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Archive for the ‘mañanas’ Category

Ay, picaruelos, de esto queriáis que os hablara.

Sí, he vuelto peor de lo que me fui.

Porque he pasado una semana tan (poned mil “a” entre la “t” y la “n”) buena con Canadá.

Porque es un cachondo:

– Esa es la última cerveza europea que te vas a tomar.

– ¿Quieres hacer el favor de terminarte la cerveza? ¿Es que no piensas en toda la gente que no puede beber alcohol?

Otro día

– Si, Heike, debe de ser una cosa cultural, aquí los mendigos te piden dinero, no te lo ofrecen

Y otro día

– Creo que mi trabajo es antievolutivo, ayudo a gente a sobrevivir que quizá no sea lo suficientemente inteligente como para hacerlo sin nuestra ayuda. Hay gente estúpida que quizá merecería morir. ¡ Nunca me lo había planteado! ¡Mi trabajo es anti Darwin!

Otro día:

– Bueno ya sabes Heike, ahora te voy a contar una noticia sobre fútbol americano que te va a dar igual, pero tú haz como si te importara. ¿Sabes que han echado al entrenador de no se qué equipo?

Por sus intentos con el castellano:

Conversación en inglés con nuestra amiga de Chicago, que habla castellano.

Heike – Gracias (en castellano)

Canadá- Buenos Aires

Heike – ¿Buenos Aires?

Canadá- Sí, no sé cómo se dice “de nada” así que digo “Buenos Aires”

Se lo dije, pero dio igual, siguió diciendo Buenos Aires, y de hecho si yo le decía de nada en inglés hasta que no le decía Buenos Aires me preguntaba, ¿qué, qué?

Por los detalles:

– Toma, tus regalos de Navidad.

Súper patrióticos los canadienses.

– Unas manoplas rojas con la hoja de arce. Un gorro con orejas en el que pone Canadá. Un libro de “How to be a Canadian” y otro sobre los datos más importantes sobre su provincia.

Y después de verme dar grititos durante una semana, me dice un día: mira he visto algo que te gustaría. Y me lleva a un puestecito en el Pier 17 a enseñarme School buses de juguete. Y me regala uno. “Para que cuando juegues con él te acuerdes de mi“.

Porque fue todo sencillísimo. No siempre es fácil viajar con gente, hay algunos que simplemente se dejan arrastrar, no muestran interés, ponen las cosas difíciles, son poco flexibles…

Con él era todo:

– ¿Te parece si hacemos esto?

– Vale, después podíamos hacer lo otro.

Me proponía planes, me invitó a comer el mejor trozo de tarta de zanahoria de la vida, me invitó a cenar en un sitio estupendo…

Porque es encantador, habla con todo el mundo, es amable, educado y tiene muy buen carácter.

Por su cerebro, a veces (no muchas) se pone serio y oírle hablar da gusto:

– Lo que más me ha gustado… McSorly’s, ¿tú te das cuenta de todas las conversaciones y planes que habrán surgido en un bar que tiene 150 años de antigüedad?

– Eh, eh, no estés triste… Heike yo estoy contento. Hemos venido aquí para pasar tiempo juntos, ¿no?  Y ha sido la leche, ¿no? Yo estoy muy contento porque hemos pasado una muy buena semana. Nos queda una hora para despedirnos, no quiero que  hablemos de cosas tristes. Quiero que demos un paseo y aprovechemos el tiempo que nos queda. Quiero que estés contenta porque hemos podido volver a vernos.

Por su gusto musical:

Esta vez en nuestro viaje en tren, me fue tocando más canciones en la rodilla, utilizándola de batería.

Y… el post viaje…

Yo soy bastante tontolhaba. Y no sé por qué, entre el subidón y la pena, me dio por pensar que quizá él no se lo había pasado tan bien. Cuando nos despedimos no hablamos de la siguiente vez, y yo pensé que quizá no quería repetir, total esto es… como dice él… “we are crazy”.

Pero al día siguiente que le vi (viva skype, viva skype, viva skype) salió el tema, y me dijo que vendrá a verme, por mi cumpleaños (otoño).

Y yo decidí que sí, este año mis vacaciones de verano las paso en Canadá.

Y encima la semana pasada me dijeron que tengo un curso en Baltimore, EEUU, y si me lo aprueban hemos quedado en vernos en Chicago cuatro días, del 31 de Marzo al 4 de Abril.

 

Estamos locos.

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El jueves amanecimos con un viento helador.

Según Canadá no hacía frío. Era sólo viento.

Desayunamos y cogimos el metro hacia Lower Manhattan. Bajamos andando hasta Battery Park, el plan era coger el ferry gratis a Staten Island, porque varias personas me habían dicho que era mejor ese plan que el de gastarse la pasta en ir a ver la Estatua de la Libertad.

Así que tras sacarnos varias fotos con cara de frío en el fuerte Clinton, fuimos a coger el ferry.

Menudo frío, salimos  en todas las fotos con cara de “no es frío, es sólo viento”.

Íbamos escoltados por un par de lanchas motoras con señores armados, muy tranquilizador todo.

Llegamos a Staten Island y lo único que hicimos fue “pedir un zumo”. Que vamos a ver, que digo yo, once de la mañana, pues vale, un batido, ¿y no tenéis un tamaño un poco más pequeño que un litro y medio? ¡Pero cómo no váis a estar tremendos! ¿Y lo de los booster? ¿no puedo pedir un zumo que no lleve extra de metaanfetamina, antioxidante, concentrador?  Estaba buenísimo, pero  con 6 grados bajo cero meterte litro y medio de un batido congelado te da  temblequera estomacal.

Al llegar a Manhattan de nuevo, nos fuimos dando un paseo.

Oh “¡Sir Winston!

Sácame una foto delante de la Bolsa, que ahora estudio másteres y esas cosas.

El agujero que comentó Bisbal que podían poner un par de torres iguales ahí pues me pareció… vacío.

 

Me gustó mucho más esta iglesia.

Y mucho más esta zona,

al lado del Pier 17,

y después de ver este autobús tan de cerca

nos metimos en un centro comercial.

En este momento nos encontramos con unas chavalas adolescentes que nos quieren hacer una encuesta. Yo les digo que bueno, que somos de fuera, y les contesto a su encuesta sobre la contaminación de las aguas y no sé qué historias más. Y Canadá callado. Cuando ya nos vamos me dice el cabrón que como yo había dicho que somos de fuera él prefirió hacer como que no entendía nada.

Después andando andando, cogimos el puente de Brooklyn. Qué panzada a andar.

Qué bonito todo.

– Heike, saca fotos al bicho, que se te olvida todo el rato.

El plan era ir a comer a Grimaldi’s. Comimos una pizza enorme y empecé a quedarme dormida en la mesa.

Menos mal que pedimos dos capuccinos de postre. Y ahí él me preguntó, ¿has probado la root beer? (pero el refresco). Y al contestarle que no (como la canción de Mecano) me dijo: ah pues luego te compramos una.

Nos fuimos andando un poquino, un un poquino (¡hola Manuelita!) por el paseo de Brooklyn, no había ganas de tomar un gintonic donde me había recomendado Amanda, se hacía de noche, pero nos dio tiempo a sacar unos afotos.

Después probé la Root Beer. Sabor curioso. Nuevo. No me disgustó.

Esa noche nos fuimos a dar un paseo por Hell’s Kitchen, y por Times Square.

Sí, Mujeres Al borde de un ataque de nervios, en musical.

Qué coma diabético de luz y color.

Empezamos a buscar una camiseta que me había pedido mi cuñado. De fútbol. En Nueva York. Que entraba en tiendas de deporte a preguntar por ella y les faltaba apartarme con un palito. ¿Fútbol? Fus, fus, bicho.

Cenamos en un japonés sin pretensiones.

El viernes ya era el último día y me lo llevé a desayunar a Le Pain Quotidien, que había uno cerca del hotel y yo soy muy fan del de Juan Bravo con Velázquez en Madrid. De hecho en nuestra primera cita le llevé a comer ahí. Ooooooh.

Hicimos desayuno/brunch. A continuación subimos al Top of the Rock. Pagamos dos dólares por un panfleto que no usamos. Inteligentes, ¿eh?

Las vistas hablan por sí solas.

 

 

 

Al bajar entramos en la tienda Lego.

Ooooooooh.

Y a partir de aquí comenzaba el momento compras. Pateamos, pateamos, pateamos, fuimos a buscar un objetivo que me habían encargado, tienda cerrada, fuimos a Macy’s, seguimos buscando la camiseta, nos mandaron a Adidas (sólo en el Soho, había que coger el metro para ir a buscarla). Paramos a tomar un café, entramos en Victoria’s Secret (soy más de Agent Provocateur, pero el sueldo no me da). Cogimos el metro en la 34, después de pasar por una calle llena de floristerías y nos fuimos a buscar la camiseta. Ni en Adidas, que es el proveedor de la equipación de los Red Bulls de Nueva York (qué cosas aprende una) tenían la camiseta para mi cuñado. Tiramos la toalla y me lo llevé a Spring Street a ver dos tiendas que me habían llamado mucho la atención.

Me gustan las cosas bonitas, y las tiendas de menaje de cocina y las papelerías son mi perdición. ¡Y hay una enfrente de la otra!

Estaba en la mejor papelería que yo jamás había pisado y sólo pensaba en Agur. En cuánto le gustaría a ella. Era como de risa, cienes de papeles de envolver, de lazos, cuadernos, agendas… ¡y las tarjetas! No saqué muchas fotos porque me sentía ridícula.

Nos fuimos al hotel a descansar un poco antes de nuestra última cena.

El hombre se lo curró y me llevó a Patsy’s. Yo me había peripuesto, y estaba en modo flipada, cenando en Niu Yol, esperando a que nos sentaran y decidí pedir un Dry Martini. Y yo me suelo pedir los gintonics cortos de ginebra, así que cada vez que le daba un trago ponía los ojos en blanco.

Cenamos de maravilla, raciones gigantescas (as always), yo me tomé una copa de vino y Canadá dos, y luego pedí postre, que vienen con el carrito. Fresas. Primeras Fresas Del Año En Nueva York. Semi borracha.

Decidimos repetir a continuación Don’t Tell Mama pero ya no fue lo mismo, porque el bar estaba hasta arriba, era viernes. Nos pedimos dos cervezas cada uno y nos reímos bastante porque salió una muchacha a cantar canciones sobre ser judía. Curioso. Gracioso. Divertido.

Y después recuerdo vagamente (Dry Martini, copa de vino hasta arriba, dos cervezas) ir discutiendo con Canadá por la calle en alemán. Qué idioma, oiga, nuestra única discusión en una semana fue por una palabra en alemán.

La última noche pasó y llegó la última mañana, nos fuimos a desayunar, teníamos que despedirnos a la una y media en una estación de autobus, desayunamos, terminamos de hacer la maleta, nos fuimos a dar un paseo y a comer un trozo de tarta de fresa en Carnegie’s Deli.

Qué barbaridad. Pero yo tenía dolor de estómago de la pena y no podía apenas comer.

Y después nos despedimos en una estación de autobús.

Y el próximo post es Canadá, el hombre.

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Qué frrrrríooooo.

Y una vez dicho esto…  Niu Yol (la experiencia) será relatada en dos partes, la parte relativa a la ciudad  y la parte relativa a la compañía.

Mi esposa decía muy bien en su post sobre la ciudad que lo primero que te sorprende es que todo es como en las películas. Llegué al aeropuerto y era como los de las películas… y la primera noche, paseando por Times Square, Canadá comenta que me oyó reir y pensó “¿y esta de que se ríe?” hasta que vio que salía humo de una alcantarilla.

Nosotros llegamos entre pitos y flautas sobre las ocho de la tarde del día 14, nos encontramos en el hall (pero esto lo cuento en el post de Canadá) y nos fuimos de paseo esa noche. Pero poco, que para mi eran como las 4 de la mañana.

A la mañana siguiente, después de algunos problemas con el metro, ya sabéis, esta línea hoy no para aquí, pero mañana por ser día par sí, etc etc, nos fuimos andando hasta Central Park.

Oooooooooooooooh.

Habíamos quedado en el Met con una amiga, y allí estuvimos tres horas, qué barbaridad de museo enorme.

Dos comentarios:

– Se necesitan muchos días en el Met.

– Tienen un plano que es una mierda, está fatal señalizado, y eso que yo soy la Reina de los Mapas. Este título ha sido refrendado en Niu Yol.

Sábado 16 horas: nos vamos a ver si comemos algo. Que se jodan, ya les he metido los horarios raros en el cuerpo.

En serio, ¿cómo se come esto? Estuve cinco minutos dando vueltas a la hamburguesa antes de atreverme a atacar.

Esa noche habíamos quedado para cenar con una amiga neoyorquina de mi amiga para que nos hiciera de guía. Quedamos en el East Village y tratamos de tomarnos algo antes de cenar. Cosa curiosa, tener que hacer cola en la calle con 6 grados bajo cero para tomarte una cerveza ¡a las nueve de la noche! pero mereció la pena, porque conocimos este lugar.

El sitio tiene polémica con el Bridge Café (por lo que entendí) de qué bar es el más antiguo. Sólo sirven cerveza tostada o negra. Yo me tomé dos tostadas. Ricas.

Los chavales que embarcaban hacia la Primera Guerra Mundial dejaban los huesos de pollo colgados de esta lámpara, y debían recogerlos al volver. Así que esos huesos son de los que nunca pudieron volver.

Después de este momentazo nos fuimos a cenar a un sitio muy chulo y de moda. Cuando terminamos de cenar pasamos a tomarnos unos cócteles y yo pedí sopitas, porque con el jet lag me estaba quedando sopa y eran ya las doce.

Antes del brunch   en Meatpacking dimos un paseo ¡y nos encontramos con Banksy! El pobre Canadá se tragó un brunch con cuatro mujeres. Una californiana que era como de película, una de Florida/Chicago, otra de Illinois/Nueva York y una servidora.

Después, Liz, nuestra anfitriona neoyorquina nos llevó de paseo, paseo laaaaaaaaaaargo.

Estuvimos en el mercado de Chelsea, pasamos por West Village,

comí la mejor tarta de zanahoria de mi vida en un “picnic de invierno” en un banco en un parque todo cubierto de nieve,

Greenwich Village, NoHo y terminamos en NoLita. Allí descubrimos un parque a cubierto, donde me eché una siestecita porque habíamos estado andando bastante tiempo, me había tajado un poco en el brunch con tanto cóctel con champán (del uno al diez ¿cuánto asco doy?) y tenía sueeeeño.

En ese momento pedí tiempo muerto para ir al hotel un rato antes de cenar, y quedamos con las chicas en el West Village para cenar en un sitio agradable.

El lunes por la mañana quedamos a desayunar con mi amiga de Chicago/Florida, porque ya se iba a Chicago. Probé por primera vez el sirope de arce. No, no sabe a árbol. Canadá me dijo que me traerá un bote de regalito.

Maravillosas tortitas. Fuckin’ awesome.

Después nos fuimos al partido de los Knicks. Impresionante. El ambiente del Madison, el sentido del espectáculo de los americanos, el baloncesto en sí mismo, Steve Nash, Stoudemire, ver el cogote de Spike Lee, y el de Ethan Hawke. El cuarto cuarto con los vídeos de “Make Some Noise”. Las animadoras a golpe de melena.

Creo que esto está quedando muy largo y me encantaría que miraráis los enlaces y tal, así que mejor sigo con la crónica mañana.

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Hemos podido repetir esa frase unas doscientas veces. Pronunciada con acento londinense. Porque se la oímos a una aborígen aquí y nos hizo tanta gracia…

Generalmente me dedico a hacer posts que sólo yo entiendo, y mi mayor crítica (señora Barbijaputa) me lo suele reprochar, así que voy a hacer una crónica del viaje hablando de sitios, cosas para comer y tratando de no centrarme mucho en chistes privados con mi anfitriona…

El viernes por la noche mi querida prima me esperó para cenar, llegué a su casa (cerca de Hampstead) nos preparamos y nos fuimos de paseo.

Yo tenía muchísimas ganas de indio, me lo había planeado mentalmente para uno de los tres días que yo estuviera vagabundeando sola por ahí. Pero a las once de la noche era lo único abierto, así que nos metimos en uno.

Unos días antes había cocinado arroz con pollo al curry (especialidad de la casa) para un amigo, y se me había ocurrido la maravillosa idea de comprar un par de cervezas Cobra. El viernes por la noche, cerca de Shoreditch

Inciso

“Te llevo de fiesta a sitios con música que nos guste, nada de sitios muy fashion prima” me dijo

Fin del inciso

en el indio en el que entramos a cenar nos pusieron dos Cobra, pero de una pinta. Como es habitual en nosotras, tuvimos una noche curiosa, en la que los protagonistas fueron los camareros. Primero porque el camarero indio se empeñó en empezar  a sacarnos fotos… Y después porque estuvimos en un “B@1” , y los camareros nos invitaron a tres chupitos de Jägermeister. Ignoramos bastante el buen consejo sobre no mezclar. Y nos tomamos cada una un Strawberry Collins, un French’75 y un mojito. Todo nos parecía muy gracioso, no había más extranjeros en el bar que no fuéramos nosotras, nos pusieron buena música y nos reímos mucho mirando a la fauna del local…

El sábado me llevó desde Westminster hasta la Tate Modern dando un paseo por el Támesis. Me contó que el London Eye cuesta 25 libras así que decidí dejarlo para mi próxima visita en primavera… Estábamos reventadísimas así que nos retiramos muy pronto. Pero eso sí, paseamos también por Borough Market (que lo dejo para mi próxima visita más en profundidad), nos tomamos un Gin Tonic de Hendrick’s con pepino (bastante flojo) cerca de Southwark…

El domingo por la mañana decía el tiempo que había una pelota amarilla (juas) es decir, sol así que mi prima me llevó de paseo primero por Notting Hill, Portobello Road, donde nos estuvimos probando vestidos y… comimos. Yo quería un  Sunday Roast como Dior manda. Y allí me lo pusieron, con su yorkshire pudding y todo.  Aparecimos de repente en mitad del Caribbean sunday, rodeadas de rastafaris, y aprovechando que no llovía nos marchamos a Hampstead. Qué preciosidad.

El lunes ya estaba yo solita, así que me planeé primer día de cosas que me gustan… Por la mañana me fui a desayunar por recomendación de Iban a este sitio. Y desayuné exactamente lo que cuenta él.  Qué barbaridad. Qué pan. Como dice Iban, decir pan de molde es quedarse corto.

De allí me fui a Kensington Gardens, pasé por casualidad por el “Best Loo 2010” (qué risa de gente). En media hora pasó de hacer un sol de justicia a ponerse a llover. Vi un montón de ardillas, la ardilla número 15 ya no tenía tanta gracia… Me fui a Harrod’s a mirar el Food Hall, paré a tomarme un cafesito porque me había calado por el parque (tanto que no pude ver Hyde Park) y me marché al museo de Ciencia.

Como me lo habían recomendado tanto me defraudó un poco, supongo que si se va en otoño cuando no haya tanto niño pululando tendrá más gracia, porque monopolizaban todas las cosas interactivas. Y mira que yo tengo instinto maternal, pero me jodieron el plan…

Cené con mi prima y un compañero suyo indio en Covent Garden. En el restaurante italiano que hay.  Menuda clavada nos pegaron… fue la cena más cara de todas. Creo que pagamos 25 libras cada una… o algo así. Sin postre. Y bebiendo agua.

Ayer tenía organizado para mi misma mi plan de “porque yo lo valgo”. Lo cambié varias veces porque ayer el tiempo era de todo menos estable. Que si sol, viento, lluvia, sol, lluvia, sol…

Primero me fui a Charing Cross Road a un par de librerías. Me compré un libro de Tom Sharpe y otro de John Le Carré, dedicado de un tal Peter a una tal Nan en Agosto del 83. Como yo soy del 83 me hizo gracia… soy una sentimental…

De allí me marché al museo de Churchill y las Cabinet War Rooms. Lo que pude disfrutar allí dos horas. Aviso: cuesta 14.95 libras la entrada. Pero como últimamente estoy bastante bélica me mereció la pena. Me compré un par de frikadas que no pienso confesar sin alcohol de por medio…

Por la tarde como había salido el sol cambié el plan de la Tate Modern por irme a Camden. Hace unos añitos me hubiera gustado mucho más que ahora, pero disfruté bastante porque compré 4 imanes de Banksy. Para mi misma ya me había comprado este.

Y hoy, para terminar me he ido a la Tate Modern. Que no me ha gustado tanto como esperaba, porque sinceramente a mi el arte tan  tan moderno, me deja fría.

Inciso

Joder, cómo me estoy moderando. Hace apenas unos meses hubiera dicho: me parece una puta mierda. Ahora sólo lo pienso, no lo escribo. ¡uy!

Fin del inciso

He comido con mi prima cerca de su cole, en un tailandés.

Y ahora me voy con dolor de corazón pero también con el corazón contento porque…

– No he podido evitarlo y me llevo comidita rica (if that is possible) en la maleta. Sal Maldon, arroz basmati, curry Sherwood’s (chicos en breve os convoco a edición de pollo al curry), toffees de menta, Fruit & Nut, shortbread…

– Me compré unos libros que me han a hacer feliz y me van a entretener en mis vacaciones

– Me lo he pasado genial con mi prima, nos hemos reído,hemos creado otro alter ego para mi misma en frisburl, hemos paseado, nos hemos reído más, nos ha pasado de todo, nos hemos reído más, hemos planeado mentalmente cosas para hacer la próxima vez que vuelva  y ¡nos vemos en sólo dos semanas en Madrid!

– He conseguido no desbarrar con mi visa y no me he pasado nada de nada… Aguanté para no comprarme esos bolsos que me miraban con ojos golositos, ni los foulares, ni… eso sí, mentalmente me habré gastado aprox unos dos millones de euros. Si le sumamos la mansioncita de Hampstead sube a 4

Vuelvo a Madrid, pero mis vacaciones no han hecho sino empezar. Mañana me voy a Bilbao, saldré con mis amigas por fiestas y el sábado tenemos bodorrioooo.

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Estuve la semana pasada cinco días de vacaciones con los chicos por el Norte.

Además, la señorita Luz (mi prima astur-venezo-catalo-londinense) y yo nos volvimos locas y le compramos un vuelo Londres-Bilbao para pasar el fin de semana.

Quedó demostrado que nosotras + Bilbao = locura absoluta.

Incluidas conversaciones surrealistas en una farmacia, historias sobre “La mano que mece la cuna” porque la niña dice que siente que trabaja con Rebecca de Mornay, pintxos, pintxos, pintxos, los chicos mirándonos atentos a cuatro amigas hablando sobre tuppersex y los accesorios que nos habíamos comprado, una noche con escotes masculinos y femeninos y… mucho más.

Al día siguiente nos fuimos de excursión por la costa, después de no haber dormido casi nada y estar destrozaditos. Dejamos a la señorita en el aeropuerto, con momentos femeninos efusivos de por medio, “¿cuándo nos veremos, amor?”  y continuamos viaje a Santoña.

De nuestras vacaciones hay que remarcar que:

– hizo solazo cuatro días seguidos e incluso pudimos ir a la playa una tarde

– nos dedicamos a comer y beber como si se acabara el mundo

– mis amigos casi quieren a mi familia más que a mi

– Chiqueto tiene una capacidad sobrehumana para imitar el ruido de las ballenas

Estábamos llenos de buenas intenciones, como “madrugar” y largarnos de excursión. En la realidad esto se traducía a comernos un pinchaco de tortilla a las once y media y quedarnos empachados para casi todo el día…

También les he visto desayunar marmitako en casa de mi madre.

Además les metí una paliza de km y km encima a los pobres, con la panza llena.

Me dejaron sin palabras el día de:

– ¿Cuánto pesa el chuletón pequeño?

– 1 Kg o 1Kg 200.

– Ah, pues ponlo para nosotros dos

Todo esto después de haberse sentado a la mesa diciendo que no tenían hambre. El señor Nxo (o Gaznxo) tuvo los arrestos de pedirse DOS postres después del chuletón.

Cada día estoy más convencida de que en realidad es vasco y no lo quiere reconocer por humildad…

Los chicos montaron un grupo de música en Salobreña (tipo música de gasolinera) denominado Los Salobreños. El primer disco fue titulado “Las olas de tu amor”.

Pues en la playa de Santoña hicieron la foto de portada del disco, y empezaron a pensar en el título del otro CD “Corazón de salitre”, etc.

Entre los temas del disco “Las olas de tu amor” figuran canciones como:

– Gaznxo (por la afición del niño a beber gazpacho a cualquier hora, sean las tres de la mañana, las once, las cinco de la tarde…)

– Las cañas que no te invité (por unas cañas que nos debía desde hace tiempo)

– Peligro, asador (después del día del chuletón, y debido a estas señales de carretera que nosotros decidimos reinterpretar)

– Lo que te perdiste cuando bajaste a por el pan (de las fotos de los chicos con la señorita londinense en Bilbao sentados debajo de unos flexos)

– La marea de tu ausencia

– Los Salobreños featuring Kim Luz – The Waves of your love (bonus track)

Como véis, además de comer nos da tiempo a decir doscientas gilipolleces por minuto.

También bebimos, acompañados de mi señor padre, unos vinos y unos gintonics.

Los vinos fueron durante el fútbol, con momento impresionante porque…

Llevábamos varios días haciendo el gesto de “Me gusta” tipo feisbuk y el vídeo de “Qué vida más triste”. Estamos viendo el partido cuando Torres falla una ocasión pero inmediatamente después le hace el gesto de “Me gusta” al que le había dado el pase…

Querían que mi padre se haga coach emocional, después de ver cómo me calla a mi la boca y los consejos que les daba a ellos.

Después, nos quedamos con ganas de playa, con ganas de monte, con ganas de piragua, con ganas de más días, con ganas de un cd que sonara bien…

Mañana además el señor Nxo cambia de trabajo, termina la etapa 2 en la que nos encontramos de repente seis viejas glorias trabajando en cuatro plantas del mismo edificio.

Siempre he sido un poco sensiblona con lo de los cambios de etapa, pero es cierto que lo bueno que tienen es que en cada etapa vas ganando gente con la que te quedas, pero los grandes quedan siempre

¡Mucha suerte, salado!

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¿Sabéis cuando un fin de semana es tan genial que después tienes como una opresión en el pecho?

Como resaca emocional, como sobredosis de endorfinas

No soy capaz de abarcar todo, así que voy a hacer una enumeración…

6 personas, dos coches, tres varones, tres mujeres…

Ncientos km. Ndecenas de tinnnnnnnntos de verano… ¡Y taaaan barato!

Paradas en el Lidl a hacer una compra totalmente ridícula, y te adelanto, no ahora vas tú delante, y

1) AMINORAAAA

2) HE PERDIDO LAS CUERDAS VOCALES HACE 500 M

3) ¿Qué hacemos parados en los dos carriles de una carretera?

Y baños en la playa, incluso con susto y rasguños en las rodillas… Y baños en la piscina, y picaduras de mosquito…

Y “si es una polla te folla“, y videoclips de Laura Pausini, y desayunos frente al mar. Gazpacho a las tres de la mañana, desayuno de macarrones con tomate, gofres con nocilla, yogures…

Cachimbas, y ¡cubatas de ron/cola buenísimos!

– Seráaaa maraaavillooosoooo viajaaar a Saaaaalobreeeeeñaaaaa

Y el mirador de San Nicolás, aunque llegáramos quince minutos tarde. Y vodka-caramelo, y “Marmoooorrrrmiiiiih”…

Y Steady Running en la orilla, y me caigo y quieren tirarme al agua. Cazón, fritura de pescado, ensaladas, taaaaapaaaah…

Y este vídeo, llevado al absurdo, que se transformó en “Valeriano”.

– Os he grabado la puta mierda de canción…

Heike una vez más escupe para arriba, porque la habría grabado quince veces seguidas viéndoles tan contentos…

Y comemos helado a lo bestia porque somos “golafres”, y cada vez que Nxo estornudaba por la alergia “Delafé, señora”, y tenemos que ir a Bilbao, a Valencia, volver a Salobreña porque lo hemos dejado casi todo sin hacer, fotos en la terraza de “Los Salobreños”, y de Mr Proper y la yonki, y la extraña pareja Cospe-Coyote Dax…

Y ya volviendo, Baeza y las cocretas, Úbeda, los olivos, la música, las risas, las llamadas de teléfono intercoches, “Operador cuelga tú, no tú”, “a las mujeres hay que trabajárselas” dice el padre del Chiqueto…

Y esta es solo una mínima parte de todo lo que ha podido pasar…

Me ennnnnncanta viajar con vosotros, ¡melones!

P.D: ¡Quiero el disco de los Salobreños autografiado!

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No puedo describir cuánto me gusta Spotify.

De repente tengo 11 años y estoy en una verbena en mi pueblo, mientras suena Loiolan jai jai.

Si suena Carlos Cano es sábado por la mañana y mi madre tararea. O Maria Dolores Pradera. O Chavela Vargas.

O tengo 13 y suena Fear of the dark y  S.H.A.K.T.A.L.E.

O 15 y suena Noiz…? de Idi Bihotz. Y Laztana de Latzen. Y canciones de Su ta Gar. Y Negu Gorriak. Y Reincidentes. Y Extremo, por supuesto. Y Gorka Limotxo. Y Alaitz eta Maider

O Sarri sarri de Kortatu. O Don’t Cry, de Guns ‘n’ Roses. Y me acuerdo de Verónica, y pienso en qué habrá sido de su vida.

Golfa, y me acuerdo de aquel mes  con el osillo panda en Inglaterra.

Salve, de La Polla Records, y me acuerdo de mi rollete vitoriano. O I want out, y pienso en mi amiga Mer, que se va ahora a Estrasburgo de prácticas.O Marea. O Puta, y pienso en ella y en la rubia número dos. O “Yo minoría absoluta” y pienso en María, aquel concierto en el que sudamos tanto…

O suena “Hot Stuff” y pienso en Cleo, y la última vez que nos vimos.

Dolores se llamaba Lola y pienso en mis chicos de Santoña. O Whitesnake. O Dream Theater. O Helloween.

Duncan Dhu o Antonio Vega y me acuerdo de ti ;), que estás en Cardiff…

Amparanoia, Fito, Mano negra, cualquier clase de punk, ska, y me acuerdo de Schwejk. Y de Manuela.

Whiskey in the Jar y pienso en Miguel, y en todas las noches que trabajamos juntos…

Pero eso sí, todavía no estoy  preparada para oir a Sir Eric… Y mucho menos el Concert for George.

Y esto son solo ejemplos de la música variadita que me pongo cuando me apetece que me acompañe un rato alguien importante…

Ando esperando a ver si los chicos terminan de editar el post que hemos escrito a seis manos…

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