como es ella. Le reenvié el correo a mi madre, que me contestó al cabo de tres días diciéndome que “la nena es guapa, tiene buen tipo, perfectamente vestida y peinada, su madre es una exagerada…. bla bla bla no como tú que el otro día quería coger un cepillo y peinarte como dios manda, que hay que verte”
Publicidad subliminal se llama.
Dos semanas más tarde me mudé a Miami y un día de esa semana vi que la nena iba a firmar libros a Bilbao. No me quedó más remedio que avisar a mi madre.
Mi madre entra en modo locura y dos días antes se va a la librería y se pone a decirle a la dependiente que si “Amaya va a firmar el viernes”, que su hija que vive en Mayamiiiii se lo ha dicho que lo ha leído en el blojjjjj. Ya me imagino la cara de la dependienta ante el huracán de palabras provenientes de la boca de mi madre. Muerte por sobredosis de información. La dependiente va a comprobar la información que le da esa señora y le confirma que efectivamente hay una firma de libros.
Vuelvo a notificar a la autora que mi señora madre ha entrado en modo “Madre de la Pantoja” y que se va a plantar en su firma con uniforme y todo. La autora contesta diciendo que qué bien.
Lo que pasó aquella tarde quedará entre ellas dos, yo tengo los informes de las dos partes. Mi madre me escribió diciendo que había estado allí hora y media con ella y otras lectoras de tertulia. Que la nena no le junta con su madre porque se funde el universo. Mi madre lo relataba como “experiencia inolvidable”. La nena le dice a mi hermana que “sé que te recortaba la puntilla de las bragas” y que qué sentido del humor tiene mi madre. Además nos firmó dedicatorias a todos y mi hermana que ha venido a Mayami a visitarme me trajo mi ejemplar firmado.
Lo de reírse en transporte público también es genético porque mi hermana en el vuelo a Nueva York del otro día fue tres horas llorando de la risa y la que se sentaba al lado le miraba mal…
Nena, mi mamá drama dice que ya no duerme bien por la noche pensando que en dos meses viene a verme y tiene que hacer trasbordo en un aeropuerto.
Apúntate esas cañas que nos debemos.
Mil gracias otra vez.

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Las normas

La última vez que vi a mi querido canadiense eran las 5 de la mañana y estábamos en Jamaica. El plan para la siguiente vez era Miami.

¿Miami? Pues sí, llevo un año intentando organizar mi traslado durante seis meses a Miami para hacer el mismo trabajo que hago ahora. Y me está costando dos riñones lograrlo. Para empezar, por los cambios en el curro. Para terminar, por el visado del infierno. Pero este tema merece otro post que prometo escribir… algún día. Como el de las manías, que os lo debo, con lo majos que fuisteis mandándolas.

El plan en aquella fecha era que yo estaría en Miami a finales de Marzo, así que “el hombre del iceberg en el pecho”, “el hombre que no conocía la palabra frío”, “el hombre que un año y medio más tarde sigue diciendo Buenos Noches”, o para resumir, “Canadá” vendría de visita en Abril, cuadrando su trabajo, sus vacaciones, el mío y diversos temas.

Y entonces empezaron las risas con el visado (que ya contaremos) y yo veía como era imposible estar en Miami a mediados de Abril. Y empecé a calcular: si en Mayo él no puede, en Junio yo no puedo entonces..¿ JULIO? ¿nos vemos en Julio? Y pasé unos días muy malos pensando en que no nos íbamos a ver hasta Julio. Esto era sobre el 20 de Febrero.

Así que un día me puse a hablar con Agur y para variar después de discutir de manera vehemente durante dos horas me dio la solución. ¿Y por qué no viene antes aquí?

Y así surgió la conversación con mi querido: “claro, guapa, si tu trabajo no deja de dar por saco tendremos que ser creativos”. A continuación llegó la negociación sobre las fechas más convenientes, porque mi querido canadiense es todavía más cabezón que yo y estuvimos hablando largo y tendido sobre la conveniencia de volver un día u otro.

Hará tres semanas por fin reservó sus vuelos y el resultado es que llega el día 14 y se va el 2. Sí, llega dentro de 13 días. Esperad un momento, voy a gritarle a Agur una cosa por whatsapp y vengo ya mismo.

Bien, el plan es el siguiente: estamos una semana en Madrid y luego me lo llevo al norte. Sí, hay que hacer presentaciones familiares. Y amiguiles. La única que le conoce es Barbijaputa…

Sigo contando que una vez estuvieron las fechas cerradas hubo que dar contenido a la visita, al pobre le he apuntado a clases de castellano la semana que esté en Madrid a ver si es capaz de aprender a construir alguna frase. Después me puse a reservar hoteles y mesas en restaurantes. Y después llegaron los planes con amigos/familia. Le di instrucciones de que debía empezar ayuno estricto hace dos semanas porque no sabe la que le espera: quiero llevarle a tantos sitios que es probable que tengamos que cenar varias veces todos los días. Se ríe. Pobre infeliz.

Y además de los planes con amigos/familia (este pobre hombre todavía no es consciente de los problemas de comunicación que va a tener) también hay planes de vida sencilla como ir a ver partidos de fútbol o al cine. Hace un año y medio que salimos y todavía no hemos ido al cine…

Pero lo más importante fueron las normas: 3+1 que le di.

Norma número 1: el saludo. “Besas a las mujeres y das la mano a los hombres”. Los canadienses se abrazan cuando hay confianza. A mí abrazar a sus padres el día que les conocí se me hizo rarísimo. Para nuestra cultura el abrazo es mucho más íntimo que dos besos en la cara. Ahora, después de las vacaciones familiares, su madre, su hermana y yo nos damos dos besos y nos abrazamos. Nipatinipamí.

Norma número 2: las manos en la mesa al comer. Estábamos en Jamaica y yo les veía a los 6 con la mano izquierda debajo de la mesa, supongo que apoyada encima de la pierna. Qué sensación más rara.

Norma número 3: cariño, el ketchup te lo administro yo. Le dije que tendríamos que inventarnos una señal que signifique ketchup sí. Porque en su casa es una obsesión, desayunan ketchup con los huevos revueltos. Yo me lo imaginaba echándole ketchup al pescado al horno y me daban sudores. Él me dijo que no me preocupara “me llevaré unas bolsitas en los bolsillos y comeré a escondidas cuando vaya al baño”.

Y el otro día le hablé de la norma más importante. Al menos la criatura está viajada así que no se le hizo difícil de comprender. “Amor, cuando vengas puedes traer tu camiseta de la selección española, pero cuando vayamos al norte no la llevas, ¿vale?”. Le enseñé la palabra Euskadi y le hablé un poco del conflicto vasco, ese tema en mi familia y la no conveniencia de decir alegremente “es la primera vez que estoy en esta parte de España”, o lo de que me llame “Spanish” (igual que yo le llamo Canadá a él), etc etc. Lo pilló a la primera. “No voy a ir a Belfast a preguntar alegremente a la gente por el Reino Unido”.

Trece días, beibis. Trece

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La barbacoa

Para Top 5, porque es una maldita campeona.

 

Un viernes primaveral unas amigas quedan para un plan de bajo coste. Cenan, se van a bailar y dos de ellas (a las que llamaremos Heike y Agur) se retiran más o menos pronto y se van a casa de una de las dos a tomarse unos chupitos de Legendario (porque no era tan tarde).

Creen que recibieron algún mensaje del novio de Agur que decía: “mañana N ha organizado una bbq en tu casa”, pero tampoco lo tienen muy claro.

N es el no novio de Top 5 personas encantadoras del mundo. Él está pasando el fin de semana en casa de ella, que ha venido de visita desde la ciudad en la que trabaja y va a aprovechar para ver el Circo del Sol.

N y Top 5 le presentaron a Agur a su novio, se lo llevaron a su casa un día hace más de dos años. Así que el dicho de “sal de tu casa que no va a venir el hombre de tu vida a buscarte ” en el caso de Agur es una mentira. Abusona.

Bueno que ya me conocéis y me desvío.

Al día siguiente se presenta N con su amiga venida desde su ciudad con la que va a ver el Circo del Sol y Agur le riñe:

– Tío, ¡que organizas barbacoas en mi casa y me avisan a las dos de la mañana, todo sin comprar, e invitas a 20 personas!

– Bla bla bla, ya verás qué bien lo pasamos

Empieza a llegar la gente y allí estábamos un grupo de lo más variado, no se conocía apenas nadie, cuando empezó a salir la comida de la barbacoa se puso a diluviar así que tuvimos que bajarnos los 15 al salón. Y lo único que se podía hacer era: beber, comer y decir chorradas.

Hubo vaciles infinitos, más gente que iba llegando, gente que invitaba a gente a la que no veía desde hacía 10 años, con una mezcla de acentos rarísima…

Se acabó el alcohol y se fueron a por más, estando borrachos. Conclusión: 80 euros se dejó N en alcohol, al grito de: “El luneshhh me hacéish una transssshferencia”. La transferencia creemos que no se produjo. Agur había calculado con su iphone y una aplicación qué dinero tenía que dar la gente a otra gente, y yo dejé tres euros en la mesa… pero la transferencia no se materializó.

Entonces suena el timbre y es una vecina de mediana edad, llorando a moco tendido porque ha perdido sus periquitos, “¿me dejáis mirar en vuestra casa?”

Insisto

Salón con quince borrachos.

La mujer que pasa, sube a la terraza, se pone a llamar al periquito, todos intentando mantener la compostura, pero costaba horrores, claro, nos estábamos mordiendo la lengua a reventar.

Y a todo esto, N a Agur:

– Agur hassssssh vissssssssssssssshhhhhhhhhhto qué barbacoashhhhhh monto en tu cashhhhhhha, un éxito total.

Y más risas, y más vacile, y gente contando chistes con acento, y batallitas que no recuerdo. Yo tenía cena con amigos en mi casa y me tenía que ir a las ocho.

– No te vayaaaaaaaaaashhhhhhhhhh, llámalesh y que vengan aquí…

Una que llama:

– Chicosh que eshtoy de barbacoa en cashhha de Agur y eshto esh un desfashe, tenéish que venirossssh

Ellos evidentemente no lo veían claro.

Creo que a las siete de la tarde se pusieron a asar sardinas, pero tampoco lo recuerdo con mucha precisión.

El momento cumbre llegó cuando después de habernos bebido los 80 euros de alcohol, apareció la mujer de mediana edad con su familia y un periquito en la cabeza, porque lo había encontrado.

Ahí aplaudimos, vociferamos, gritamos bravo… Y la mujer se emocionó.

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Los huevos de Marta

La señora Marta llevaba 25 años en tratamiento por su artrosis cuando descubrieron que lo que pasaba era que se le habían roto todos los tendones de los hombros hacía…. 25 años.

La operaron pero, claro, ya era tarde, así que le cuesta mover los hombros.Unos años más tarde le pusieron una prótesis en la cadera.

Y por sus santos cojones, porque anda que no tiene huevos la señora Marta, no hizo la rehabilitación que tenía que hacer y empezó a usar bastón. El bastón no era de su talla e iba encorvada así que empezó a usar muletas. Que no tenía puestas a su altura e iba encorvada. Las muletas no le hacían falta, pero ya hemos dicho que cabezona es un rato, así que las usaba por sus huevos. Alguna vez en la calle salía corriendo y las dejaba tiradas al lado, o las cogía con una mano para agacharse a por un pendiente que había visto (esa es otra muy buena) mientras nosotros nos dábamos codazos.

No sé cuánto tiempo después empezó a tener mareos, y como tenía problemas de corazón le pusieron un marcapasos. El marcapasos debía de ser último modelo y la funcionalidad más avanzada chachiguay no le funcionaba bien y ella se empeñó en decir que no le funcionaba el marcapasos. Cosa que no era cierta. Además decidió que algún médico le había dicho que mucho reposo, y empezó a pasar muchas horas en la cama, con su manta eléctrica del averno.

Que la familia se gastara un pastizal en ponerle calefacción en casa se la soplaba. Ella no tenía frío.

– ¿Pusiste la calefacción, vida? ¡Si no hace frío!

– Amama no te jode, llevas una camiseta de manga larga, una camisa, un jersey, la bata y estás metida en la cama con la manta eléctrica. Sí hace frío.

Iban a la revisión del cardiólogo que le reñía porque veía en el marcapasos que Martita no movía el culo.

Marta- Ah no, a mí me dijeron hace 20 años que mucho reposo, mucho reposo

Madre – Mamá por dios, te dijeron eso una vez que tuviste lumbago.

Marta – No, no, no, a mí me dijeron que para el corazón mucho reposo

Cardiólogo – Marta, tiene usted que moverse, hacer algo de ejercicio

Marta – Ya salgo a dar el paseo todos los días

Mi abuela solía andar sus 8 km diarios con las amigas, hasta que le pasó lo de la cadera, las muletas, y la madre del cordero.

Y se pasaba las horas limpiando las gafas, hasta que en una revisión descubrieron que tenía cataratas y por eso no veía.

– Ah, yo pensaba que es que los viejos veíamos así

Así que hace unos cinco años le operaron de cataratas y desde entonces no lleva gafas. Pero ella dice que no ve naaaaaaaada, naaaaaada, naaaaaada de nada.

Luego vas de paseo con ella y tiene estas conversaciones:

– Uy hola Manolo, ¿mucho chicharro el otro día? Ya te vi que venías de pescar desde la ventana de mi casa.

Todos reventándonos las costillas a codazos a cuenta de Martita, que no ve nada, y como decía más arriba se agacha cogiendo las dos muletas con una mano para coger un pendiente enano que  ve en el suelo.

También tiene la obsesión entrañable esta de convertirse en mitad robot mitad abuela.

– Yo lo que necesito es una prótesis en la rodilla, mira mi prima Mila qué bien está desde que se la pusieron

– Mamá, he ido contigo a las últimas revisiones del traumatólogo. Tienes las rodillas perfectamente, no necesitas ninguna prótesis en la rodilla.

– Meh , meh, meh, meh.

La última serie de acontecimientos empezó creemos que por culpa del puto helicóptero.

Como son super guays, ahora en el pueblo si se pone alguien muy mal le evacuan al hospital en helicóptero. Y ya han ido en helicóptero su hermana y su cuñado. Y ella no quiere ser menos.

Así que a principios del verano, para aprobar las prácticas estas del módulo de fontanería que está haciendo

Inciso

Porque sino, no me lo explico

Fin del inciso

Se puso a intentar  arreglar a las seis de la mañana (no sé qué huso horario tiene esta mujer) la cisterna subida en una banqueta. Y se cayó al suelo de espaldas. Se podía haber matado, porque cayó al lado de la lavadora, pero ella niega que estuviera subida en la banqueta. ¿Qué hacía entonces la banqueta allí? Voy a llamar a Iker Jiménez a ver si sabe darnos respuesta.

Para lo que se podía haber hecho, la verdad es que sólo tuvo unos morados. La próotesis de la cadera en su sitio, nada roto… Todo en orden. Pero claro, mi madre decía el mes pasado:

– Esta tiene lo del puto helicóptero metido entre ceja y ceja y hasta que no suba, no para. Aunque tenga que llevarnos a alguno por delante.

Y ya por fin llegamos al último acontecimiento.

La señora Marta iba el miércoles paseando con sus muletas (esas que no necesita) por el muelle, cuando debió de meter una en un agujero y se cayó al suelo del lado izquierdo. La pobre se pegó tal golpe que estaba muy dolorida y la llevaron al hospital.

Después de dos horas  y media esperando por el escáner, le dijeron que tenía un derrame cerebral, que estaba muy grave y que nos preparáramos para lo peor. Pude hablar con ella, me felicitó el cumpleaños. Más tarde la operaron. Al parecer estaba gastando bromas antes de entrar a quirófano.

Hemos pasado unos días muy movidos, el jueves por la noche pensábamos que se nos iba, sólo quería rezar, pero al menos hablaba.

El viernes por la mañana tuvo una mejoría espectacular, la fueron a lavar, el agua estaba muy fría y tuvo a bien acordarse de toda la parentela de las enfermeras.

Ha ido recuperándose poco a poco, impresiona verla, pero habla y mueve todos los miembros de su cuerpo. Además nos reconoce a la primera, no nos llama mierda como suele hacer después de decir cuatro nombres seguidos.

Parece que lo peor ha pasado, fuimos muy conscientes ayer cuando tuvo la siguiente conversación con el enfermero:

– Marta, que te he dicho que no te rasques la cabeza – le dijo mientras le apretaba la mano

Mira a ver si te voy a apretar yo a ti otra cosa

Pero qué huevos tienes, Martita.

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