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Archive for the ‘amor’ Category

Cuando conocí al guiri en La Alberca, provincia de Salamanca, su nivel de español era “un brugal con cola, por favor”.

Hay que tener claras las prioridades.

En los cuatro años que han sucedido desde entonces hemos tenido un avance… exponencial. Es decir, 0 durante tres años y bastante el último año. Las dos semanas que hemos pasado en España se ha disparado el tema.

Me decía @Agurtz40 el otro día en L’Escala que tenía que apuntar sus gloriosos momentos y lo cierto es que bebo demasiado y se me olvidan. Pero nos echamos unas risas esos días, así que aprovecho para 

A)actualizar el bloj

B)hacer pequeña recopilación de la evolución del guiri en español

Como os decía, en Septiembre de 2010 sabía decir “brugal con cola”. También sabía decir “cerveza”. En Enero de 2011 decidió que “de nada” se decía “Buenos Aires” y fue una coña nuestra durante un tiempo. 

Esos meses me di cuenta de que estaba aprendiendo a hablar como un gayer. Es decir, yo soy bruta pero chica, así que le decía cosas como besitos, mimos y tal, que él repetía. Y claro, “brugal con cola, besitos”, no sé, me estaba quedando un guiri un poco gayer. 

Por ahí debió aprender la palabra “guiri” y su significado y le encantó. En nuestro país a veces tendemos a pensar que los guiris, con sus chancletas con calcetines, su color rosáceo y todos sus complementos son gilipollas. Si le doy al botón de avanzar en el tiempo me planto la semana pasada en el que una chica a la que acabábamos de conocer me pregunta “¿pero sabe exactamente el significado de la palabra guiri?” y cuando le dije que sí nos miró como desconfiada. Pero tres días más tarde otra persona resumió la actitud vital del guiri con un “a veces cuando le vacilo me da la impresión de que me está vacilando más a mí él que al revés”. 

En Abril de 2012 vino a España y le metí en una clase de español una semana. El primer día abrió la puerta de casa diciendo “¿Qué tal, jefa?”

Podemos casi que hacer un fast forward hasta Agosto de 2013 que es cuando la cosa empieza a tener miga. Le regalé un libro de español al grito de “hace un año y medio te dije que o aprendías o no me iba contigo a Canadá, pontelaspilascoñoya”. Así, motivando en positivo.

Así que la semana que estuve en su casa hace exactamente un año hubo bastantes progresos. Llenó su casa de pegatinas “la puerta”, “el dormitorio”, “la alfombra”. 

La mejor anécdota de esos días… Como buen norteamericano piensa que cualquier palabra se traduce al español añadiendo una “o” al final. Andaba yo por casa buscando mi sudadera (en Norteamérica “hoodie”) y él estaba aprendiendo a decir “la bicicleta está en el jardín”, “la mesa está en la cocina”, “la sal está dentro del armario sobre el horno”. Como os decía andaba yo buscando la sudadera, me mira y me dice todo serio “el hoodie-o (hudío suena) está en el dormitorio). Me empecé a descojonar pensando en un señor judío viviendo en el dormitorio, tipo Gila con el señor del pasillo. Y el guiri “encima que lo intento”. “Claro que aprecio que lo intentes pero es que eres muy gracioso”.

Tenemos algunos problemillas porque el libro está en español latinoamericano, así que hay algunas cosas que le voy corrigiendo y como mi estimado esposo es cabezón -como solo un descendiente de granjeros canadienses puede serlo- se me cabrea.

Como si decidiera yo cómo se habla en los países. Cuando él me suele corregir mis palabras de inglés británico que yo aprendí como 15 años antes de que él llegara a mi vida.  

Cuando nos casamos en la boda número uno, en nuestra boda bilingüe oficiada por una señora dominicana, tuvo el detalle de decir los votos en castellano también. No tenía ni puta idea de qué estaba diciendo, pero fue un detallazo.

En Mayo me fui a verle y… 

– Maridooooooooooooooooooooooooooooo

– Why are you calling me yellow? (amarillo)

En otro momento…Salimos de un concierto a las once de la noche y debía haber como diez grados y el guiri iba en manga corta. 

Así que le pregunto:

– ¿No tienes frío?

– Noventa

– ¿Noventa? Ninety?

– Noventa… Vanta, venta, vantaaaa, ventaaaaaa, vintooooo VIENTO.

La palabra viento se le ha atravesado, no hay puta manera de que la diga, así que le enseñé a decir “brisa”, que se parece al inglés “breeze”. Lo que paza eh que me ha zalio un guiri gaditano. Es decir, que a veces me pone Zs donde no corresponde, así que dice “briza”. El otro día estábamos hablando Agur él y yo y tuvo como tres frases seguidas con “z”s donde no correspondían y yo no podía más de la risa. Pues está encantado con eso de que tiene acento gaditano. Otra característica de su particular método de aprendizaje del español es que si una palabra es difícil decide que no tiene por qué aprenderla. El otro día intentaba convencernos de que el verbo ir, al ser irregular no tiene por qué aprenderlo. Además del libro, el Duolinguo también está en sudamericano, así que no quiere aprender a decir “vosotros”. 

Y luego por supuesto que a veces me hace plantearme cosas que jamás me había planteado.

– A ver, ¿la palabra barba por qué es femenina? ¿por qué?

“¿Por qué?” es una de las cosas que ya solo dice en español.

Sus momentos de traducción literal:

– Encantada de conocerte

– Y tú

Al principio solo decía palabras sueltas, poco a poco dejó de decir palabras en inglés y ya solo dice en castellano “sí”. Ahora solo dice la hora en castellano, de hecho muchas mañanas se despierta “¿qué hora es?”. El otro día que tuvo que madrugar para coger un avión “no gusto tres de la mañana”. 

Me imagino que vernos hablar tiene que resultar particular desde fuera, hablamos casi todo el rato en inglés pero ya hay palabras que son solo en castellano, como “porfa”, y nos llamamos “mono” y “mona” el uno al otro. 

La semana pasada en las vacaciones con los amigos aprendió muchas cosas, la más importante a decir “Sí, cariño”.  Y al igual que “tienes razón”, enseguida empezó a utilizarla con recochineo. 

Jodido guiri. Por cierto, que aprendió a decir “estar jodido” la semana pasada y me preguntaba por qué no se lo había enseñado antes. 

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30 para mis treinta.

He hecho una lista de 30 deseos materiales e inmateriales (no está la paz en el mundo, soy así) que me gustaría satisfacer por mi trigésimo aniversario. La verdad es que a pesar del 20 % de cumplimiento sobre la profecía de mi padre estoy muy satisfecha con cumplir 30. La alternativa sería chunga. Aunque para @agurtz40 sigo teniendo 23.

  1. Live at Wembley de Queen.
  2. El viaje de Chihiro.
  3. Un bolso para portátil. Tengo la mochila sarnosa. Me da vergüencita, que yo soy toda una mujer de 29 años y 51 semanas con una mochila sarnosa.
  4. Vaqueros grises. Mejor no los compréis.  Ya si eso voy yo.
  5. Curso para dos de cocinar sushi. Top 5 personas encantadoras del mundo sabe hacer sushi y me da mucha envidia.
  6. Desayuno rico. Este deseo es para @eidaho17. Estírate e invítame a desayunar en el puebluco.
  7. Pendientes azulitos volumen 3. Tengo un problema con los pendientes de color turquesa. Tengo que perder uno la primera vez que me los pongo. Vamos a volver a intentarlo.
  8. Bikini nuevo. En Miami no hay operación bikini. O sí. Es permanente.
  9. Vestido playero. Idem.
  10. Cargador usb portátil. Ahora que la distancia mínima de los viajes es de 6 horas necesito poder jugar al Candy crush sin quedarme sin batería.
  11. Ultimo CD de City and Colour. Esta es para el canadiense.
  12. Una noche en el sofá de Agur.
  13. Albóndigas cumpleañeras. Todo un clásico paterno filial.
  14. Unos vinos por el pueblo. Echo de menos esa rutina. “Quedamos a las diez y media porque hay que ir a comprar el pescado, venir a casa a dejarlo, salir a dar un paseo de una hora y estar a la una tomando vinos”. Suena horroroso pero cuando luego nadie me pone los horarios me falta algo. Organización o control, según lo quieras mirar.
  15. Botella de vino rica. Que tal y como está el patio en el curro me hace falta una copita nocturna.
  16. 1 gintonic cumpleañero. Bien puesto. Sin macedonia. En gran copa. Cáscara de limón. Beefeater. Schweppes. No pido más.
  17. Un lavar peinar en mi peluquería de Madrid. El ambiente de la peluquería, que cuando me veían cara de cabreo porque llevaba allí tres horas me daban un quinto de Mahou.
  18. Camisa nueva para ir a trabajar.
  19. El vaso de urban outfitters para el trabajo. Lo mismo me echan a la puta calle, pero yo me niego a renunciar a mi humor negro, mis juramentos y mis chascarrillos.
  20. Libro Banksy.
  21. Masaje/rascar la espalda.
  22. Tartita de limón. Con un 3 y un 0.
  23. El libro de “Pan Casero” de Ibán Yarza. En 2014 voy a empezar a hacer pan.
  24. Una merienda con mi perrillo. A que me inspire.
  25. Ottolengui, el libro de cocina y eso que el de “Plenty” todavía no lo tengo muy trillado. Cocinar para uno es un poco rollo, pero me encanta ir probando recetas nuevas con mi “guiri pig” como dice él. O para @ochisaurio con más frecuencia.
  26. Questions to a zen master. Recomendación de @blancohumano.
  27. El ultimo de John Le Carré.
  28. Unos auriculares de esos que bloquean el ruido para los viajecitos en avión. ¿Qué son 300 dólares, eh?
  29. Este bolso. Con el dineral que me he dejado en zapatos quiero un buen bolso. Miento, un segundo buen bolso, que tengo uno bueno. “Vintage”. Que significa que tiene 50 años el bolso y debería llevarlo a reparar limpiar, etc pero tengo miedo de que me cobren 200 euros.
  30. Este libro.

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Joven que sale de la ducha tras correr una carrera de 5 km en 7 minutos menos de su objetivo (fuck yeah).

Está hablando por whatsapp con su mejor amiga que está en Perú y con el novio en Canadá.

Canadá – Oye, te llamo por teléfono

(Amiga en paralelo que grita cosas sobre irse a cenar pez mantequilla)

Heike – Vale

C – Sabes que hoy he pasado un día haciendo recados masculinos, he llevado a cambiar las ruedas del coche, lo he lavado bien por dentro, incluso las alfombrillas… y luego no he podido evitarlo, he ido a Canadian Tire   a por unas cosas. Sabes que cada vez que voy a Canadian Tire no puedo evitarlo y tengo que comprarme más cosas…

H  – Ajá

C – Y como aquí sabemos cuando es verano porque empieza a oler a barbacoa, no he podido evitarlo y me he comprado cosas para la barbacoa

H – Ajá

C – Así que he llegado a casa, he limpiado la barbacoa de nieve

Inciso

Porque estaba cubierta por la nieve, es decir, en su jardín había metro 20 de nieve

Fin del inciso

y esta noche es la primera noche del verano porque… ¡voy a hacer barbacoa!

H – ¿Estás en chancletas?

C – Claro

H – ¿Temperatura?

C – 4 grados

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Las normas

La última vez que vi a mi querido canadiense eran las 5 de la mañana y estábamos en Jamaica. El plan para la siguiente vez era Miami.

¿Miami? Pues sí, llevo un año intentando organizar mi traslado durante seis meses a Miami para hacer el mismo trabajo que hago ahora. Y me está costando dos riñones lograrlo. Para empezar, por los cambios en el curro. Para terminar, por el visado del infierno. Pero este tema merece otro post que prometo escribir… algún día. Como el de las manías, que os lo debo, con lo majos que fuisteis mandándolas.

El plan en aquella fecha era que yo estaría en Miami a finales de Marzo, así que “el hombre del iceberg en el pecho”, “el hombre que no conocía la palabra frío”, “el hombre que un año y medio más tarde sigue diciendo Buenos Noches”, o para resumir, “Canadá” vendría de visita en Abril, cuadrando su trabajo, sus vacaciones, el mío y diversos temas.

Y entonces empezaron las risas con el visado (que ya contaremos) y yo veía como era imposible estar en Miami a mediados de Abril. Y empecé a calcular: si en Mayo él no puede, en Junio yo no puedo entonces..¿ JULIO? ¿nos vemos en Julio? Y pasé unos días muy malos pensando en que no nos íbamos a ver hasta Julio. Esto era sobre el 20 de Febrero.

Así que un día me puse a hablar con Agur y para variar después de discutir de manera vehemente durante dos horas me dio la solución. ¿Y por qué no viene antes aquí?

Y así surgió la conversación con mi querido: “claro, guapa, si tu trabajo no deja de dar por saco tendremos que ser creativos”. A continuación llegó la negociación sobre las fechas más convenientes, porque mi querido canadiense es todavía más cabezón que yo y estuvimos hablando largo y tendido sobre la conveniencia de volver un día u otro.

Hará tres semanas por fin reservó sus vuelos y el resultado es que llega el día 14 y se va el 2. Sí, llega dentro de 13 días. Esperad un momento, voy a gritarle a Agur una cosa por whatsapp y vengo ya mismo.

Bien, el plan es el siguiente: estamos una semana en Madrid y luego me lo llevo al norte. Sí, hay que hacer presentaciones familiares. Y amiguiles. La única que le conoce es Barbijaputa…

Sigo contando que una vez estuvieron las fechas cerradas hubo que dar contenido a la visita, al pobre le he apuntado a clases de castellano la semana que esté en Madrid a ver si es capaz de aprender a construir alguna frase. Después me puse a reservar hoteles y mesas en restaurantes. Y después llegaron los planes con amigos/familia. Le di instrucciones de que debía empezar ayuno estricto hace dos semanas porque no sabe la que le espera: quiero llevarle a tantos sitios que es probable que tengamos que cenar varias veces todos los días. Se ríe. Pobre infeliz.

Y además de los planes con amigos/familia (este pobre hombre todavía no es consciente de los problemas de comunicación que va a tener) también hay planes de vida sencilla como ir a ver partidos de fútbol o al cine. Hace un año y medio que salimos y todavía no hemos ido al cine…

Pero lo más importante fueron las normas: 3+1 que le di.

Norma número 1: el saludo. “Besas a las mujeres y das la mano a los hombres”. Los canadienses se abrazan cuando hay confianza. A mí abrazar a sus padres el día que les conocí se me hizo rarísimo. Para nuestra cultura el abrazo es mucho más íntimo que dos besos en la cara. Ahora, después de las vacaciones familiares, su madre, su hermana y yo nos damos dos besos y nos abrazamos. Nipatinipamí.

Norma número 2: las manos en la mesa al comer. Estábamos en Jamaica y yo les veía a los 6 con la mano izquierda debajo de la mesa, supongo que apoyada encima de la pierna. Qué sensación más rara.

Norma número 3: cariño, el ketchup te lo administro yo. Le dije que tendríamos que inventarnos una señal que signifique ketchup sí. Porque en su casa es una obsesión, desayunan ketchup con los huevos revueltos. Yo me lo imaginaba echándole ketchup al pescado al horno y me daban sudores. Él me dijo que no me preocupara “me llevaré unas bolsitas en los bolsillos y comeré a escondidas cuando vaya al baño”.

Y el otro día le hablé de la norma más importante. Al menos la criatura está viajada así que no se le hizo difícil de comprender. “Amor, cuando vengas puedes traer tu camiseta de la selección española, pero cuando vayamos al norte no la llevas, ¿vale?”. Le enseñé la palabra Euskadi y le hablé un poco del conflicto vasco, ese tema en mi familia y la no conveniencia de decir alegremente “es la primera vez que estoy en esta parte de España”, o lo de que me llame “Spanish” (igual que yo le llamo Canadá a él), etc etc. Lo pilló a la primera. “No voy a ir a Belfast a preguntar alegremente a la gente por el Reino Unido”.

Trece días, beibis. Trece

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Los huevos de Marta

La señora Marta llevaba 25 años en tratamiento por su artrosis cuando descubrieron que lo que pasaba era que se le habían roto todos los tendones de los hombros hacía…. 25 años.

La operaron pero, claro, ya era tarde, así que le cuesta mover los hombros.Unos años más tarde le pusieron una prótesis en la cadera.

Y por sus santos cojones, porque anda que no tiene huevos la señora Marta, no hizo la rehabilitación que tenía que hacer y empezó a usar bastón. El bastón no era de su talla e iba encorvada así que empezó a usar muletas. Que no tenía puestas a su altura e iba encorvada. Las muletas no le hacían falta, pero ya hemos dicho que cabezona es un rato, así que las usaba por sus huevos. Alguna vez en la calle salía corriendo y las dejaba tiradas al lado, o las cogía con una mano para agacharse a por un pendiente que había visto (esa es otra muy buena) mientras nosotros nos dábamos codazos.

No sé cuánto tiempo después empezó a tener mareos, y como tenía problemas de corazón le pusieron un marcapasos. El marcapasos debía de ser último modelo y la funcionalidad más avanzada chachiguay no le funcionaba bien y ella se empeñó en decir que no le funcionaba el marcapasos. Cosa que no era cierta. Además decidió que algún médico le había dicho que mucho reposo, y empezó a pasar muchas horas en la cama, con su manta eléctrica del averno.

Que la familia se gastara un pastizal en ponerle calefacción en casa se la soplaba. Ella no tenía frío.

– ¿Pusiste la calefacción, vida? ¡Si no hace frío!

– Amama no te jode, llevas una camiseta de manga larga, una camisa, un jersey, la bata y estás metida en la cama con la manta eléctrica. Sí hace frío.

Iban a la revisión del cardiólogo que le reñía porque veía en el marcapasos que Martita no movía el culo.

Marta- Ah no, a mí me dijeron hace 20 años que mucho reposo, mucho reposo

Madre – Mamá por dios, te dijeron eso una vez que tuviste lumbago.

Marta – No, no, no, a mí me dijeron que para el corazón mucho reposo

Cardiólogo – Marta, tiene usted que moverse, hacer algo de ejercicio

Marta – Ya salgo a dar el paseo todos los días

Mi abuela solía andar sus 8 km diarios con las amigas, hasta que le pasó lo de la cadera, las muletas, y la madre del cordero.

Y se pasaba las horas limpiando las gafas, hasta que en una revisión descubrieron que tenía cataratas y por eso no veía.

– Ah, yo pensaba que es que los viejos veíamos así

Así que hace unos cinco años le operaron de cataratas y desde entonces no lleva gafas. Pero ella dice que no ve naaaaaaaada, naaaaaada, naaaaaada de nada.

Luego vas de paseo con ella y tiene estas conversaciones:

– Uy hola Manolo, ¿mucho chicharro el otro día? Ya te vi que venías de pescar desde la ventana de mi casa.

Todos reventándonos las costillas a codazos a cuenta de Martita, que no ve nada, y como decía más arriba se agacha cogiendo las dos muletas con una mano para coger un pendiente enano que  ve en el suelo.

También tiene la obsesión entrañable esta de convertirse en mitad robot mitad abuela.

– Yo lo que necesito es una prótesis en la rodilla, mira mi prima Mila qué bien está desde que se la pusieron

– Mamá, he ido contigo a las últimas revisiones del traumatólogo. Tienes las rodillas perfectamente, no necesitas ninguna prótesis en la rodilla.

– Meh , meh, meh, meh.

La última serie de acontecimientos empezó creemos que por culpa del puto helicóptero.

Como son super guays, ahora en el pueblo si se pone alguien muy mal le evacuan al hospital en helicóptero. Y ya han ido en helicóptero su hermana y su cuñado. Y ella no quiere ser menos.

Así que a principios del verano, para aprobar las prácticas estas del módulo de fontanería que está haciendo

Inciso

Porque sino, no me lo explico

Fin del inciso

Se puso a intentar  arreglar a las seis de la mañana (no sé qué huso horario tiene esta mujer) la cisterna subida en una banqueta. Y se cayó al suelo de espaldas. Se podía haber matado, porque cayó al lado de la lavadora, pero ella niega que estuviera subida en la banqueta. ¿Qué hacía entonces la banqueta allí? Voy a llamar a Iker Jiménez a ver si sabe darnos respuesta.

Para lo que se podía haber hecho, la verdad es que sólo tuvo unos morados. La próotesis de la cadera en su sitio, nada roto… Todo en orden. Pero claro, mi madre decía el mes pasado:

– Esta tiene lo del puto helicóptero metido entre ceja y ceja y hasta que no suba, no para. Aunque tenga que llevarnos a alguno por delante.

Y ya por fin llegamos al último acontecimiento.

La señora Marta iba el miércoles paseando con sus muletas (esas que no necesita) por el muelle, cuando debió de meter una en un agujero y se cayó al suelo del lado izquierdo. La pobre se pegó tal golpe que estaba muy dolorida y la llevaron al hospital.

Después de dos horas  y media esperando por el escáner, le dijeron que tenía un derrame cerebral, que estaba muy grave y que nos preparáramos para lo peor. Pude hablar con ella, me felicitó el cumpleaños. Más tarde la operaron. Al parecer estaba gastando bromas antes de entrar a quirófano.

Hemos pasado unos días muy movidos, el jueves por la noche pensábamos que se nos iba, sólo quería rezar, pero al menos hablaba.

El viernes por la mañana tuvo una mejoría espectacular, la fueron a lavar, el agua estaba muy fría y tuvo a bien acordarse de toda la parentela de las enfermeras.

Ha ido recuperándose poco a poco, impresiona verla, pero habla y mueve todos los miembros de su cuerpo. Además nos reconoce a la primera, no nos llama mierda como suele hacer después de decir cuatro nombres seguidos.

Parece que lo peor ha pasado, fuimos muy conscientes ayer cuando tuvo la siguiente conversación con el enfermero:

– Marta, que te he dicho que no te rasques la cabeza – le dijo mientras le apretaba la mano

Mira a ver si te voy a apretar yo a ti otra cosa

Pero qué huevos tienes, Martita.

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La negociación

Volví hace un mes de vacaciones. Y empezó la diversión.

Por una parte la negociación de un contrato en mi trabajo. Que en realidad no es parte de mi trabajo, pero como me gusta decir: estaría bien que alguien me dijera qué es lo que hago, porque cada día lo tengo menos claro.

Y esta negociación ha tenido momentos gloriosos como por ejemplo… un abogado intentando meter cláusulas ilegales en un contrato. Mi gerente negociando cosas a mi espalda y mintiéndome sobre ello. Todo esto con mi jefe de vacaciones, claro, que el cabrón este año se las ha cogido de puta madre.Y el gerente no participaba en las audios diarias con los abogados porque no sabe inglés. Así que ahí estaba yo sola, controlando la manía persecutoria del abogado.

Inciso

Que tiene un problema mental clarísimo.

Fin del inciso

Esta maravillosa situación ha tenido alguna consecuencia como…

– Tengo la espalda como si me hubieran metido un palo por el culo

– Empecé tomando valeriana pero ahora ya me la suda

– Me dio un ataque de ansiedad el otro día

– Tengo pesadillas casi todas las noches

Peeeero una pregunta a sus mayores: “oye ¿y tú qué haces cuando quieres pegar a la gente?” “oye ¿y si a tu gerente se la suda la imagen de la compañía tú qué haces?” y los mayores le miran a una como diciendo “juventud, divino tesoro”. Y todo el mundo contesta: “tienes que aprender a que te la sude, es tu salud”.

Y además tenía otra maravillosa negociación en paralelo con mi novio, ese que vive a8000 km de aquí.

– Oye que he pensado que con tus puntos y los míos te podemos pagar el viaje hasta Madrid, y así nos ahorramos el hotel de los dos durante una semana en Miami (que era donde habíamos pensado en quedar en otoño)

– Ya, pero…

– ¿Pero qué?

– Que no tengo dinero

Y así durante dos o tres días, “que si vienes y yo lo pago todo, que lo pienses”, y entonces…

– Oye Heike, que he pensado y consultado y mi solución es que… te vengas conmigo y mi familia a pasar la Navidad a Jamaica.

– Gracias, pero no puedo

– Vaya, yo lo entiendo, qué pena.

Y entonces llamo al oráculo.

Heike – Hola Agur, fijate tú , la bronca con Canadá, bla, bla, bla ,bla, bla, y nada, majo, al final me ha invitado a pasar la Navidad a Jamaica, ya le he dicho que no

Agur – ¿Por? Que ya sé que tú eres fan de la Navidad familiar y yo no, pero no sé, ¿por qué no vas?

Heike – Ahora que lo dices…

Entonces le llamé de vuelta a Canadá (vamos, más bien le grité por el chat de la blackberry, ¡vuelve! ¡vuelve a Skype! Estas son las llamadas del siglo XXI). Y le comuniqué que me parecía curioso pasar la Navidad con una familia canadiense en Jamaica.

De esta negociación salió una tercera; con mi familia. Mi madre aceptó sin problema: “hija, celebramos la Navidad el 9 de Enero, a mí me da igual”. Mi padre se puso a opinar fuera del recipiente. En mitad de la calle. A voz en grito. Mi hermana y yo nos mirábamos con cara de poker viendo los gritos de mi padre. Que no opinaba sobre mi ausencia en Navidad, sino sobre mi relación con Canadá.  Muy agradable y festivo todo ello.

Fue avanzando la cosa, tocaba buscar precios.

Primeros presupuestos de unos tres mil euros la semana. Inviable. Porque el plan era ir nosotros dos días antes de que llegara su familia y que yo volviera el día 30 para estar en España el día 31.

Segundo presupuesto de unos dos mil euros. Inviable.

Tercer presupuesto de unos mil setecientos euros. Él colabora en parte. Viable. Porque yo paso la Nochevieja en un avión de Iberia. Llego a Madrid el día de Año Nuevo a las ocho de la mañana.

Todo esto ha ido ocurriendo a lo largo de un mes, el último soponcio llegó cuando la chica de la agencia se retrasó dos semanas en contestarme, período en el que me subió el hotel doscientos euros de nada. Fantástico.

Dos días más tarde quedó ese tema cerrado, y le comuniqué a mi padre a hechos consumados que yo me iba a Jamaica y que si quería nos veníamos en Año Nuevo, pero que se abstuviera de opinar más, gracias.

Y curiosamente hoy, por fin hemos adjudicado el contrato del infierno y me han cobrado el viaje.

Dentro de 81 días estaré en Jamaica. No llego a tiempo de celebrar Nochebuena y celebro Nochevieja en un avión. Voy a perderme la Navidad chonil (con mis chones cántabros) en la casa rural de Salamanca en la que la pasamos tan bien.

Pero voy a ver a Canadá después de cinco meses, cinco, cinco, cinco. Todavía me quedan dos meses y tres semanas. Estoy a punto de pasar el ecuador. Haremos snorkel, iremos en kayak, haremos alguna excursión, beberemos y comeremos como cerdos y… Le voy a apretujar.

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No tenía ni idea de cómo empezar este post, así que pregunté al oráculo de twitter y me dijo que empezara por el final (gracias @kienvaser)

8 20 de la mañana, puerta que se abre.

Salen dos. Con una maleta, una mochila y un bolso.

Qué difícil me resulta parafrasear a Canadá (el hombre)  en castellano, pero allá vamos.

-¡ Heike mira quién está aquí!

– ¡Hola Doug!

Doug es la liebre salvaje que ha decidido pasar ratos en la puerta de casa de Canadá. Para ser honesta, diré que hemos comprado su voluntad, dejándole lechuga y zanahoria. Sí, Canadá y yo tenemos una mascota. Ta na na na na. Se llama Doug porque la primera vez que apareció en su puerta estábamos viendo Resacón en las Vegas. Y yo sospecho que nos es infiel con otras familias.

Pero ¿no es una monada?

– Oye, creo que no vamos a tener tiempo de parar en Tim Horton’s a por sandwiches de desayuno, ¿desayunamos en el aeropuerto?

– Nada, quédate tú con el sobrante del bote y te tomas algo en el Tim Horton’s del aeropuerto.

– ¿No desayunas conmigo?

– No hay ningún sitio fuera del control de seguridad.

Vamos oyendo música en el coche, yo sonrío, estoy triste, él igual, pero nos dedicamos a hablar de chorradas… Y diez minutos más tarde llegamos al aeropuerto. Veo que pasa de largo del parking y me lleva directamente a la zona de “arroje a su familiar en marcha”.

– ¿Por qué no aparcas?

– Porque no

– ¿No entras conmigo?

– No

– ¿Por qué no?

– Porque no.

– ¿Por qué?

– Porque va a ser muy triste. Venga, dame abrazos y baja del coche.

Se baja conmigo, sacamos las maletas y empiezan los abrazos. Miro al suelo. Me riñe cariñosamente “Heike, esto ya lo hemos hecho antes, y no pasa nada, hemos pasado dos semanas geniales, y bueno no sabemos dónde nos vamos a ver la próxima vez, pero lo hemos pasado bien… ” Yo sigo mirando al suelo. Me levanta la barbilla. Abrazos.

Decido cuadrarme como despedida. Todo esto es por joder, que nos gusta bastante. Él en Chicago me ofreció la mano, pues yo me cuadro.  Es que hemos estado viendo Hermanos de Sangre juntos, y Enemigo a las Puertas.

– ¡No te cuadres!

Y me ofrece la mano otra vez el bastardo. Cualquiera que nos vea estará flipando.

Y en ese momento empieza a decirme “Nos vemos” y yo no contesto, porque si contesto lloro, y estoy haciendo todo lo posible por no llorar. Y sigue “nos vemos” una y otra vez. “Heike di que nos vemos”. Y cuando por fin le contesto “nos vemos”, me doy media vuelta y me voy.

Si miro hacia atrás veo unas vacaciones en las que no hemos hecho nada especial, no ha matado dragones para impresionarme, ni nada por el estilo. Hemos estado en su casa, hecho un par de excursiones (una a un festival de jazz), dado paseos, salido a correr, ido a hacer kayaking, visto series, películas…

También he estado unas catorce veces en Canadian Tire, que es como el Leroy Merlin. Tuvimos algunas historietas con las cortinas de su casa, que hubo que cambiar y volver a cambiar no sé cuántas veces.

He conocido a sus amigos, de los que llevaba oyendo hablar casi un año, y a su familia, con la que me reí muchísimo durante las dos cenas que tuvimos con ellos. Su hermana es una borrachuza bastante divertida con la que enseguida congenié y me dediqué a tomarme gintonics. Una botella y media en dos semanas, no está mal. Además de las tres botellas de vino y las dos jarras de mojito que nos bebimos. Y la sangría que preparé para una barbacoa que hicimos en  su casa. Y me declaro fan de los cocteles Caesar’s que son como los bloody mary’s pero con clamato, y me he tomado unos cuantos… O la noche que nos fuimos de cervezas con sus amigos e hicimos una degustación probando dieciséis diferentes.

Ha estado muy bien verle con sus amigos, conocerle más, ver cómo le vacilan sus amigos porque es el único que queda soltero y con lo cabrón que es debió de vacilarles mucho, así que ahora se están vengando. Cuando vieron que teníamos bote con dinero (yo no entiendo las vacaciones sin bote conjunto) le empezaban a vacilar:

– Ooooh ¡tenéis una cuenta conjunta! ¡Que administra ella!

Y a mí me preguntaban:

¿En serio has venido desde España para ver a este? 

Muy divertido. Muchas risas.

He comido ciervo y hamburguesas de bisonte que hice yo. Estaban bastante ricas. Yo preparé pisto un día, y otro arroz con pollo al curry. También hice el típico tiramisú para la barbacoa, pero le pedí a él que preparara café, porque si lo hacía a mi estilo igual alucinaban y no les gustaba a ninguno. Hubo un día que comimos en un tailandés y la comida estaba tan picante que yo no podía parar de llorar de la risa. Después nos dolía el estómago, los labios y la lengua. Qué barbaridad. Cenamos sushi, que ya es costumbre, si es que tenemos de esas cosas… Él me preparó tortitas dos días y su madre me hizo una tarta con arándanos que cultivan en su casa.

Fuimos a dos partidos de fútbol americano y es tradición que se disfracen. De hecho… al día siguiente de llegar, me comenta entusiasmado que vamos a hacer un casco para mí con una sandía. Yo… que soy muy mandada, intento abrir mi mente y decir que vale, que casco con sandía para ir al estadio. Pensaba que me estaba vacilando hasta que llegamos al supermercado, coge sandías empieza a ponerlas al lado de mi cabeza y una señora nos para y dice: “oh,¿ te vas a hacer un casco para el partido?”

Me tuve que rendir. Y nunca pensé que diría esto, pero menos mal que llevé una sandía en la cabeza, porque nada más llegar al estadio empezó a caer la tormenta del siglo para después caer una granizada con piedras como mi puño. Sentía las pedradas a través de la sandía.

Aquí tenéis la foto que prueba la existencia del casco.

Absolutamente impresionada por la naturaleza canadiense, vi pelícanos salvajes ¡fuera de un zoo!, él me pidió cuando volvíamos de excursión de noche que le avisara si veía algo en el arcén de la carretera, porque era zona de alces. También vi perros de la pradera, pero no, no he podido traerme ninguno. Los mosquitos canadienses me adoran, me fueron a despedir al aeropuerto lamentando mi marcha. Me salió una alergia en la mano del copón bendito por una picadura. Qué dolor. Y en la pierna.

Hemos oído música, ido a un concierto de The Trews (que me gustan mucho), visto otro en la tele de Adele, escuchado City And Colour y Tribalistas, visto muchísimos programas de DIY (soy adicta), visto la final de Wimbledon, Invictus, Inception, ido de compras, ido al supermercado, hecho el idiota, dicho tonterías… Visto Summer Heights High (tenéis que conseguirla, yo ya la había visto con mi australiana), es una serie de humor absurdo. También los vídeos de Lonely Island. Y los anuncios de Old Spice.

Me traigo de recuerdo, un imán de nevera, un vestido, un par de cds que me regaló él, la temporada de Summer Heights High, la camiseta de su equipo de fútbol americano, una jarra de sirope de arce, un bote de mermelada de arándanos, y el bote del té de rooibos que me preparaba algunas noches.

Y ha habido mucho más, y lo que no ha habido ha sido mal rollo, ni agobios, ni historias raras.

Estoy contenta pero bien jodida.

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