La camarera que me pone el café algunas mañanas me impone.
Es polaca, o rusa, o rumana… No distingo bien. Pero sé que es de esos países por el acento que tiene. Yo a esas horas suelo andar medio dormida, así que todavía sueño despierta y me he inventado su vida.
Su manera de atender a los clientes, así como de formas secas… Y cómo lo apunta todo…
Y después cuando tiene el pedido en la mano, cómo va elevando la voz para que la oigamos diciendo:
- Barrita! Barrita!!!
Barritaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
La voy a grabar.
He decidido que era seguro una entrenadora de gimnastas rusas. O institutriz. Pero para eso tendría que ser alemana. No, no, me quedo con lo de entrenadora de gimnastas. O quizá profesora de ballet del Bolshoi.
La veo y meto la tripa y todo.
Pídele que te diga Morsa y araña. Seguramente diga: Morrrrrrrrrsa y Arrrrrrrrrrrrrrrrraña.
(Si ves “Me llamo Earl” pillarás la gracia. Si no, pues ná).