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Archive for the ‘recetas’ Category

Hoy tengo día así como positivo, después de un fin de semana bastante poco optimista.

Así que voy a hacer una lista con las cosas que me reconcilian con el mundo, con la gente o conmigo misma. Y me gustaría que cada uno de los que leáis este post dejéis un comentario con vuestra lista. Tampoco hay que pensarlo mucho… que sea algo espontáneo.

– La música. Casi cualquier clase. Desde máxima fm para correr por el parque, a la copla que le gusta a mi madre. Pasando por el rock, los cantautores, el pop, la música para bailar, la música para revolcarte en tu porquería… La música como medio para conectar con alguien, para llevarte a un estado de ánimo, para devolverte a otro tiempo, para bailar, para llorar, para cocinar, para darte un baño, para hacer eso que en Euskadi no se hace… Para escribir posts, para concentrarme en el curro, para estudiar en la uni…

– Eso que en Euskadi no se hace.

– Películas. Películas en versión original si es posible. Que te dejan buen sabor de boca, como Julie y Julia. O sabor amargo, como El secreto de sus ojos. Películas que tienes ganas de que estrenen, como Invictus. Uno de los mejores regalos de Reyes ha sido el de Be, que me ha regalado tres películas en alemán. Una de ellas quería verla desde hace año y medio.

– Libros. Que te aportan, que te enseñan, que te entretienen, que hacen todo eso a la vez, que te dan libertad, que te abren la mente… Ahora mismo estoy leyendo al señor Le Carré y el pensamiento habitual es: “que no acabe nunca”.

No hablo más sobre películas y libros porque como empiece no acabo nunca.

– Las fresas. Sólo quedan unas pocas semanas. Que le den a las posibles piedras en el riñón. Las fresas duran tan poco tiempo en el mercado que me atiborro. Mi madre tendrá la culpa, que comía barbaridades estando embarazada de mi. Es pensar en una fresa fresquita y me pongo contenta. No me pongo a enumerar todas las maneras en las que como fresas porque parecería Bubba.

– La piña.

– El mango. A mi me gusta comer el mango bien madurito, parafraseando a la filósofa.  Esta fruta la descubrí cuando mi madre estaba embarazada de mi hermana, que le dio por ahí. Desde entonces lo habitual es comerlos con sabor a madera, porque encontrar un buen mango es taaaaaan complicado… El otro día, comiendo uno asqueroso recordaba cómo el año pasado me quejaba porque el frutero me los daba demasiado maduros.

– Comer. Pero no cualquier cosa. Me gusta comer casi de todo, sólo tengo problema con la textura de algunas cosas, pero en general soy buena comedora. Que queréis, mi madre es vasca, mi padre cántabro, los dos cocinan impresionantemente bien, mis tías son unas cocineras de la leche… Amama es asturiana y sólo cocina bien los platos típicos. Pero sí que es cierto que estoy mal acostumbrada. No puedo comprender la gente que dice “no me gusta la verdura”, “no me gusta el pescado”. ¿Sabe igual un tomate que una alcachofa? ¿Una zanahoria y la coliflor? ¿los espárragos y el calabacín? ¿las espinacas y la berenjena? ¿es lo mismo comer un pixín rebozado que boquerones en vinagre? ¿es lo mismo comer cazón en adobo que raya a la mantequilla negra? ¿se puede comparar comer merluza a la gallega con emperador a la plancha? Pues eso, no puedo comprender.

– Beber. Kalimotxo fresquito en el norte, en las fiestas de algún pueblo. Un gintonic de sobremesa. Un vino blanco fresquito, vino tinto con el postre. Un vermouth antes de comer. Unos chupitos de crema de orujo después de comer. Un orujo de hierbas. Una jarra de cerveza con limón una tarde de verano. Una caña bien tirada en Madrid. Un copazo en la compañía del ron.

– Mis amigos.  Agur,  mis amigas de toda la vida… que empiezan a casarse, encontrarte con que tu mejor amiga patatera te busca en facebook y te encuentra, mis chicos madrileños con los que me encanta viajar, mis amigas de la uni, mis rubias (falta el volumen 3).

– Una buena sobremesa. Como la del día de Reyes, con charleta familiar. Con amigos. Arreglando el mundo, jugando un poco a las cartas. Con el gintonic ya mencionado, o el pacharán, o el orujito…

– Las endorfinas después de hacer deporte.

– Viajar. Me gusta viajar y descubrir que puedo estar igual de a gusto en Oporto, en Roma que en París, en Cádiz, en Alemania o en Curaçao. Tengo algunos amigos que son viajeros advanced, que han estado en varios continentes, que no sé de dónde sacan el dinero para recorrer tanto mundo… Yo me conformo con lo que voy haciendo poco a poco, y la verdad es que finalmente 2009 estuvo bien: Barcelona, Roma, París, Tenerife… No, lo del mes embarcada no cuenta porque… a pesar de que fue una experiencia vital bastante intensa no vi otra cosa que no fuera agua. Miento: vi dos delfines durante tres minutos. Miraba la costa hondureña y pensaba: ahí voy a desembarcar, en mitad de un golpe de estado. Menos mal (o no) que al final no fue así…

– Hablar idiomas (y aprenderlos). Es mi hobby. Para mí el euskera es el idioma que hablo en casa con los niños, porque no te tratan igual si les hablas en euskera que en castellano. Inglés es mi segunda lengua. Francés es ese idioma que tengo medio apartado, pero que en cuanto le dedico algo de tiempo vuelve todo a mi. Alemán es mi reto.

– Ir de compras.Parecerá un tópico. Me la suda. A mi me encanta irme de compras. Ya sea a comprar libros, cosas para la cocina, calcetines, ropa de deporte, pendientes, ropa, regalos…

– Cocinar. Cocinar para uno solo es un coñazo. Pero para más gente es placer. Tengo ganas de seguir haciendo recetas nuevas. La próxima receta nueva (es bastante tonta) es hacer una sopa de cebolla a la francesa…  Y en febrero tengo preparada en casa de los gordos cabrones una jornada gastronómica italiana. Mi tía va a hacer minestrone con pesto, mi tía la ex casera va a hacer su famosa lasaña y yo haré tiramisú.

– Estar con mi familia. Sea disfuncional o no, para mi poder pasar tiempo con mi padre, con mi hermana (a la que pronto llamaremos ex-pava),  o con mi madre es un lujo asiático. No te das cuenta de lo que tienes hasta que te alejas, y yo sé que tengo mucha suerte. Los chonucos, poder juntarse 15 personalidades como las nuestras durante 4 días y no discutir apenas… es estupendo. Es cierto que no había tiempo para discutir porque estábamos todo el rato comiendo o hablando de comida, pero… es complicado no chocar. Y mi otra familia, con amama al frente, esa única abuela mundial que cocina fatal, que te llama mierda y luego vida, que se parece por detrás a Pedro Almodóvar, que se deja violar “curiosito curiosito” y que sigue enamorada de mi abuelo después de 33 años viuda. Las familias en las que hay niños pequeños son distintas, hay más alegría. Y nosotros tenemos niños para exportar. En los últimos 10 años han nacido 9 niños.  Niños amorosos y guapos. Porque yo he visto fotos de otros niños y la verdad es que en mi casa se hacen los niños muy bien.

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Colesterol

Me pide que le dedique una receta “light”.

No sé si estará a la altura de determinados post. Miento. Sé que no va a estar a la altura, pero aquí va.

Pollo a la Miguel

Ingredientes (todo light)

-Cebolleta ( una si es grande, un par si son medianas)

– Champiñones frescos (una bandeja)

– Pechuga de pollo(calculad vosotros cuánto pollo coméis…)

– Nata líquida (bote de 200 ml)

– Unos tranchettes (tres o cuatro)

– Queso para gratinar

– Sal y pimienta

– Cerveza o vino blanco

Preparaçao:

– Se corta la pechuga en dados semigrandes. Se salpimenta y se pone en una cazuela a dorar. Dos minutos o así. Se saca en un plato con papel de cocina que absorba la grasa.

-A continuación la cebolleta cortada en semicírculos se pone a sofreír (plo, plo, plo, plo, esto quiere decir fuego medio-bajo) en ese aceite. Se añaden los champiñones y un generoso chorretón de cerveza o vino blanco, lo que se tenga a mano. Se añade sal y pimienta. Cuando aquello empiece a tener aspecto de estar cocinado y se haya evaporado el líquido de los champiñones  y el vino/cerveza, se agrega la nata líquida. Y se echan los tranchettes. Se remueve para que se fundan.

No pasarsus que el plato es contundente.

Se echa el pollo en la cazuela y se deja que se termine de hacer. Se rectifica de sal y pimienta.

Para terminar se pone el contenido de la cazuela en una fuente para horno. Se echa el queso de gratinar por encima, que lo cubra todo. Se mete en el horno (previamente precalentado) a gratinar hasta que tenga un aspecto tan repugnante al encender la luz (del horno) que os den ganas de churrepetear la puerta del mismo…

He de decir que esta receta tiene ese nombre por un viejo amigo que la inventó en su época de estudiante. Ha triunfado y triunfa mil.

Sería recomendable irse a dar un largo paseo después de comer esto. Mejor para comer que para cenar.

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