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Archive for the ‘cenas’ Category

El jueves amanecimos con un viento helador.

Según Canadá no hacía frío. Era sólo viento.

Desayunamos y cogimos el metro hacia Lower Manhattan. Bajamos andando hasta Battery Park, el plan era coger el ferry gratis a Staten Island, porque varias personas me habían dicho que era mejor ese plan que el de gastarse la pasta en ir a ver la Estatua de la Libertad.

Así que tras sacarnos varias fotos con cara de frío en el fuerte Clinton, fuimos a coger el ferry.

Menudo frío, salimos  en todas las fotos con cara de “no es frío, es sólo viento”.

Íbamos escoltados por un par de lanchas motoras con señores armados, muy tranquilizador todo.

Llegamos a Staten Island y lo único que hicimos fue “pedir un zumo”. Que vamos a ver, que digo yo, once de la mañana, pues vale, un batido, ¿y no tenéis un tamaño un poco más pequeño que un litro y medio? ¡Pero cómo no váis a estar tremendos! ¿Y lo de los booster? ¿no puedo pedir un zumo que no lleve extra de metaanfetamina, antioxidante, concentrador?  Estaba buenísimo, pero  con 6 grados bajo cero meterte litro y medio de un batido congelado te da  temblequera estomacal.

Al llegar a Manhattan de nuevo, nos fuimos dando un paseo.

Oh “¡Sir Winston!

Sácame una foto delante de la Bolsa, que ahora estudio másteres y esas cosas.

El agujero que comentó Bisbal que podían poner un par de torres iguales ahí pues me pareció… vacío.

 

Me gustó mucho más esta iglesia.

Y mucho más esta zona,

al lado del Pier 17,

y después de ver este autobús tan de cerca

nos metimos en un centro comercial.

En este momento nos encontramos con unas chavalas adolescentes que nos quieren hacer una encuesta. Yo les digo que bueno, que somos de fuera, y les contesto a su encuesta sobre la contaminación de las aguas y no sé qué historias más. Y Canadá callado. Cuando ya nos vamos me dice el cabrón que como yo había dicho que somos de fuera él prefirió hacer como que no entendía nada.

Después andando andando, cogimos el puente de Brooklyn. Qué panzada a andar.

Qué bonito todo.

– Heike, saca fotos al bicho, que se te olvida todo el rato.

El plan era ir a comer a Grimaldi’s. Comimos una pizza enorme y empecé a quedarme dormida en la mesa.

Menos mal que pedimos dos capuccinos de postre. Y ahí él me preguntó, ¿has probado la root beer? (pero el refresco). Y al contestarle que no (como la canción de Mecano) me dijo: ah pues luego te compramos una.

Nos fuimos andando un poquino, un un poquino (¡hola Manuelita!) por el paseo de Brooklyn, no había ganas de tomar un gintonic donde me había recomendado Amanda, se hacía de noche, pero nos dio tiempo a sacar unos afotos.

Después probé la Root Beer. Sabor curioso. Nuevo. No me disgustó.

Esa noche nos fuimos a dar un paseo por Hell’s Kitchen, y por Times Square.

Sí, Mujeres Al borde de un ataque de nervios, en musical.

Qué coma diabético de luz y color.

Empezamos a buscar una camiseta que me había pedido mi cuñado. De fútbol. En Nueva York. Que entraba en tiendas de deporte a preguntar por ella y les faltaba apartarme con un palito. ¿Fútbol? Fus, fus, bicho.

Cenamos en un japonés sin pretensiones.

El viernes ya era el último día y me lo llevé a desayunar a Le Pain Quotidien, que había uno cerca del hotel y yo soy muy fan del de Juan Bravo con Velázquez en Madrid. De hecho en nuestra primera cita le llevé a comer ahí. Ooooooh.

Hicimos desayuno/brunch. A continuación subimos al Top of the Rock. Pagamos dos dólares por un panfleto que no usamos. Inteligentes, ¿eh?

Las vistas hablan por sí solas.

 

 

 

Al bajar entramos en la tienda Lego.

Ooooooooh.

Y a partir de aquí comenzaba el momento compras. Pateamos, pateamos, pateamos, fuimos a buscar un objetivo que me habían encargado, tienda cerrada, fuimos a Macy’s, seguimos buscando la camiseta, nos mandaron a Adidas (sólo en el Soho, había que coger el metro para ir a buscarla). Paramos a tomar un café, entramos en Victoria’s Secret (soy más de Agent Provocateur, pero el sueldo no me da). Cogimos el metro en la 34, después de pasar por una calle llena de floristerías y nos fuimos a buscar la camiseta. Ni en Adidas, que es el proveedor de la equipación de los Red Bulls de Nueva York (qué cosas aprende una) tenían la camiseta para mi cuñado. Tiramos la toalla y me lo llevé a Spring Street a ver dos tiendas que me habían llamado mucho la atención.

Me gustan las cosas bonitas, y las tiendas de menaje de cocina y las papelerías son mi perdición. ¡Y hay una enfrente de la otra!

Estaba en la mejor papelería que yo jamás había pisado y sólo pensaba en Agur. En cuánto le gustaría a ella. Era como de risa, cienes de papeles de envolver, de lazos, cuadernos, agendas… ¡y las tarjetas! No saqué muchas fotos porque me sentía ridícula.

Nos fuimos al hotel a descansar un poco antes de nuestra última cena.

El hombre se lo curró y me llevó a Patsy’s. Yo me había peripuesto, y estaba en modo flipada, cenando en Niu Yol, esperando a que nos sentaran y decidí pedir un Dry Martini. Y yo me suelo pedir los gintonics cortos de ginebra, así que cada vez que le daba un trago ponía los ojos en blanco.

Cenamos de maravilla, raciones gigantescas (as always), yo me tomé una copa de vino y Canadá dos, y luego pedí postre, que vienen con el carrito. Fresas. Primeras Fresas Del Año En Nueva York. Semi borracha.

Decidimos repetir a continuación Don’t Tell Mama pero ya no fue lo mismo, porque el bar estaba hasta arriba, era viernes. Nos pedimos dos cervezas cada uno y nos reímos bastante porque salió una muchacha a cantar canciones sobre ser judía. Curioso. Gracioso. Divertido.

Y después recuerdo vagamente (Dry Martini, copa de vino hasta arriba, dos cervezas) ir discutiendo con Canadá por la calle en alemán. Qué idioma, oiga, nuestra única discusión en una semana fue por una palabra en alemán.

La última noche pasó y llegó la última mañana, nos fuimos a desayunar, teníamos que despedirnos a la una y media en una estación de autobus, desayunamos, terminamos de hacer la maleta, nos fuimos a dar un paseo y a comer un trozo de tarta de fresa en Carnegie’s Deli.

Qué barbaridad. Pero yo tenía dolor de estómago de la pena y no podía apenas comer.

Y después nos despedimos en una estación de autobús.

Y el próximo post es Canadá, el hombre.

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Decíamos ayer…

Que fuimos a ver un partido de baloncesto. Y al salir, cómo no, hacía mucho frío.

Cogimos el metro camino de Chinatown y Little Italy. Tras andar un poco y pasar por un edificio la mar de raro, que nos recordaba a Gotham (y que me acabo de enterar de que es la sede de AT&T) llegamos a Chinatown.

Y Miss Energy me había dado órdenes estrictas de entrar en las trastiendas para buscar bolsos de Gucci o Fendi o Prada. Yo no iba a ir de compras, así que preferí que entráramos a dar vueltas por un supermercado. Impresionante el bullicio, las señoras pequeñitas empujándote con descaro, vamos, les das un paraguas como a las bilbaínas y te hacen una avería.

Y la comida, claro. Yo lo miraba todo, el pescado en salazón, las verduras rarísimas… Veía esas verduras y pensaba: “me ponen esta verdura en una tabla de cortar y tengo que preguntarle ¿y contigo qué hago? ¿te cuezo? ¿te pongo al vapor? ¿entera? ¿en tiras? ¿en dados? ¿te pelo?”

Tras darnos varias vueltas por allí, decidimos buscar un chino que nos diera de cenar/comer a las cinco de la tarde, y encontramos uno en el que los únicos con pinta occidental éramos nosotros dos. Y nos comimos un menú por 13 dólares cada uno, bastante barato para lo que es Manhattan.

Nos pedimos un té para llevar y dimos un paseo por Little Italy, lo que más me gustó fueron las tienditas pequeñas con una ropa preciosa. ¡Peeeero yo no tenía dinero para comprar cosas! Bastante regalo había sido ya el viaje en sí.

Como hacía un frío que pelaba decidimos irnos a descansar un rato, y sobre las nueve de la noche  nos fuimos a Don’t Tell Mama. Al ser lunes estaba aquello vacío, nos sentamos, yo me pedí un GT y el niño un Spiced Rum con Cola. El GT estaba bastante asquerosito, así que decidí migrar a la cerveza. Don’t Tell Mama funciona de la siguiente manera: gente amateur o semiprofesional que para por allí sale a cantar canciones de Broadway, jazz, rock o pop. Tienen un bote en el que puedes dejar propinas. No pagas nada, pero te tienes que tomar mínimo dos bebidas por persona. Cuando llegamos a mi no me convenció, pero como nos teníamos que tomar la segunda cerveza… (Sam Adams) pues allí nos quedamos. Y confieso que cuando dejaron de cantar canciones de musical y la cantante entonó “Me and Bobby McGee” mi opinión cambió. Seguimos bebiendo y llegamos a ese estado de euforia etílica en el que todo nos parecía genial. De hecho yo me atreví a pedir dos canciones.La primera:  “River Deep Mountain High”, que no se sabía bien la cantante y la cantamos entre todos los acólitos anónimos que poblábamos el bar. A esta altura Canadá y yo estábamos entregadísimos, nos habíamos gastado como 80 dólares en alcohol y una propina de 10 dólares a los del piano. Canadá me decía que le parecía demasiado “barato” pedir una canción de Sinatra. Como demasiado típico. Hasta que cambia el cantante y sale uno que empieza a cantarlas todas, y yo no me pude resistir y pedí la segunda: “The way you look tonight”. Un rato después decidimos retirarnos…

El martes amanecimos con un tiempo espantoso y teníamos que ir a las dos a hacer cola para ir de público al Show de David Letterman. No hay ninguna foto, no te dejan sacar ninguna. Funciona de la siguiente manera: llegas, haces cola en la calle, pasas, te toman los datos, te dan unas entradas, te mandan que vuelvas a las tres y media, te meten en una sala y empiezan con la motivación para que aplaudas, grites y te sueltes la melena. Yo soy terrible con la vergüenza ajena, y podía reírme, pero gritar a lo americano era demasiado para mi. Confieso que antes de entrar de público estaba acojonada con no entender ni papa, pero qué narices… si me dice Canadá todo el rato “you’re a fucking Anglo”.Los invitados eran: Betty White, las Kardashian y de banda The Script. Betty White, simplemente genial, ¡haced el favor de ver el vídeo! . Maldita jefa y ejemplo a seguir cuando dice “Vodka is kind of a hobby”. Las Kardashian pues… podéis ver el vídeo. Dice Canadá que son “as intellectually challenged as Paris Hilton”. Totalmente cierto. Lerdas.

Cuando salimos, decidimos que queríamos seguir con el día del humor, así que sobre las siete nos fuimos a Chelsea a cenar y acercarnos más tarde al club de la comedia “Gotham” a ver un monólogo. “Heike, vamos a este sitio a cenar que dicen en todas partes que está muy bien”. Cuando llegamos, era una pijada, así que nos fuimos al de enfrente a comernos una pizza del tamaño de Wisconsin por lo menos. El monólogo fue unas risas, eso de oír chistes sobre judíos es una novedad curiosa. Me hizo llorar de la risa la monologuista un par de veces.

El miércoles habíamos quedado con un matrimonio mayor que conocimos en el Pueblo Inglés. Teníamos que coger un tren a las diez de la mañana en Grand Central Station, salimos a las ocho y media, llegamos a la estación, desayunamos, creo que me dio un subidón de azúcar que casi me quedo en el sitio después de comer un bollo de canela.

Subimos al tren y empecé a flipar con los nombres de las estaciones. ¿Valhalla?

 

¿Pleasantville?

 

Además tengo que contaros que cada vez que esos días yo veía un autobús de escuela sonreía y me ponía contenta. Él se descojonaba. Pero teniáis que ver su cara cada vez que oía un sonido de ambulancia o camión de bomberos. Eso es deformación profesional. Vamos, que vaya par de tontolhabas aldeanos…

Así que íbamos en el tren y de repente… “Heike, mira, mira”

Oooooh ¡un parking de autobuses de escuela!

Por fin llegamos y vinos a recogernos nuestro amigo. Nos dio un paseo por su zona antes de llevarnos a su casa.

Impresionante.

Nos contó que esos lagos son la reserva de agua dulce de la ciudad de Nueva York, y están controladísimos por las amenazas terroristas de envenenamiento etc.

Después nos fuimos a su casa. Tienen un labrador negro que tiene 16 años y daban unas ganas de abrazarla todo el rato…

Comimos con ¡vino de Valdepeñas! La comida estaba riquísima y la señora me dio una receta de bizcocho de manzana que nos había hecho que estaba de alucinar. Son gente muy interesante, muy cultos y como decía Canadá… en sus años mozos se debieron de fumar toda la marihuana que encontraron. Ahora tienen 70 años y son abuelitos. Fue un día muy agradable. Sobre las cuatro cogimos el tren de vuelta.

De camino al hotel pasamos por el Diamond District, ya son cutres estos judíos, que las tiendas de diamantes con anillos de compromiso parecían tiendas de estas de electrónica.

Esa noche nos fuimos a tomar unas cervezas a un irlandés y cenamos allí.

Ya sólo quedaban los dos últimos días, que dedicamos básicamente al turismo.

Que contaré en el último post sobre Niu Yol (la ciudad) antes de pasar a Canadá (el hombre).

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Qué entrañables fechas las prenavideñas.

Como conté el año pasado,

Inciso

Vol 1

Vol 2

Vol 3

Fin del inciso

yo no tengo una, sino tres cenas navideñas de trabajos y ex-trabajos, además de la comida del departamento.

Y mis padres y su manía repetitiva de cumplir años ambos dos la semana antes de Navidad.

Este fin de semana vuelvo a celebrar mi cumpleaños (para mear y no echar gota).

A mi prima (conocida como osillo panda o sitoponds) se le ocurrió que nos fuéramos el puente de Diciembre a Cantabria y seguro seguro seguro que no vamos a comer acelgas hervidas.

Y mis amigas han decidido que el del diez de Diciembre nos vamos a Salamanca. Con ellas el plan no es muy de comer, pero sí de beber al grito de : “Joderrrrr Heike, desde que vives en Madrid estás amariconada”.

Por no contar con que tengo una cena pendiente del grupo “Esto no es una Cita, es una Cena” durante Noviembre.

Mañana tengo “evento” internacional en el curro que dura dos días. Con comidas y cenas de trabajo.

Y las Navidades vuelven a empezar con el clan de los Chonucos en la Sierra de Francia.

Es decir:

– unas cañas cumpleañeras

– una cena de tirar la casa por la ventana

– tres cenas/fiestas prenavideñas

– un fin de semana en Cantabria

– otro en Salamanca

– una comida de empresa

– un evento de trabajo de dos días

Qué bien suena todo, voy a ver si vomito un poco para ir haciendo sitio…

 

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Formalidad

Llevo trabajando desde el lunes y no tengo nada de depresión postvacacional.

La noche del domingo la pasé casi sin dormir, no sé si por el calor… Aunque sospecho que es que estaba ilusionada como los niños antes del primer día de cole. SOS puerilidad.

Como dice “top 5 personas encantadoras del mundo”, para mi el año empieza en Septiembre. Y tengo la cabeza llena de propósitos y planes. Pero propósitos y planes para cumplir… Que no deben quedarse en buenas intenciones…

Uno de ellos es la formalidad. Porque el año pasado fue un año yo creo que de transición, de “oh dior mío estoy soltera, vamos a quemar todas las naves”. Y el hígado.

Así que hubo bastante desorden mental y vital. Tipo: como y ceno todos los días por ahí y luego me extraña engordar y tener la cuenta temblando.

Y ahora que he encontrado estabilidad (pero flat nice como mi prima londinense) quería poner un poco de orden.

Cocinar más, hacer más deporte, estar más en casa… y hacer un montón de cosas que me apetece mucho hacer. Como ir a exposiciones, pasear, estudiar y ver películas.

Peeeeeero entre medias se me mete toda esa gente que me conoce y que sabe que me apunto a un bombardeo y no paran de proponerme cosas. Y yo estoy easy. O soy easy. A veces me traiciona el subconsciente…

Lunes: “no seas sosa, vente a cenar a casa”. Y otras diciéndome “no seas sosa, ¡vente a cenar mañana!”.

Martes: tuve que descartar a las que me decían que me fuera a cenar porque ya había quedado yo a cenar… algo tranquilito eh, sólo me tomé un tinto de verano, media botella de crianza y media copa (creo que la formalidad se me fue de las manos)

Miércoles: mi clase se cancela, así que aprovecho que había dicho a todo el mundo que tenía inglés para irme a casa…

Jueves: tengo que llevar a cenar a mi muhé, que la tengo abandonada. Pero otro día hablaré de la convivencia con mi muhé. ¿Cómo? ¿Que ya no vives sola? ¿Desde hace mes y medio? Si es que a pesar de mi verborrea ¡no os cuento nada de nada!

Mañana: mañana librooooooo. Es decir, me pienso atrincherar en casa y descansar.

Sábado: mañana femenina, tarde de descanso porque por la noche tengo cena de cumpleaños más copas. A la cena vamos 4 o 5 parejas, aún no está claro del todo, y a las copas de después creo que hemos quedado como con dos o tres grupos distintos de gente…

Pero ya estaba ahora una amiga diciéndome que cancelara mi mañana femenina para irme a subir Peñalara.

Y le he tenido que decir que no, que me mi prioridad es el cumpleaños de mi prima londinense, y yo no fabrico la misma sustancia que ella, que se pega 50 kms de bici y luego sale hasta las cinco de la mañana…

Y el domingo tocará recuperación porque tengo comida familiar política… (de mi prima) y cine cultureta por la noche…

Pero eso sí, me he propuesto volver a la sequía alcohólica entre el domingo y el día de mi cumpleaños…

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Hemos podido repetir esa frase unas doscientas veces. Pronunciada con acento londinense. Porque se la oímos a una aborígen aquí y nos hizo tanta gracia…

Generalmente me dedico a hacer posts que sólo yo entiendo, y mi mayor crítica (señora Barbijaputa) me lo suele reprochar, así que voy a hacer una crónica del viaje hablando de sitios, cosas para comer y tratando de no centrarme mucho en chistes privados con mi anfitriona…

El viernes por la noche mi querida prima me esperó para cenar, llegué a su casa (cerca de Hampstead) nos preparamos y nos fuimos de paseo.

Yo tenía muchísimas ganas de indio, me lo había planeado mentalmente para uno de los tres días que yo estuviera vagabundeando sola por ahí. Pero a las once de la noche era lo único abierto, así que nos metimos en uno.

Unos días antes había cocinado arroz con pollo al curry (especialidad de la casa) para un amigo, y se me había ocurrido la maravillosa idea de comprar un par de cervezas Cobra. El viernes por la noche, cerca de Shoreditch

Inciso

“Te llevo de fiesta a sitios con música que nos guste, nada de sitios muy fashion prima” me dijo

Fin del inciso

en el indio en el que entramos a cenar nos pusieron dos Cobra, pero de una pinta. Como es habitual en nosotras, tuvimos una noche curiosa, en la que los protagonistas fueron los camareros. Primero porque el camarero indio se empeñó en empezar  a sacarnos fotos… Y después porque estuvimos en un “B@1” , y los camareros nos invitaron a tres chupitos de Jägermeister. Ignoramos bastante el buen consejo sobre no mezclar. Y nos tomamos cada una un Strawberry Collins, un French’75 y un mojito. Todo nos parecía muy gracioso, no había más extranjeros en el bar que no fuéramos nosotras, nos pusieron buena música y nos reímos mucho mirando a la fauna del local…

El sábado me llevó desde Westminster hasta la Tate Modern dando un paseo por el Támesis. Me contó que el London Eye cuesta 25 libras así que decidí dejarlo para mi próxima visita en primavera… Estábamos reventadísimas así que nos retiramos muy pronto. Pero eso sí, paseamos también por Borough Market (que lo dejo para mi próxima visita más en profundidad), nos tomamos un Gin Tonic de Hendrick’s con pepino (bastante flojo) cerca de Southwark…

El domingo por la mañana decía el tiempo que había una pelota amarilla (juas) es decir, sol así que mi prima me llevó de paseo primero por Notting Hill, Portobello Road, donde nos estuvimos probando vestidos y… comimos. Yo quería un  Sunday Roast como Dior manda. Y allí me lo pusieron, con su yorkshire pudding y todo.  Aparecimos de repente en mitad del Caribbean sunday, rodeadas de rastafaris, y aprovechando que no llovía nos marchamos a Hampstead. Qué preciosidad.

El lunes ya estaba yo solita, así que me planeé primer día de cosas que me gustan… Por la mañana me fui a desayunar por recomendación de Iban a este sitio. Y desayuné exactamente lo que cuenta él.  Qué barbaridad. Qué pan. Como dice Iban, decir pan de molde es quedarse corto.

De allí me fui a Kensington Gardens, pasé por casualidad por el “Best Loo 2010” (qué risa de gente). En media hora pasó de hacer un sol de justicia a ponerse a llover. Vi un montón de ardillas, la ardilla número 15 ya no tenía tanta gracia… Me fui a Harrod’s a mirar el Food Hall, paré a tomarme un cafesito porque me había calado por el parque (tanto que no pude ver Hyde Park) y me marché al museo de Ciencia.

Como me lo habían recomendado tanto me defraudó un poco, supongo que si se va en otoño cuando no haya tanto niño pululando tendrá más gracia, porque monopolizaban todas las cosas interactivas. Y mira que yo tengo instinto maternal, pero me jodieron el plan…

Cené con mi prima y un compañero suyo indio en Covent Garden. En el restaurante italiano que hay.  Menuda clavada nos pegaron… fue la cena más cara de todas. Creo que pagamos 25 libras cada una… o algo así. Sin postre. Y bebiendo agua.

Ayer tenía organizado para mi misma mi plan de “porque yo lo valgo”. Lo cambié varias veces porque ayer el tiempo era de todo menos estable. Que si sol, viento, lluvia, sol, lluvia, sol…

Primero me fui a Charing Cross Road a un par de librerías. Me compré un libro de Tom Sharpe y otro de John Le Carré, dedicado de un tal Peter a una tal Nan en Agosto del 83. Como yo soy del 83 me hizo gracia… soy una sentimental…

De allí me marché al museo de Churchill y las Cabinet War Rooms. Lo que pude disfrutar allí dos horas. Aviso: cuesta 14.95 libras la entrada. Pero como últimamente estoy bastante bélica me mereció la pena. Me compré un par de frikadas que no pienso confesar sin alcohol de por medio…

Por la tarde como había salido el sol cambié el plan de la Tate Modern por irme a Camden. Hace unos añitos me hubiera gustado mucho más que ahora, pero disfruté bastante porque compré 4 imanes de Banksy. Para mi misma ya me había comprado este.

Y hoy, para terminar me he ido a la Tate Modern. Que no me ha gustado tanto como esperaba, porque sinceramente a mi el arte tan  tan moderno, me deja fría.

Inciso

Joder, cómo me estoy moderando. Hace apenas unos meses hubiera dicho: me parece una puta mierda. Ahora sólo lo pienso, no lo escribo. ¡uy!

Fin del inciso

He comido con mi prima cerca de su cole, en un tailandés.

Y ahora me voy con dolor de corazón pero también con el corazón contento porque…

– No he podido evitarlo y me llevo comidita rica (if that is possible) en la maleta. Sal Maldon, arroz basmati, curry Sherwood’s (chicos en breve os convoco a edición de pollo al curry), toffees de menta, Fruit & Nut, shortbread…

– Me compré unos libros que me han a hacer feliz y me van a entretener en mis vacaciones

– Me lo he pasado genial con mi prima, nos hemos reído,hemos creado otro alter ego para mi misma en frisburl, hemos paseado, nos hemos reído más, nos ha pasado de todo, nos hemos reído más, hemos planeado mentalmente cosas para hacer la próxima vez que vuelva  y ¡nos vemos en sólo dos semanas en Madrid!

– He conseguido no desbarrar con mi visa y no me he pasado nada de nada… Aguanté para no comprarme esos bolsos que me miraban con ojos golositos, ni los foulares, ni… eso sí, mentalmente me habré gastado aprox unos dos millones de euros. Si le sumamos la mansioncita de Hampstead sube a 4

Vuelvo a Madrid, pero mis vacaciones no han hecho sino empezar. Mañana me voy a Bilbao, saldré con mis amigas por fiestas y el sábado tenemos bodorrioooo.

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Top 3

Viernes:

Mi prima con el pie en la oreja cantando “Telephone”. Tiene una flexibilidad sobrehumana.

Los azotes que nos dimos entre todos en uno de los bares a los que solemos ir.

La música que pusieron. Y lo que nos reímos. Grandes primos, grandes.

Sábado:

El ratito piscinero con mi prima por la tarde.

La cena.

Los bailes por la noche con las chicas.

Domingo:

Conocer al Vikingo.

Ver con la gente de la Casa de Cantabria el partido. El golazo.

El momento beso en directo.

Lunes:

Mi conversación con Agur.

Todos los capítulos de Boston Legal y Big Bang Theory que pude ver por la tarde.

Lo tranquilita que me quedé después de llorar un buen rato. Sí, creo que últimamente lloro menos de lo necesario. Pero es que me da una pereza empezar… ¡luego me cuesta mucho parar!

Martes:

La visita de Chiqueto a invitarme a su casa un fin de semana piscinero paellil.

La organización por parte de la Rubia Número Tres de nuestro grupo de conversación cañero-inglés. Consistente en llevarnos a su profesor de inglés un día por semana a tomar unas cañas con otros tres o cuatro amigos de La Rubia. El profe ha empezado a ponernos deberes…

La cena con las chicas en la terracita de Agur, “tía pero qué intensa eres”. Y lo que nos pudimos reír…

Miércoles:

El momento lucidez hablando con la Rubia número Uno sobre nuestros atuendos para la boda gitana del sábado. Al final no vamos de Las Grecas, vamos de Azúcar Moreno. Para mí es el retorno del babero plateado.

Inciso

Babero plateado: dícese de una camiseta que tengo con forma de babero. No tiene espalda, solo una tira que para más inri se puede desanudar.  Tiene un escote que… En fin, el babero plateado es ya toda una tradición. Y hace que no me lo pongo más de dos años.

Fin del inciso

La megamotivada que me pego con un libro que estoy leyendo, que me distrae, estimula intelectualmente y me hace pensar en cosas que me animan.

Beberme un gintonic por la noche cuando llegué al pueblo. Mientras mi padre jugaba al ajedrez con el camarero. Y yo pensaba en cuánto me gusta la gente que juega al ajedrez. Yo no juego. Mi padre me metió en la marmita del ajedrez cuando tenía cuatro años y me niego a retomarlo. Soy así de cazurra.

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Dedicado al que puso el mote.

No sé cómo lo hago que casi siempre tengo planes para las noches de entre semana.

Y así la operación bikini queda postergada para el año 2015…

Esta semana ha ido transcurriendo así…

Lunes, Barbi y yo después de un mes sin vernos teníamos que ponernos al día. Han pasado muchas cosas en nuestra ausencia y no todas malas. Así que la invité a cenar a casa ensalada y pollo con pigna (cosas de la blackberry, todavía no sé donde está la egne).

Martes, Agur y top 5 personas encantadoras del mundo nos convocan a la denominada “La Cena de Los Huevos”. De repente se encontraron con 23 huevos en la nevera que había que comerse. 8 mujeres cenando en una terraza diferentes tortillas de patata (cata a ciegas), huevos rellenos y… ¡mujeres contentas hablando de citas!

Yo no soy nada de tener citas, pero me encanta oir cómo cuentan las suyas. Sobre todo porque hay mayoría de mujeres con el corazón contento ahora y verlas así… me emociona.

Allí estuvimos hasta pasada la medianoche…

Miércoles, ¡partido! No me daba tiempo a ver la primera parte, así que quedé con la Rubia Número Tres y unos amigos suyos en un bar. Cuando llegué no me dejaban entrar y tuve que hacer cola! La Rubia salió a tiempo de ver conmigo el gol. Por cierto, la Rubia parecía alemana, con su 1 75, su raza aria y vestida de blanco…

Al terminar el partido nos fuimos a cenar una hamburguesa con dos amigas suyas, mientras nos reíamos hablando de “bigarrrrrrrrrrdos”, trabajo, posibles nombres para el cargo de la Rubia, a la que se le hace raro que le llamen “la dueña”. Yo le propuse que se haga CEO…

Ayer, Primera edición de “Esto no es una Cita, es una Cena”. La señorita Agur se pega unos homenajes con su novio serrano del copón bendito y me da mucha envidia. Hablando con ella una noche bastante divertida…

– nos propusimos hacer una cata a ciegas de gulas cocinadas por ambas, porque yo estoy convencida de que a ella le salen mejor

– me contó que el steak tartar de cangrejo real que había cenado la noche anterior estaba “rico, lo normal”

Llegamos a la conclusión de que no sería normal que yo empezara a irme con ellos a cenar, así que él propuso a un amigo suyo.

La primera edición la organizamos Agur y yo en una marisquería. Maaaaaaaadre mía. Lo cogimos con ganas, por ejemplo estábamos en clase de samba siendo masacradas por el brasileño, nos miramos y dijimos:

– Pero luego nos vamos a comer unos percebeeeeeeeeeeeees…

Allí llegamos, nos sentamos y empezamos a pensar qué narices cenábamos.

El maitre nos miraba en plan “ya están los cutres” cuando empezamos pidiendo una ensalada y croquetas (eso sí, de carabineros y chipirones). Creo que nos ganamos su respeto después de pedir almejas a la marinera, dos ostras por barba, un plato de marmitako y “una de gambas rojas”.

Antes de que llegaran las gambas volvimos a mirar la carta porque “nos íbamos a quedar con hambre”. Hasta que llegó “la de gambas”. Que dedujimos después que había entendido “una (docena)de  gambas rojas”.

El colega y yo a puntito de llorar de la emoción. Nos terminamos la segunda botella de albariño. No hubo huevos a pedir postre. Café buenísimo. Chupitazo de hierbas cortesía de la casa.

Cuando llegó la dolorosa… vi que el colega tenía razón cuando me dijo que no, que la ración de gambas iba a ser más de cien euros.

La racioncita de gambas salió a 150 euros. Volvería a pagarlos…

Después terminamos con un señor Gin Tonic en un bar cercano mientras nos ponían el himno de España (virgensantacómoestáelpatio).

Creo que después de esta semana toca chopped con aceitunas… hasta mi cumpleaños por lo menos…

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