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Archive for the ‘libros’ Category

30 para mis treinta.

He hecho una lista de 30 deseos materiales e inmateriales (no está la paz en el mundo, soy así) que me gustaría satisfacer por mi trigésimo aniversario. La verdad es que a pesar del 20 % de cumplimiento sobre la profecía de mi padre estoy muy satisfecha con cumplir 30. La alternativa sería chunga. Aunque para @agurtz40 sigo teniendo 23.

  1. Live at Wembley de Queen.
  2. El viaje de Chihiro.
  3. Un bolso para portátil. Tengo la mochila sarnosa. Me da vergüencita, que yo soy toda una mujer de 29 años y 51 semanas con una mochila sarnosa.
  4. Vaqueros grises. Mejor no los compréis.  Ya si eso voy yo.
  5. Curso para dos de cocinar sushi. Top 5 personas encantadoras del mundo sabe hacer sushi y me da mucha envidia.
  6. Desayuno rico. Este deseo es para @eidaho17. Estírate e invítame a desayunar en el puebluco.
  7. Pendientes azulitos volumen 3. Tengo un problema con los pendientes de color turquesa. Tengo que perder uno la primera vez que me los pongo. Vamos a volver a intentarlo.
  8. Bikini nuevo. En Miami no hay operación bikini. O sí. Es permanente.
  9. Vestido playero. Idem.
  10. Cargador usb portátil. Ahora que la distancia mínima de los viajes es de 6 horas necesito poder jugar al Candy crush sin quedarme sin batería.
  11. Ultimo CD de City and Colour. Esta es para el canadiense.
  12. Una noche en el sofá de Agur.
  13. Albóndigas cumpleañeras. Todo un clásico paterno filial.
  14. Unos vinos por el pueblo. Echo de menos esa rutina. “Quedamos a las diez y media porque hay que ir a comprar el pescado, venir a casa a dejarlo, salir a dar un paseo de una hora y estar a la una tomando vinos”. Suena horroroso pero cuando luego nadie me pone los horarios me falta algo. Organización o control, según lo quieras mirar.
  15. Botella de vino rica. Que tal y como está el patio en el curro me hace falta una copita nocturna.
  16. 1 gintonic cumpleañero. Bien puesto. Sin macedonia. En gran copa. Cáscara de limón. Beefeater. Schweppes. No pido más.
  17. Un lavar peinar en mi peluquería de Madrid. El ambiente de la peluquería, que cuando me veían cara de cabreo porque llevaba allí tres horas me daban un quinto de Mahou.
  18. Camisa nueva para ir a trabajar.
  19. El vaso de urban outfitters para el trabajo. Lo mismo me echan a la puta calle, pero yo me niego a renunciar a mi humor negro, mis juramentos y mis chascarrillos.
  20. Libro Banksy.
  21. Masaje/rascar la espalda.
  22. Tartita de limón. Con un 3 y un 0.
  23. El libro de “Pan Casero” de Ibán Yarza. En 2014 voy a empezar a hacer pan.
  24. Una merienda con mi perrillo. A que me inspire.
  25. Ottolengui, el libro de cocina y eso que el de “Plenty” todavía no lo tengo muy trillado. Cocinar para uno es un poco rollo, pero me encanta ir probando recetas nuevas con mi “guiri pig” como dice él. O para @ochisaurio con más frecuencia.
  26. Questions to a zen master. Recomendación de @blancohumano.
  27. El ultimo de John Le Carré.
  28. Unos auriculares de esos que bloquean el ruido para los viajecitos en avión. ¿Qué son 300 dólares, eh?
  29. Este bolso. Con el dineral que me he dejado en zapatos quiero un buen bolso. Miento, un segundo buen bolso, que tengo uno bueno. “Vintage”. Que significa que tiene 50 años el bolso y debería llevarlo a reparar limpiar, etc pero tengo miedo de que me cobren 200 euros.
  30. Este libro.

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Todo empezó cuando se avecinaba el día de la madre. El libro de @mama_drama salía a la venta el 3 de Mayo, y yo tenía que comprarlo y mandárselo por correo a mi querida madre.

Fui con Agur a un par de tiendas a preguntar por él, pero aún no lo habían recibido. Así que se lo compré por Internet y mandé que se lo mandaran. La pobre mujer ha pasado momentos complicados en el dentista en el último año y con su propia drama mamá, así que creía que el libro le encantaría.

Me quedé corta.

Fue empezar a leerlo y mandarme correos del tipo:

“Lo del libro es una bomba…

Hay cosas en las que veo a mi madre y otras a mi, y es un consuelo saber que hay madres mas maniáticas que yo.
Acabo de leer en el metro: Eso es que estás creciendo. Nena, como te caigas,encima te doy y Te lo dije nena y casi me paso de estación…
Yo casi todos los capítulos los puedo mejorar, que te quede claro que yo el de : como te caigas…., contigo no lo usé jamás, ese era sólo para tu hermana.
El de Te lo dije nena, me ha recordado lo de las maletas en Termibus, clavadito, eso si, inexplicablemente a tu hermana sólo le llevaron las ” mierdas” de campamento, lo único bueno lo llevaba en la mochila, lo que me hace pensar que ésta niña tiene suerte incluso cuando le roban.
Yo lo de los tacos lo mejoraba con el spontex verde, que siempre tenía uno nuevo, hasta que tu hermana me lo daba directamente….ahí me di cuenta que la frase ya no era efectiva.
Es que es impresionante, estoy viendo el índice y me los se todos.
Lo peor de ésto es que la cosa va aumentando por generaciones así que ya me están dando penita mis pobres futuros nietos
En fin, me esperan ratos muy agradables y esta autora sólo con nuestra familia y alrededores se va a forrar
Me vi entonces obligada a contarle a la autora que mi madre había dejado de leer el libro en el metro cuando iba a trabajar porque se le corría el maquillaje de llorar de la risa y llegaba hecha un cristo. La campaña de marketing del libro en el metro de Bilbao la hizo ella. La gente le debía preguntar: “señora, ¿qué lee usted?” y ella les enseñaba el libro a través de la ventana  si no le daba tiempo a decirles el nombre.
A la nena la historia le pareció divertidísima y me contestó al correo encantadora como es ella. Le reenvié el correo a mi madre, que me contestó al cabo de tres días diciéndome que “la nena es guapa, tiene buen tipo, perfectamente vestida y peinada, su madre es una exagerada…. bla bla bla no como tú que el otro día quería coger un cepillo y peinarte como dios manda, que hay que verte”
Publicidad subliminal se llama.
Dos semanas más tarde me mudé a Miami y un día de esa semana vi que la nena iba a firmar libros a Bilbao. No me quedó más remedio que avisar a mi madre.
Mi madre entra en modo locura y dos días antes se va a la librería y se pone a decirle a la dependiente que si “Amaya va a firmar el viernes”, que su hija que vive en Mayamiiiii se lo ha dicho que lo ha leído en el blojjjjj. Ya me imagino la cara de la dependienta ante el huracán de palabras provenientes de la boca de mi madre. Muerte por sobredosis de información. La dependiente va a comprobar la información que le da esa señora y le confirma que efectivamente hay una firma de libros.
Vuelvo a notificar a la autora que mi señora madre ha entrado en modo “Madre de la Pantoja” y que se va a plantar en su firma con uniforme y todo. La autora contesta diciendo que qué bien.
Lo que pasó aquella tarde quedará entre ellas dos, yo tengo los informes de las dos partes. Mi madre me escribió diciendo que había estado allí hora y media con ella y otras lectoras de tertulia. Que la nena no le junta con su madre porque se funde el universo. Mi madre lo relataba como “experiencia inolvidable”. La nena le dice a mi hermana que “sé que te recortaba la puntilla de las bragas” y que qué sentido del humor tiene mi madre. Además nos firmó dedicatorias a todos y mi hermana que ha venido a Mayami a visitarme me trajo mi ejemplar firmado.
Lo de reírse en transporte público también es genético porque mi hermana en el vuelo a Nueva York del otro día fue tres horas llorando de la risa y la que se sentaba al lado le miraba mal…
Nena, mi mamá drama dice que ya no duerme bien por la noche pensando que en dos meses viene a verme y tiene que hacer trasbordo en un aeropuerto.
Apúntate esas cañas que nos debemos.
Mil gracias otra vez.

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El miedo

“- Y alrededor el chapoteo del dinero sucio, los beneficios del dolor… también eso lo hemos visto. Solo en Colombia, miles de millones. Tú eso también lo has visto. Sabe Dios cuánto tendría ese capo tuyo. –No esperó respuesta-. En el Congo, miles de millones. Una octava parte de la economía de este puto mundo: más negra que la boca de un túnel. Los dos lo sabemos.

–          Sí. Lo sabemos.

–          Dinero manchado de sangre. A eso se reduce todo.

–          Sí.

–          No importa dónde. Puede estar en una caja debajo de la cama de un señor de la guerra en Somalia o en un banco de la City en Londres al lado del oporto añejo. No cambia de color. Sigue siendo dinero manchado de sangre.

–          Supongo que sí.

–          Sin glamour, sin excusas bonitas. Los beneficios de la extorsión, el narcotráfico, el asesinato, la intimidación, las violaciones masivas, la esclavitud. Dinero manchado de sangre. Interrúmpeme si exagero.

–          No exageras, eso seguro.

–          Solo hay cuatro maneras de acabar con eso. Una: vas a por los individuos que lo hacen. Los capturas, los matas o enchironas. Si puedes. Dos: vas a por el producto. Lo interceptas, impides que llegue a las calles o al mercado. Si puedes. Tres: atajas los beneficios, llevas a esos cabrones a la quiebra.

Un silencio inquietante mientras Hector reflexionaba aparentemente sobre asuntos muy por encima de la franja salarial de Luke. ¿Pensaba en los traficantes de heroína que habían convertido a su hijo en adicto y en carne de presidio?¿O en los “buitres capitalistas” que habían intentado llevar a la quiebra a su empresa familiar, y arrojar al basurero a sesenta y cinco de los mejores hombres y mujeres de Inglaterra?

–          Por último, tenemos la cuarta manera, la manera veraderamente mala –decía Hector-. La más practicada, la más fácil, la más cómoda, la más habitual y la más discreta. Que les zurzan a los que pasan hambre, a las víctimas de violaciones y torturas, a los adictos que pierden la vida. Al diablo el coste humano. El dinero no huele a nada siempre y cuando haya de sobra y sea nuestro. Pensemos a lo grande, eso ante todo. Cojamos los peces pequeños pero dejemos a los tiburones en el agua. ¿Qué resulta que un fulano blanquea un par de millones? Es un condenado sinvergüenza. Llamemos a los reguladores y pongámosle los grilletes. Pero ¿y si son miles de millones? Eso ya son palabras mayores. Miles de millones son una estadística”

John Le Carré. Un traidor como los nuestros.

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Para @rojovegas, por prestarme un salmantino admirable

 

Antony Beevor. La guerra civil española.

 

De los altavoces en las calles surgían las notas del himno de la Legión “El novio de la muerte” y en las emisoras de radio cada tarde sonaba un cornetín para anunciar el “parte” desde el cuartel del Generalísimo. En este ambiente cuartelero iba a tener lugar un notable acto de coraje moral, un incidente jaleado por el énfasis que se dio en él al valor puramente físico de la guerra. El 12 de octubre, aniversario del descubrimiento de América, “Día de la Raza”, tuvo lugar un acto ceremonial en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. La audiencia estaba integrada por notables del Movimiento, incluido un fuerte contingente de la Falange local. En el estrado tomaron asiento Carmen Polo, esposa de Franco, Pla y Deniel, obispo de Salamanca, el general Millán Astray, fundador del Tercio de Extranjeros (que llegó acompañado de sus legionarios) y Miguel de Unamuno, rector de la Universidad. Unamuno, irritado contra los gobernantes de la República, había apoyado al principio el “alzamiento ” que debía “salvar la civilización occidental, la civilización cristiana que se ve amenazada”, pero no podía pasar por alto la matanza que se había llevado a cabo en la cudad bajo las órdenes del comandante Doval, aquel que se había hecho famoso como represor en Asturias, ni los asesinatos de sus amigos Casto Prieto, alcalde de Salamanca, Salvador Vila, catedrático de árabe y hebreo de la Universidad de Granada, o García Lorca.

Los discursos iniciales corrieron a cargo de Vicente Beltrán de Heredia y de Jose María Pemán. Acto seguido el profesor Franciso Maldonado lanzó una tremenda diatriba contra los nacionalismos catalán y vasco, “cánceres de la nación” que había de curar el implecable bisturí del fascismo. Al fondo de la sala alguien lanzó el grito legionario “¡Viva la muerte!” y el general Millán Astray, que parecía el auténtico espectro de la guerra, manco, tuerto y cubierto de cicatrices, dio los “¡vivas!” de rigor, mientras los falangistas saludaban a la romana hacia el retrato de Franco, que colgaba sobre el sitial de su esposa. El alboroto se desvaneció cuando Unamuno tomó la palabra:

Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso, por llammarlo de algún modo, del profesor Maldonado. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo, lo quiera o no lo quiera, es catalán nacido en Barcelona.

Pla y Deniel se removió a disgusto por la alusión de Unamuno a su lugar de origen, que era casi en sí mismo una implicación de deslealtad a la cruzada nacional. Entre el silencio general, Unamuno prosiguió:

Pero ahora acabo de oír el necrófilo e insensanto grito: “¡Viva la muerte!”Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un invválido de g uerra. También lo fue Cervantes. Pero, desgraciadamente, en España hay actualmente demasiado mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muncísimos más. Me atormenta pensar que el general Millán Astray pudiera edictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor.

Llegado Unamuno a este punto, Millán Astray ya no pudo contener su ira por más tiepo. “¡Muera la inteligencia!¡Viva la muerte!”, gritó a pleno pulmón. Falangitas y militares echaron manos a sus pistolas y hasta el escolta del general apuntó su subfusil a la cabeza de Unamuno, lo que no impidió que éste terminara su intervención en tono desafiante:

Éste es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España.

Hizo una pausa y dejando caer, sin fuerza, los brazos, concluyó en tono resignado: “He dicho.” Se dice que la presencia de Carmen Polo le libró de ser asesinado allí mismo, y que cuando Franco se enteró de lo que había ocurrido lamentó que no hubierse sido así. Seguramente los nacionales no asesinaron a Unamuno por la fama internacional del filósofo y por la reacción que había causado ya en el exterior el asesinato de García Lorca. Pero Unamunod, destituido como rector y confinado en su domicilio, murió el día de fin de año consternado y tachado de “rojo” y traidor -aunque su funeral fuera manipulado por los falangistas- por aquello a quienes él había creído amigos.

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Esta noche, la libertad

Inauguramos sección, consistente en copiar vilmente algún extracto de un libro que me haya emocionado. Ahora mismo estoy leyendo “Esta noche, la libertad” de Dominique Lapierre y Larry Collins. Yo sólo había leído un libro del señor Lapierre, con Javier Moro en aquella ocasión “Era medianoche en Bhopal” hace varios años, y me conmovió.

Esta edición me la ha dejado/regalado mi padre por Navidades. Estaba en Santoña, en la casa del pueblo y es de Febrero de 1976.

Bueno, el libro trata sobre la independencia en 1947 de India y Pakistán. Y me está encantando. Voy al lío.

Fragmento de “Novena estación del viacrucis de Gandhi”: “Un día de duelo””

…”Los hombres y las mujeres reunidos en el hemiciclo eran los delegados de una nación de trescientos treinta millones de habitantes. Además de doscientos setenta y cinco millones de hindúes repartidos en tres mil castas y subcastas -entre ellos, unos setenta millones de intocables y de tribus primitivas-, contaba treinta y tres millones de musulmanes, siete millones de cristianos, seis millones de sikhs, cien mil parsis y veinticuatro mil judíos, cuyos antepasados se exiliaron a Babilonia tras la destrucción del templo de Salomón.

En esta asamblea eran pocos los que podían comunicarse entre sí en su lengua natal. El único idioma común era el inglés de los colonizadores. La India iba a tener quince idiomas oficiales y 845 dialectos. El urdu de los diputados musulmanes del Penjab se escribía de derecha a izquierda; el hindi de sus vecinos de las Provincias Unidas, de izquierda a derecha; el tamul de los habitantes de Madrás se leía, a veces, de arriba abajo, mientras que otras escrituras se descifraban como jeroglíficos. Incluso el significado de los gestos cotidianos era diferente. Cuando un habitante de Madrás, con la piel oscura propia de las gentes del Sur, movía la cabeza de arriba abajo, quería decir “sí”. Cuando un habitante del Norte, de piel más clara, hacía el mismo movimiento era para decir “no”.

La India tenía casi tantos leprosos como habitantes contaba Suiza; tantos brahmanes como belgas había en Bélgica, tal número de mendigos como para poblar toda Holanda; once millones de sadhu, veinte millones de aborígenes, algunos de los cuales -como los naga- habían sido cazadores de cabezas hasta época reciente; nueve millones de niños, menores de quince años, casados o viudos. Más de diez millones de indios llevaban una vida seminómada. Iban de aldea en aldea, ejerciendo de padre a hijo los oficios de su casta: encantadores de serpientes, echadores de la buenaventura, cíngaros, titiriteros, poceros, magos, funámbulos, vendedores de hierbas medicinales. Todos los días nacían 38.000 niños, de los cuales la cuarta parte estaban condenados a morir antes de cumplir los cinco años. Casi diez millones de indios perecían cada año, muchos de ellos de malnutrición o de enfermedades como la viruela y el cólera, prácticamente desaparecidas a la sazón en los demás países.

La península era una de las regiones más intensamente espirituales del Globo: la tierra natal del budismo, madre del hinduismo, uno de los grandes santuarios del Islam, un territorio en el que los dioses se manifestaban bajo la apariencia de una inimaginable colección de formas y de símbolos, donde las prácticas religiosas iban desde la más elevada especulación metafísica hasta sacrificios de animales y también hasta orgías sexuales practicadas por ciertas sectas o con motivo de fiestas rituales en ciertos campos. El panteón hindú comprendía trescientos treinta millones de divinidades, pues nunca se conoce a Dios, solamente se conocen sus manifestaciones; y se manifiesta en todas las cosas , en cada instante de la vida. Había dioses y diosas de la danza, de la destrucción y de las enfermedades;  diosas -como Markhai Devi- a cuyos pies se sacrificaban cabras para detener las epidemias de cólera, y dioses – como Deva Indra – a quienes sus fieles pedían el poder de emular las proezas sexuales de los personajes esculpidos en los frisos eróticos de los templos. Dios se encarnaba en árboles como los banianos; en los 136 millones de monos de la India, héroes de sus epopeyas mitológicas; en sus doscientos millones de vacas sagradas; en sus serpientes, especialmente las cobras, cuyo veneno mataba todos los años a veinte mil de sus adoradores. Entre las tres mil sectas de la India se encontraban los zoroastrianos, desdencientes de los adoradores del fuego de la Persia antigua, y los jainitas, rama reformada del hinduismo cuyos adeptos consideraban sagrada toda existencia, hasta el punto de que se movían siempre con una máscara antigás en la boca, por temor a tragar y matar inadvertidamente un insecto.

La nación a la que representaban los diputados congregados esta noche en Nueva Delhi comprendía algunos de los hombres más ricos del mundo y trescientos millones de campesinos que apenas si conseguían sobrevivir. Sus tierras, que habrían podido ser las más prósperas del Globo, eran las más miserables. El 83 por ciento de la población era analfabeta. La renta media por persona no superaba los cincuenta céntimos diarios. La cuarta parte de los habitantes de dos grandes ciudades indias, Calcuta y Bombay, dormía, hacía sus necesidades, se reproducía y moría en la calle. La India recibía anualmente una media de 1140 mm de lluvia, más que las llanuras de Beauce y los jardines de Turena, pero este maná estaba repartido de forma tan desigual, según los meses del año y las regiones del país, que a menudo resultaba ineficaz. Un tercio de los torrenciales aguaceros del monzón iba a perderse, sin provecho, en el mar. Trescientos mil kilómetros cuadrados, una superficie tan extensa como Alemania,  no recibía más de 200 mm de agua al año, mientras que otras regiones quedaban inundadas bajo un diluvio que devastaba todos los años el campo y amenazaba con ahogar a millones de hombres.

La India contaba con tres de los más grandes nombres de la industria mundial, los Birla, los Tata y los Dalmia, pero su economía, esencialmente feudal, sólo beneficiaba a un puñado de poderosos terratenientes y capitalistas. Sus colonizadores apenas habían realizado ningún esfuerzo por industrializar al país. Las exportaciones se limitaban casi exclusivametne a cultivos industriales: yute, té, algodón, tabaco. La mayro parte de las máquinas tenían que ser importadas. el consumo de electricidad por habitante era insignificante: cincuenta veces inferior al de los franceses. Mientras que el subsuelo encerraba casi la cuarta parte de las reservas mundiales de hierro, la producción siderúrgica apenas alcanzaba un millón de toneladas al año. La India poseía 6083 km de costas, pero las técnicas de pesca seguían siendo tan primitivas, que ni siquiera podían dar a cada indio una libra de pescado al año.

De hecho, la única herencia de los colonizadores británicos parecía ser una abrumadora colección de problemas y de maldiciones. Sin embargo, nadie en el recinto del Parlamento indio parecía alimentar esta noche la más mínima animosidad hacia ellos, todos parecían pensar que la marcha de los dueños de la India bastaría para aliviar el peso de los terribles males que anegaban el país.”…

Si habéis leído, me gustaría que comentárais qué os ha inspirado el texto, si es que os ha inspirado algo… Gracias de antemano.

 

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27 años y no aprendo…

Lo digo porque la semana pasada me despisté y cuando me quise dar cuenta era viernes y llevaba sin tomar la pastilla toda la semana.

Mi pastilla no es la píldora, es otra clase de hormona. Tiroidea, para ser más exactos. Tengo que tomar una pastillita diaria hasta el día que me muera. Es curioso saber que todos los días de mi vida tendría que cumplir con ese pequeño ritual. El día que di mi primer beso, el día que perdí mi virginidad, el día que firmé mi primer contrato de trabajo, el día que por fin terminé la carrera… más los días futuros. Curioso.

Total, que ya sabía yo que muy mal, pero bueno, me tomé un par de ellas para compensar y… ¡ja!

Creo que fue el domingo cuando empezó a picarme… el sitio donde siempre me sale la urticaria.

Porque después de años de observación, y cachondeo familiar (hija, deberías donar tu cuerpo a la ciencia, dice mi madre) resulta que llega la alergólogo y me dice que no, que no tengo alergias, que los hipotiroideos tenemos urticaria crónica y latente, y por eso a veces cuando estoy enferma o de bajona, pues sale a la luz.

Qué maravilla de efecto secundario. Además de las manos frías, tendencia al sobrepeso, reglas cada 25 días… tengo urticaria crónica.

Y claro, un maravilloso brote me empezó a salir el lunes. Acompañado de la regla.

Suelo tener puntualidad británica, quiero darme un premio a la constancia, pero esta vez el tema se retrasaba…

Claro, no había relacionado que no estaba tomando unas hormonas que lo controlan todo, incluso a las otras hormonas.

Así que he pasado cuatro días con urticaria y dolorida, muy dolorida. No pudiendo tomar analgésicos, porque me potencian la urticaria. He pasado los dolores menstruales a base de chupitos de ginebra por la noche en casa. Y la urticaria esta mañana ha empeorado al ponerme pantalones recién lavados, que al parecer el suavizante de la ropa no es lo mejor.

Y eso físicamente, porque anímicamente tengo también la fiesta hormonal montada. Estoy trisssssste y llorona. Y quejica.  Sabiendo que es sólo por unas pastillas. Me siento yonki.

Llega a tal punto que me han reconocido mi maldita categoría el martes y estoy apática total. Lloriqueando porque estoy pochita y no me cuida nadie. Y sabiendo que lloriqueo por las hormonas.

Creo que me he echado a llorar en plan niña pequeña unas 6 ó 7 veces desde el lunes.

Os dejo ahora, que me he venido para casa, no podía soportarlo más, mi jefe que ya me conoce me ha invitado a irme a descansar. Y voy a disfrutar de esta tristeza leyendo el pedazo de libro que me regalaron por mi cumple, el de Almudena.

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Hemos podido repetir esa frase unas doscientas veces. Pronunciada con acento londinense. Porque se la oímos a una aborígen aquí y nos hizo tanta gracia…

Generalmente me dedico a hacer posts que sólo yo entiendo, y mi mayor crítica (señora Barbijaputa) me lo suele reprochar, así que voy a hacer una crónica del viaje hablando de sitios, cosas para comer y tratando de no centrarme mucho en chistes privados con mi anfitriona…

El viernes por la noche mi querida prima me esperó para cenar, llegué a su casa (cerca de Hampstead) nos preparamos y nos fuimos de paseo.

Yo tenía muchísimas ganas de indio, me lo había planeado mentalmente para uno de los tres días que yo estuviera vagabundeando sola por ahí. Pero a las once de la noche era lo único abierto, así que nos metimos en uno.

Unos días antes había cocinado arroz con pollo al curry (especialidad de la casa) para un amigo, y se me había ocurrido la maravillosa idea de comprar un par de cervezas Cobra. El viernes por la noche, cerca de Shoreditch

Inciso

“Te llevo de fiesta a sitios con música que nos guste, nada de sitios muy fashion prima” me dijo

Fin del inciso

en el indio en el que entramos a cenar nos pusieron dos Cobra, pero de una pinta. Como es habitual en nosotras, tuvimos una noche curiosa, en la que los protagonistas fueron los camareros. Primero porque el camarero indio se empeñó en empezar  a sacarnos fotos… Y después porque estuvimos en un “B@1” , y los camareros nos invitaron a tres chupitos de Jägermeister. Ignoramos bastante el buen consejo sobre no mezclar. Y nos tomamos cada una un Strawberry Collins, un French’75 y un mojito. Todo nos parecía muy gracioso, no había más extranjeros en el bar que no fuéramos nosotras, nos pusieron buena música y nos reímos mucho mirando a la fauna del local…

El sábado me llevó desde Westminster hasta la Tate Modern dando un paseo por el Támesis. Me contó que el London Eye cuesta 25 libras así que decidí dejarlo para mi próxima visita en primavera… Estábamos reventadísimas así que nos retiramos muy pronto. Pero eso sí, paseamos también por Borough Market (que lo dejo para mi próxima visita más en profundidad), nos tomamos un Gin Tonic de Hendrick’s con pepino (bastante flojo) cerca de Southwark…

El domingo por la mañana decía el tiempo que había una pelota amarilla (juas) es decir, sol así que mi prima me llevó de paseo primero por Notting Hill, Portobello Road, donde nos estuvimos probando vestidos y… comimos. Yo quería un  Sunday Roast como Dior manda. Y allí me lo pusieron, con su yorkshire pudding y todo.  Aparecimos de repente en mitad del Caribbean sunday, rodeadas de rastafaris, y aprovechando que no llovía nos marchamos a Hampstead. Qué preciosidad.

El lunes ya estaba yo solita, así que me planeé primer día de cosas que me gustan… Por la mañana me fui a desayunar por recomendación de Iban a este sitio. Y desayuné exactamente lo que cuenta él.  Qué barbaridad. Qué pan. Como dice Iban, decir pan de molde es quedarse corto.

De allí me fui a Kensington Gardens, pasé por casualidad por el “Best Loo 2010” (qué risa de gente). En media hora pasó de hacer un sol de justicia a ponerse a llover. Vi un montón de ardillas, la ardilla número 15 ya no tenía tanta gracia… Me fui a Harrod’s a mirar el Food Hall, paré a tomarme un cafesito porque me había calado por el parque (tanto que no pude ver Hyde Park) y me marché al museo de Ciencia.

Como me lo habían recomendado tanto me defraudó un poco, supongo que si se va en otoño cuando no haya tanto niño pululando tendrá más gracia, porque monopolizaban todas las cosas interactivas. Y mira que yo tengo instinto maternal, pero me jodieron el plan…

Cené con mi prima y un compañero suyo indio en Covent Garden. En el restaurante italiano que hay.  Menuda clavada nos pegaron… fue la cena más cara de todas. Creo que pagamos 25 libras cada una… o algo así. Sin postre. Y bebiendo agua.

Ayer tenía organizado para mi misma mi plan de “porque yo lo valgo”. Lo cambié varias veces porque ayer el tiempo era de todo menos estable. Que si sol, viento, lluvia, sol, lluvia, sol…

Primero me fui a Charing Cross Road a un par de librerías. Me compré un libro de Tom Sharpe y otro de John Le Carré, dedicado de un tal Peter a una tal Nan en Agosto del 83. Como yo soy del 83 me hizo gracia… soy una sentimental…

De allí me marché al museo de Churchill y las Cabinet War Rooms. Lo que pude disfrutar allí dos horas. Aviso: cuesta 14.95 libras la entrada. Pero como últimamente estoy bastante bélica me mereció la pena. Me compré un par de frikadas que no pienso confesar sin alcohol de por medio…

Por la tarde como había salido el sol cambié el plan de la Tate Modern por irme a Camden. Hace unos añitos me hubiera gustado mucho más que ahora, pero disfruté bastante porque compré 4 imanes de Banksy. Para mi misma ya me había comprado este.

Y hoy, para terminar me he ido a la Tate Modern. Que no me ha gustado tanto como esperaba, porque sinceramente a mi el arte tan  tan moderno, me deja fría.

Inciso

Joder, cómo me estoy moderando. Hace apenas unos meses hubiera dicho: me parece una puta mierda. Ahora sólo lo pienso, no lo escribo. ¡uy!

Fin del inciso

He comido con mi prima cerca de su cole, en un tailandés.

Y ahora me voy con dolor de corazón pero también con el corazón contento porque…

– No he podido evitarlo y me llevo comidita rica (if that is possible) en la maleta. Sal Maldon, arroz basmati, curry Sherwood’s (chicos en breve os convoco a edición de pollo al curry), toffees de menta, Fruit & Nut, shortbread…

– Me compré unos libros que me han a hacer feliz y me van a entretener en mis vacaciones

– Me lo he pasado genial con mi prima, nos hemos reído,hemos creado otro alter ego para mi misma en frisburl, hemos paseado, nos hemos reído más, nos ha pasado de todo, nos hemos reído más, hemos planeado mentalmente cosas para hacer la próxima vez que vuelva  y ¡nos vemos en sólo dos semanas en Madrid!

– He conseguido no desbarrar con mi visa y no me he pasado nada de nada… Aguanté para no comprarme esos bolsos que me miraban con ojos golositos, ni los foulares, ni… eso sí, mentalmente me habré gastado aprox unos dos millones de euros. Si le sumamos la mansioncita de Hampstead sube a 4

Vuelvo a Madrid, pero mis vacaciones no han hecho sino empezar. Mañana me voy a Bilbao, saldré con mis amigas por fiestas y el sábado tenemos bodorrioooo.

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