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Archive for the ‘placer’ Category

30 para mis treinta.

He hecho una lista de 30 deseos materiales e inmateriales (no está la paz en el mundo, soy así) que me gustaría satisfacer por mi trigésimo aniversario. La verdad es que a pesar del 20 % de cumplimiento sobre la profecía de mi padre estoy muy satisfecha con cumplir 30. La alternativa sería chunga. Aunque para @agurtz40 sigo teniendo 23.

  1. Live at Wembley de Queen.
  2. El viaje de Chihiro.
  3. Un bolso para portátil. Tengo la mochila sarnosa. Me da vergüencita, que yo soy toda una mujer de 29 años y 51 semanas con una mochila sarnosa.
  4. Vaqueros grises. Mejor no los compréis.  Ya si eso voy yo.
  5. Curso para dos de cocinar sushi. Top 5 personas encantadoras del mundo sabe hacer sushi y me da mucha envidia.
  6. Desayuno rico. Este deseo es para @eidaho17. Estírate e invítame a desayunar en el puebluco.
  7. Pendientes azulitos volumen 3. Tengo un problema con los pendientes de color turquesa. Tengo que perder uno la primera vez que me los pongo. Vamos a volver a intentarlo.
  8. Bikini nuevo. En Miami no hay operación bikini. O sí. Es permanente.
  9. Vestido playero. Idem.
  10. Cargador usb portátil. Ahora que la distancia mínima de los viajes es de 6 horas necesito poder jugar al Candy crush sin quedarme sin batería.
  11. Ultimo CD de City and Colour. Esta es para el canadiense.
  12. Una noche en el sofá de Agur.
  13. Albóndigas cumpleañeras. Todo un clásico paterno filial.
  14. Unos vinos por el pueblo. Echo de menos esa rutina. “Quedamos a las diez y media porque hay que ir a comprar el pescado, venir a casa a dejarlo, salir a dar un paseo de una hora y estar a la una tomando vinos”. Suena horroroso pero cuando luego nadie me pone los horarios me falta algo. Organización o control, según lo quieras mirar.
  15. Botella de vino rica. Que tal y como está el patio en el curro me hace falta una copita nocturna.
  16. 1 gintonic cumpleañero. Bien puesto. Sin macedonia. En gran copa. Cáscara de limón. Beefeater. Schweppes. No pido más.
  17. Un lavar peinar en mi peluquería de Madrid. El ambiente de la peluquería, que cuando me veían cara de cabreo porque llevaba allí tres horas me daban un quinto de Mahou.
  18. Camisa nueva para ir a trabajar.
  19. El vaso de urban outfitters para el trabajo. Lo mismo me echan a la puta calle, pero yo me niego a renunciar a mi humor negro, mis juramentos y mis chascarrillos.
  20. Libro Banksy.
  21. Masaje/rascar la espalda.
  22. Tartita de limón. Con un 3 y un 0.
  23. El libro de “Pan Casero” de Ibán Yarza. En 2014 voy a empezar a hacer pan.
  24. Una merienda con mi perrillo. A que me inspire.
  25. Ottolengui, el libro de cocina y eso que el de “Plenty” todavía no lo tengo muy trillado. Cocinar para uno es un poco rollo, pero me encanta ir probando recetas nuevas con mi “guiri pig” como dice él. O para @ochisaurio con más frecuencia.
  26. Questions to a zen master. Recomendación de @blancohumano.
  27. El ultimo de John Le Carré.
  28. Unos auriculares de esos que bloquean el ruido para los viajecitos en avión. ¿Qué son 300 dólares, eh?
  29. Este bolso. Con el dineral que me he dejado en zapatos quiero un buen bolso. Miento, un segundo buen bolso, que tengo uno bueno. “Vintage”. Que significa que tiene 50 años el bolso y debería llevarlo a reparar limpiar, etc pero tengo miedo de que me cobren 200 euros.
  30. Este libro.
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Todo empezó cuando se avecinaba el día de la madre. El libro de @mama_drama salía a la venta el 3 de Mayo, y yo tenía que comprarlo y mandárselo por correo a mi querida madre.

Fui con Agur a un par de tiendas a preguntar por él, pero aún no lo habían recibido. Así que se lo compré por Internet y mandé que se lo mandaran. La pobre mujer ha pasado momentos complicados en el dentista en el último año y con su propia drama mamá, así que creía que el libro le encantaría.

Me quedé corta.

Fue empezar a leerlo y mandarme correos del tipo:

“Lo del libro es una bomba…

Hay cosas en las que veo a mi madre y otras a mi, y es un consuelo saber que hay madres mas maniáticas que yo.
Acabo de leer en el metro: Eso es que estás creciendo. Nena, como te caigas,encima te doy y Te lo dije nena y casi me paso de estación…
Yo casi todos los capítulos los puedo mejorar, que te quede claro que yo el de : como te caigas…., contigo no lo usé jamás, ese era sólo para tu hermana.
El de Te lo dije nena, me ha recordado lo de las maletas en Termibus, clavadito, eso si, inexplicablemente a tu hermana sólo le llevaron las ” mierdas” de campamento, lo único bueno lo llevaba en la mochila, lo que me hace pensar que ésta niña tiene suerte incluso cuando le roban.
Yo lo de los tacos lo mejoraba con el spontex verde, que siempre tenía uno nuevo, hasta que tu hermana me lo daba directamente….ahí me di cuenta que la frase ya no era efectiva.
Es que es impresionante, estoy viendo el índice y me los se todos.
Lo peor de ésto es que la cosa va aumentando por generaciones así que ya me están dando penita mis pobres futuros nietos
En fin, me esperan ratos muy agradables y esta autora sólo con nuestra familia y alrededores se va a forrar
Me vi entonces obligada a contarle a la autora que mi madre había dejado de leer el libro en el metro cuando iba a trabajar porque se le corría el maquillaje de llorar de la risa y llegaba hecha un cristo. La campaña de marketing del libro en el metro de Bilbao la hizo ella. La gente le debía preguntar: “señora, ¿qué lee usted?” y ella les enseñaba el libro a través de la ventana  si no le daba tiempo a decirles el nombre.
A la nena la historia le pareció divertidísima y me contestó al correo encantadora como es ella. Le reenvié el correo a mi madre, que me contestó al cabo de tres días diciéndome que “la nena es guapa, tiene buen tipo, perfectamente vestida y peinada, su madre es una exagerada…. bla bla bla no como tú que el otro día quería coger un cepillo y peinarte como dios manda, que hay que verte”
Publicidad subliminal se llama.
Dos semanas más tarde me mudé a Miami y un día de esa semana vi que la nena iba a firmar libros a Bilbao. No me quedó más remedio que avisar a mi madre.
Mi madre entra en modo locura y dos días antes se va a la librería y se pone a decirle a la dependiente que si “Amaya va a firmar el viernes”, que su hija que vive en Mayamiiiii se lo ha dicho que lo ha leído en el blojjjjj. Ya me imagino la cara de la dependienta ante el huracán de palabras provenientes de la boca de mi madre. Muerte por sobredosis de información. La dependiente va a comprobar la información que le da esa señora y le confirma que efectivamente hay una firma de libros.
Vuelvo a notificar a la autora que mi señora madre ha entrado en modo “Madre de la Pantoja” y que se va a plantar en su firma con uniforme y todo. La autora contesta diciendo que qué bien.
Lo que pasó aquella tarde quedará entre ellas dos, yo tengo los informes de las dos partes. Mi madre me escribió diciendo que había estado allí hora y media con ella y otras lectoras de tertulia. Que la nena no le junta con su madre porque se funde el universo. Mi madre lo relataba como “experiencia inolvidable”. La nena le dice a mi hermana que “sé que te recortaba la puntilla de las bragas” y que qué sentido del humor tiene mi madre. Además nos firmó dedicatorias a todos y mi hermana que ha venido a Mayami a visitarme me trajo mi ejemplar firmado.
Lo de reírse en transporte público también es genético porque mi hermana en el vuelo a Nueva York del otro día fue tres horas llorando de la risa y la que se sentaba al lado le miraba mal…
Nena, mi mamá drama dice que ya no duerme bien por la noche pensando que en dos meses viene a verme y tiene que hacer trasbordo en un aeropuerto.
Apúntate esas cañas que nos debemos.
Mil gracias otra vez.

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Las normas

La última vez que vi a mi querido canadiense eran las 5 de la mañana y estábamos en Jamaica. El plan para la siguiente vez era Miami.

¿Miami? Pues sí, llevo un año intentando organizar mi traslado durante seis meses a Miami para hacer el mismo trabajo que hago ahora. Y me está costando dos riñones lograrlo. Para empezar, por los cambios en el curro. Para terminar, por el visado del infierno. Pero este tema merece otro post que prometo escribir… algún día. Como el de las manías, que os lo debo, con lo majos que fuisteis mandándolas.

El plan en aquella fecha era que yo estaría en Miami a finales de Marzo, así que “el hombre del iceberg en el pecho”, “el hombre que no conocía la palabra frío”, “el hombre que un año y medio más tarde sigue diciendo Buenos Noches”, o para resumir, “Canadá” vendría de visita en Abril, cuadrando su trabajo, sus vacaciones, el mío y diversos temas.

Y entonces empezaron las risas con el visado (que ya contaremos) y yo veía como era imposible estar en Miami a mediados de Abril. Y empecé a calcular: si en Mayo él no puede, en Junio yo no puedo entonces..¿ JULIO? ¿nos vemos en Julio? Y pasé unos días muy malos pensando en que no nos íbamos a ver hasta Julio. Esto era sobre el 20 de Febrero.

Así que un día me puse a hablar con Agur y para variar después de discutir de manera vehemente durante dos horas me dio la solución. ¿Y por qué no viene antes aquí?

Y así surgió la conversación con mi querido: “claro, guapa, si tu trabajo no deja de dar por saco tendremos que ser creativos”. A continuación llegó la negociación sobre las fechas más convenientes, porque mi querido canadiense es todavía más cabezón que yo y estuvimos hablando largo y tendido sobre la conveniencia de volver un día u otro.

Hará tres semanas por fin reservó sus vuelos y el resultado es que llega el día 14 y se va el 2. Sí, llega dentro de 13 días. Esperad un momento, voy a gritarle a Agur una cosa por whatsapp y vengo ya mismo.

Bien, el plan es el siguiente: estamos una semana en Madrid y luego me lo llevo al norte. Sí, hay que hacer presentaciones familiares. Y amiguiles. La única que le conoce es Barbijaputa…

Sigo contando que una vez estuvieron las fechas cerradas hubo que dar contenido a la visita, al pobre le he apuntado a clases de castellano la semana que esté en Madrid a ver si es capaz de aprender a construir alguna frase. Después me puse a reservar hoteles y mesas en restaurantes. Y después llegaron los planes con amigos/familia. Le di instrucciones de que debía empezar ayuno estricto hace dos semanas porque no sabe la que le espera: quiero llevarle a tantos sitios que es probable que tengamos que cenar varias veces todos los días. Se ríe. Pobre infeliz.

Y además de los planes con amigos/familia (este pobre hombre todavía no es consciente de los problemas de comunicación que va a tener) también hay planes de vida sencilla como ir a ver partidos de fútbol o al cine. Hace un año y medio que salimos y todavía no hemos ido al cine…

Pero lo más importante fueron las normas: 3+1 que le di.

Norma número 1: el saludo. “Besas a las mujeres y das la mano a los hombres”. Los canadienses se abrazan cuando hay confianza. A mí abrazar a sus padres el día que les conocí se me hizo rarísimo. Para nuestra cultura el abrazo es mucho más íntimo que dos besos en la cara. Ahora, después de las vacaciones familiares, su madre, su hermana y yo nos damos dos besos y nos abrazamos. Nipatinipamí.

Norma número 2: las manos en la mesa al comer. Estábamos en Jamaica y yo les veía a los 6 con la mano izquierda debajo de la mesa, supongo que apoyada encima de la pierna. Qué sensación más rara.

Norma número 3: cariño, el ketchup te lo administro yo. Le dije que tendríamos que inventarnos una señal que signifique ketchup sí. Porque en su casa es una obsesión, desayunan ketchup con los huevos revueltos. Yo me lo imaginaba echándole ketchup al pescado al horno y me daban sudores. Él me dijo que no me preocupara “me llevaré unas bolsitas en los bolsillos y comeré a escondidas cuando vaya al baño”.

Y el otro día le hablé de la norma más importante. Al menos la criatura está viajada así que no se le hizo difícil de comprender. “Amor, cuando vengas puedes traer tu camiseta de la selección española, pero cuando vayamos al norte no la llevas, ¿vale?”. Le enseñé la palabra Euskadi y le hablé un poco del conflicto vasco, ese tema en mi familia y la no conveniencia de decir alegremente “es la primera vez que estoy en esta parte de España”, o lo de que me llame “Spanish” (igual que yo le llamo Canadá a él), etc etc. Lo pilló a la primera. “No voy a ir a Belfast a preguntar alegremente a la gente por el Reino Unido”.

Trece días, beibis. Trece

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El miedo

“- Y alrededor el chapoteo del dinero sucio, los beneficios del dolor… también eso lo hemos visto. Solo en Colombia, miles de millones. Tú eso también lo has visto. Sabe Dios cuánto tendría ese capo tuyo. –No esperó respuesta-. En el Congo, miles de millones. Una octava parte de la economía de este puto mundo: más negra que la boca de un túnel. Los dos lo sabemos.

–          Sí. Lo sabemos.

–          Dinero manchado de sangre. A eso se reduce todo.

–          Sí.

–          No importa dónde. Puede estar en una caja debajo de la cama de un señor de la guerra en Somalia o en un banco de la City en Londres al lado del oporto añejo. No cambia de color. Sigue siendo dinero manchado de sangre.

–          Supongo que sí.

–          Sin glamour, sin excusas bonitas. Los beneficios de la extorsión, el narcotráfico, el asesinato, la intimidación, las violaciones masivas, la esclavitud. Dinero manchado de sangre. Interrúmpeme si exagero.

–          No exageras, eso seguro.

–          Solo hay cuatro maneras de acabar con eso. Una: vas a por los individuos que lo hacen. Los capturas, los matas o enchironas. Si puedes. Dos: vas a por el producto. Lo interceptas, impides que llegue a las calles o al mercado. Si puedes. Tres: atajas los beneficios, llevas a esos cabrones a la quiebra.

Un silencio inquietante mientras Hector reflexionaba aparentemente sobre asuntos muy por encima de la franja salarial de Luke. ¿Pensaba en los traficantes de heroína que habían convertido a su hijo en adicto y en carne de presidio?¿O en los “buitres capitalistas” que habían intentado llevar a la quiebra a su empresa familiar, y arrojar al basurero a sesenta y cinco de los mejores hombres y mujeres de Inglaterra?

–          Por último, tenemos la cuarta manera, la manera veraderamente mala –decía Hector-. La más practicada, la más fácil, la más cómoda, la más habitual y la más discreta. Que les zurzan a los que pasan hambre, a las víctimas de violaciones y torturas, a los adictos que pierden la vida. Al diablo el coste humano. El dinero no huele a nada siempre y cuando haya de sobra y sea nuestro. Pensemos a lo grande, eso ante todo. Cojamos los peces pequeños pero dejemos a los tiburones en el agua. ¿Qué resulta que un fulano blanquea un par de millones? Es un condenado sinvergüenza. Llamemos a los reguladores y pongámosle los grilletes. Pero ¿y si son miles de millones? Eso ya son palabras mayores. Miles de millones son una estadística”

John Le Carré. Un traidor como los nuestros.

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La barbacoa

Para Top 5, porque es una maldita campeona.

 

Un viernes primaveral unas amigas quedan para un plan de bajo coste. Cenan, se van a bailar y dos de ellas (a las que llamaremos Heike y Agur) se retiran más o menos pronto y se van a casa de una de las dos a tomarse unos chupitos de Legendario (porque no era tan tarde).

Creen que recibieron algún mensaje del novio de Agur que decía: “mañana N ha organizado una bbq en tu casa”, pero tampoco lo tienen muy claro.

N es el no novio de Top 5 personas encantadoras del mundo. Él está pasando el fin de semana en casa de ella, que ha venido de visita desde la ciudad en la que trabaja y va a aprovechar para ver el Circo del Sol.

N y Top 5 le presentaron a Agur a su novio, se lo llevaron a su casa un día hace más de dos años. Así que el dicho de “sal de tu casa que no va a venir el hombre de tu vida a buscarte ” en el caso de Agur es una mentira. Abusona.

Bueno que ya me conocéis y me desvío.

Al día siguiente se presenta N con su amiga venida desde su ciudad con la que va a ver el Circo del Sol y Agur le riñe:

– Tío, ¡que organizas barbacoas en mi casa y me avisan a las dos de la mañana, todo sin comprar, e invitas a 20 personas!

– Bla bla bla, ya verás qué bien lo pasamos

Empieza a llegar la gente y allí estábamos un grupo de lo más variado, no se conocía apenas nadie, cuando empezó a salir la comida de la barbacoa se puso a diluviar así que tuvimos que bajarnos los 15 al salón. Y lo único que se podía hacer era: beber, comer y decir chorradas.

Hubo vaciles infinitos, más gente que iba llegando, gente que invitaba a gente a la que no veía desde hacía 10 años, con una mezcla de acentos rarísima…

Se acabó el alcohol y se fueron a por más, estando borrachos. Conclusión: 80 euros se dejó N en alcohol, al grito de: “El luneshhh me hacéish una transssshferencia”. La transferencia creemos que no se produjo. Agur había calculado con su iphone y una aplicación qué dinero tenía que dar la gente a otra gente, y yo dejé tres euros en la mesa… pero la transferencia no se materializó.

Entonces suena el timbre y es una vecina de mediana edad, llorando a moco tendido porque ha perdido sus periquitos, “¿me dejáis mirar en vuestra casa?”

Insisto

Salón con quince borrachos.

La mujer que pasa, sube a la terraza, se pone a llamar al periquito, todos intentando mantener la compostura, pero costaba horrores, claro, nos estábamos mordiendo la lengua a reventar.

Y a todo esto, N a Agur:

– Agur hassssssh vissssssssssssssshhhhhhhhhhto qué barbacoashhhhhh monto en tu cashhhhhhha, un éxito total.

Y más risas, y más vacile, y gente contando chistes con acento, y batallitas que no recuerdo. Yo tenía cena con amigos en mi casa y me tenía que ir a las ocho.

– No te vayaaaaaaaaaashhhhhhhhhh, llámalesh y que vengan aquí…

Una que llama:

– Chicosh que eshtoy de barbacoa en cashhha de Agur y eshto esh un desfashe, tenéish que venirossssh

Ellos evidentemente no lo veían claro.

Creo que a las siete de la tarde se pusieron a asar sardinas, pero tampoco lo recuerdo con mucha precisión.

El momento cumbre llegó cuando después de habernos bebido los 80 euros de alcohol, apareció la mujer de mediana edad con su familia y un periquito en la cabeza, porque lo había encontrado.

Ahí aplaudimos, vociferamos, gritamos bravo… Y la mujer se emocionó.

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Para @rojovegas, por prestarme un salmantino admirable

 

Antony Beevor. La guerra civil española.

 

De los altavoces en las calles surgían las notas del himno de la Legión “El novio de la muerte” y en las emisoras de radio cada tarde sonaba un cornetín para anunciar el “parte” desde el cuartel del Generalísimo. En este ambiente cuartelero iba a tener lugar un notable acto de coraje moral, un incidente jaleado por el énfasis que se dio en él al valor puramente físico de la guerra. El 12 de octubre, aniversario del descubrimiento de América, “Día de la Raza”, tuvo lugar un acto ceremonial en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. La audiencia estaba integrada por notables del Movimiento, incluido un fuerte contingente de la Falange local. En el estrado tomaron asiento Carmen Polo, esposa de Franco, Pla y Deniel, obispo de Salamanca, el general Millán Astray, fundador del Tercio de Extranjeros (que llegó acompañado de sus legionarios) y Miguel de Unamuno, rector de la Universidad. Unamuno, irritado contra los gobernantes de la República, había apoyado al principio el “alzamiento ” que debía “salvar la civilización occidental, la civilización cristiana que se ve amenazada”, pero no podía pasar por alto la matanza que se había llevado a cabo en la cudad bajo las órdenes del comandante Doval, aquel que se había hecho famoso como represor en Asturias, ni los asesinatos de sus amigos Casto Prieto, alcalde de Salamanca, Salvador Vila, catedrático de árabe y hebreo de la Universidad de Granada, o García Lorca.

Los discursos iniciales corrieron a cargo de Vicente Beltrán de Heredia y de Jose María Pemán. Acto seguido el profesor Franciso Maldonado lanzó una tremenda diatriba contra los nacionalismos catalán y vasco, “cánceres de la nación” que había de curar el implecable bisturí del fascismo. Al fondo de la sala alguien lanzó el grito legionario “¡Viva la muerte!” y el general Millán Astray, que parecía el auténtico espectro de la guerra, manco, tuerto y cubierto de cicatrices, dio los “¡vivas!” de rigor, mientras los falangistas saludaban a la romana hacia el retrato de Franco, que colgaba sobre el sitial de su esposa. El alboroto se desvaneció cuando Unamuno tomó la palabra:

Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso, por llammarlo de algún modo, del profesor Maldonado. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo, lo quiera o no lo quiera, es catalán nacido en Barcelona.

Pla y Deniel se removió a disgusto por la alusión de Unamuno a su lugar de origen, que era casi en sí mismo una implicación de deslealtad a la cruzada nacional. Entre el silencio general, Unamuno prosiguió:

Pero ahora acabo de oír el necrófilo e insensanto grito: “¡Viva la muerte!”Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un invválido de g uerra. También lo fue Cervantes. Pero, desgraciadamente, en España hay actualmente demasiado mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muncísimos más. Me atormenta pensar que el general Millán Astray pudiera edictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor.

Llegado Unamuno a este punto, Millán Astray ya no pudo contener su ira por más tiepo. “¡Muera la inteligencia!¡Viva la muerte!”, gritó a pleno pulmón. Falangitas y militares echaron manos a sus pistolas y hasta el escolta del general apuntó su subfusil a la cabeza de Unamuno, lo que no impidió que éste terminara su intervención en tono desafiante:

Éste es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España.

Hizo una pausa y dejando caer, sin fuerza, los brazos, concluyó en tono resignado: “He dicho.” Se dice que la presencia de Carmen Polo le libró de ser asesinado allí mismo, y que cuando Franco se enteró de lo que había ocurrido lamentó que no hubierse sido así. Seguramente los nacionales no asesinaron a Unamuno por la fama internacional del filósofo y por la reacción que había causado ya en el exterior el asesinato de García Lorca. Pero Unamunod, destituido como rector y confinado en su domicilio, murió el día de fin de año consternado y tachado de “rojo” y traidor -aunque su funeral fuera manipulado por los falangistas- por aquello a quienes él había creído amigos.

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La negociación

Volví hace un mes de vacaciones. Y empezó la diversión.

Por una parte la negociación de un contrato en mi trabajo. Que en realidad no es parte de mi trabajo, pero como me gusta decir: estaría bien que alguien me dijera qué es lo que hago, porque cada día lo tengo menos claro.

Y esta negociación ha tenido momentos gloriosos como por ejemplo… un abogado intentando meter cláusulas ilegales en un contrato. Mi gerente negociando cosas a mi espalda y mintiéndome sobre ello. Todo esto con mi jefe de vacaciones, claro, que el cabrón este año se las ha cogido de puta madre.Y el gerente no participaba en las audios diarias con los abogados porque no sabe inglés. Así que ahí estaba yo sola, controlando la manía persecutoria del abogado.

Inciso

Que tiene un problema mental clarísimo.

Fin del inciso

Esta maravillosa situación ha tenido alguna consecuencia como…

– Tengo la espalda como si me hubieran metido un palo por el culo

– Empecé tomando valeriana pero ahora ya me la suda

– Me dio un ataque de ansiedad el otro día

– Tengo pesadillas casi todas las noches

Peeeero una pregunta a sus mayores: “oye ¿y tú qué haces cuando quieres pegar a la gente?” “oye ¿y si a tu gerente se la suda la imagen de la compañía tú qué haces?” y los mayores le miran a una como diciendo “juventud, divino tesoro”. Y todo el mundo contesta: “tienes que aprender a que te la sude, es tu salud”.

Y además tenía otra maravillosa negociación en paralelo con mi novio, ese que vive a8000 km de aquí.

– Oye que he pensado que con tus puntos y los míos te podemos pagar el viaje hasta Madrid, y así nos ahorramos el hotel de los dos durante una semana en Miami (que era donde habíamos pensado en quedar en otoño)

– Ya, pero…

– ¿Pero qué?

– Que no tengo dinero

Y así durante dos o tres días, “que si vienes y yo lo pago todo, que lo pienses”, y entonces…

– Oye Heike, que he pensado y consultado y mi solución es que… te vengas conmigo y mi familia a pasar la Navidad a Jamaica.

– Gracias, pero no puedo

– Vaya, yo lo entiendo, qué pena.

Y entonces llamo al oráculo.

Heike – Hola Agur, fijate tú , la bronca con Canadá, bla, bla, bla ,bla, bla, y nada, majo, al final me ha invitado a pasar la Navidad a Jamaica, ya le he dicho que no

Agur – ¿Por? Que ya sé que tú eres fan de la Navidad familiar y yo no, pero no sé, ¿por qué no vas?

Heike – Ahora que lo dices…

Entonces le llamé de vuelta a Canadá (vamos, más bien le grité por el chat de la blackberry, ¡vuelve! ¡vuelve a Skype! Estas son las llamadas del siglo XXI). Y le comuniqué que me parecía curioso pasar la Navidad con una familia canadiense en Jamaica.

De esta negociación salió una tercera; con mi familia. Mi madre aceptó sin problema: “hija, celebramos la Navidad el 9 de Enero, a mí me da igual”. Mi padre se puso a opinar fuera del recipiente. En mitad de la calle. A voz en grito. Mi hermana y yo nos mirábamos con cara de poker viendo los gritos de mi padre. Que no opinaba sobre mi ausencia en Navidad, sino sobre mi relación con Canadá.  Muy agradable y festivo todo ello.

Fue avanzando la cosa, tocaba buscar precios.

Primeros presupuestos de unos tres mil euros la semana. Inviable. Porque el plan era ir nosotros dos días antes de que llegara su familia y que yo volviera el día 30 para estar en España el día 31.

Segundo presupuesto de unos dos mil euros. Inviable.

Tercer presupuesto de unos mil setecientos euros. Él colabora en parte. Viable. Porque yo paso la Nochevieja en un avión de Iberia. Llego a Madrid el día de Año Nuevo a las ocho de la mañana.

Todo esto ha ido ocurriendo a lo largo de un mes, el último soponcio llegó cuando la chica de la agencia se retrasó dos semanas en contestarme, período en el que me subió el hotel doscientos euros de nada. Fantástico.

Dos días más tarde quedó ese tema cerrado, y le comuniqué a mi padre a hechos consumados que yo me iba a Jamaica y que si quería nos veníamos en Año Nuevo, pero que se abstuviera de opinar más, gracias.

Y curiosamente hoy, por fin hemos adjudicado el contrato del infierno y me han cobrado el viaje.

Dentro de 81 días estaré en Jamaica. No llego a tiempo de celebrar Nochebuena y celebro Nochevieja en un avión. Voy a perderme la Navidad chonil (con mis chones cántabros) en la casa rural de Salamanca en la que la pasamos tan bien.

Pero voy a ver a Canadá después de cinco meses, cinco, cinco, cinco. Todavía me quedan dos meses y tres semanas. Estoy a punto de pasar el ecuador. Haremos snorkel, iremos en kayak, haremos alguna excursión, beberemos y comeremos como cerdos y… Le voy a apretujar.

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