Lunes. Duermo fatal, venga a dar vueltas. Mi jefe y el maldito cambio horario me despiertan a las 5:30 hora local. Deshago la maleta, subo las fotos al ordenador, chateo… Y bajo a desayunar.
Por dioooooooooooooos. Los que me conocéis sabréis que lo que más me gusta de los hoteles es el desayuno. Después de este desayuno… no puedo ir a ningún otro hotel. La fruta… ¿qué coño he estado comiendo los últimos 24 años? La piña impresionante, el mango… brutal. Me tomo un café con leche, una tostada con tomate y jamón de pavo (tampoco hay que mandar demasiado a tomar por saco los esfuerzos de los últimos dos meses). Y un platazo de fruta de alucinar.
Vienen a buscarme, y tras 40 minutos de trayecto llego a Lurín. El trayecto pasa por una duna de tierra (siento no recordar el nombre) donde se asentaron todos los campesinos que tuvieron que huir de la selva en los 80 para escapar de Sendero Luminoso.
Viven en infraviviendas, hace poco les han construido algunas escaleras para acceder a sus casas. No hay palabras para describir la impresión. Así que prefiero colgar una fotografía.
Después de los cursos que me dan mis compañeros, me llevan a comer con ellos a Pachacámac. Es un sitio pequeño, familiar, que abre solo para nosotros. El menú cuesta siete soles (menos de dos euros). Pruebo la chicha. Se ríen los chicos y me llaman valiente porque al parecer nadie que viene a visitarles se atreve a probar de todo. Hasta ají.
Por la tarde salgo a dar un paseo, pero la zona no tiene mucha gente y al sacar la cámara para hacer afotos me siento excesivamente observada. Me confunden continuamente con estadounidense… En fin. Por la noche cené carnaza en el hotel. Y a las diez de la noche estaba tan cansada que caí rendida.
El martes madrugón, “la movilidad” que venía a recogerme se confunde y me tiene una hora esperando. Qué rabia, y yo que había desayunado a toda prisa porque llegaba tarde… Los cursos interesantes, por la tarde me llevan a conocer más gente y mis compañeros son tan majos que me llevan a Petit Thouars a que me gaste los dineros en comprar cosas. Por cierto me estoy aficionando a la Inca Kola…
Por la noche me llevan a cenar a Las Brujas de Cachiche. Increíble. Primero un Pisco sour. Después una cerveza Cusqueña. Pruebo de todo, un piqueo criollo, que tiene tamales, papas rellenas de carne, rocoto relleno de carne (un pimiento rojo así como fresco que pica tanto que me hace llorar, buenísisisisisimo), bolitas de yuca, anticuchos de pollo (brochetas) y de corazón de res (esto no lo pruebo). Después un piqueo del mar, que tiene anticuchos de pescado, tiradito de corvina y de pulpo, conchitas a la parmesana (impresionantes, son creo que vieiras con queso gratinado, buenísimo), camarones rebozados con quinoa, causa rellena de pulpa de cangrejo (patata en rodajas rellena). Me alabaron y me llamaron buena comensal. Es que estaba de vicio. Me imagino que Idomy se estará muriendo al leer esto, cuando quieras venimos juntas guapa.
De postre, crema de lúcuma. Exquisita. La lúcuma es una fruta que al parecer solo tienen aquí, y la utilizan para helados, postres… cremas… Buenísima.
Después me han contado muchas cosas, que trataré de ir escribiendo aquí y que no se me olviden. Estoy intentando inventarme cosas para tener excusa y poder venir dos veces al año, jeje. Después de cenar me llevaron amablemente (la gente es sencillamente encantadora) a dar una vuelta en coche por el centro de Lima, por ejemplo a la plaza de Armas para que la viera iluminada. Las fotos que saqué eran porqueriosas así que no merece la pena colgarlas.
Os dejo una foto del Pacífico.


Vale, vale, muy bonito todo pero… yo te echo de menos…
Otra foto que me gusta, la del Pacífico.
Mal se ve que no lo estás pasando. Quédate con todo lo que puedas que tendrás que llevarnos. Que yo quiero cambiar de continenteeee!!!
¡Qué chulo!
Precioso el post y preciosa la foto del pacífico
un beso