Pues nada, que como el verano ha sido raruno parece que tengo que compensarlo con un otoño ¡movidito movidito!
Y no os creáis que porque esté metida en mitad de una ola de pena me quedo en casa haciendo ganchillo.
Tengo los miércoles de chicas, que por tanto curso de ambas vamos a tener que reubicar.
Ayer estuve de cañas (miento, solo cayó una y tres gintonics) con los gordos cabrones. Como siempre, arreglando el mundo, hablando de todo un poco. De la familia, de los amigos, de la bolsa, las inversiones… De 30 mujeres menores de 30… etc…
Y hoy… hoy vuelvo a mis quince. Me voy con mis amigas de adolescencia (que aún me duran) a fiestas de un pueblo. A estas fiestas les tengo mucho cariño, porque son justo antes de mi cumpleaños… Y porque la primera vez que fui tenía 13 años…
Allí nos vamos 9 criaturitas, a pasar frío pero sobre todo seguir con nuestro plan de recuperación de amistad. Tiene narices que ahora tenemos mucho más trato que cuando teníamos 20.
Las muchachas estaban preocupadillas por mi, porque no nos veíamos desde Llanes, hace tres meses y querían sacarme de casa. Lo que no saben es que en realidad no paro.
Llevo un mesecito de Septiembre entre mudanza, Roma, boda (ese es post pendiente), fiesta, de hooligan borrachuza.
Y octubre promete, fiestas, cumpleaños, viaje de trabajo, más fiesta, Les Luthiers…
¡Viva el otoñorano!